jueves, 14 de diciembre de 2006

Descubrimiento asombroso del día

La melodía de la cancioncilla esa de “viva nuestro conductor, conductor, conductor” que cantaban los Simpson en el autobús es parte del Allegro vivace du quatuor à cordes en sol majeur op.104 de Ignaz Lachner... que cosas...

miércoles, 13 de diciembre de 2006

Hoy parece un día normal. ¿Lo será?


Hola, mariposillas. Una vez más, me aburro soberanamente en la oficina y el reloj parece que va hacia atrás. Esto es, en vez de pasar el tiempo, pareciera que menguara y retrocediera de forma proporcional a mi aburrimiento. De esta manera, cuanto más me aburriere, más pareciere que faltare para salir, so pena de momentos puntuales de gracia con los que parece me otorgara el día.

Cuando me aburro pienso. Pero no en lineal, si no de forma concéntrica. Así, me da por deprimirme y es por ello por lo que hoy me encuentro en baja forma moral. Mis hormonas pueden influir en ello, quizás, por hallarse dispuestas a bombardearme en los próximos días con todo su regimiento de babas y supuraciones. No obstante, dados mis irregulares ciclos menstruales, todo ello se convierte en una incógnita que no puedo desvelar sin ayuda de superpoderes. Superpoderes que de más está decir que no poseo, pese a que puedo llegar a suplirlos con gracia y talento. No en días como hoy.

Esta tarde, además, la sola idea de tener que irme a chamuscar los pelos del chichi uno a uno con una máquina láser traída del mismísimo infierno, he de decir que no me reconforta. Menos mal que 15€ de crema anestésica prometen ser un buen billete hacia el país del "no-dolor", en el que yo pueda calmar mis nervios y no gritar a la dominatrix del puñetero láser improperios de cualquier orden y procedencia.

Mañana más.

jueves, 16 de noviembre de 2006

No me gusta Paris

He ido tres veces ya este año y no me gusta. No me dice nada. Es grande, hostil, ruidosa, desagradable y por hacer aquí acopio de todos los tópicos típicos, está llena de parisinos.

Yo soy como el ratón de campo, las ciudades grandes me aturullan.
Paso mal por el paso de cebra en verde por entre todos los coches que parados en medio se pitan entre ellos.
Me pilla la mochila la puerta del metro porque las señoras asquerosas del vagón no se apartan ni un milímetro para dejarme entrar pese a que llego tardísimo.
Todo el mundo tiene cara de comer mal, de estar estresado, de estar cabreado y estornuda o tose sin parar.
En el metro todos los anuncios anuncian agencias para ocuparse de la tercera edad o de los niños cuando salen del cole... probablemente los padres de esos niños solos tengan que trabajar demasiado, quién sabe si en empresas que se ocupan de los niños cuando salen del cole...
No me gusta hacer colas interminables para comprar el billete en una máquina que no devuelve el cambio.
No me gusta que me arrastren las mareas humanas en las calles del centro mientras mastico un sandwich yendo con prisa de un lado a otro.
No me gusta ver surgir la torre Eiffel por entre la nube de contaminación, me parece la puntita por la que agarrar la ciudad desde el cielo y tirarla a la basura...

viernes, 10 de noviembre de 2006

Post inéditos de un guisante en Corea I

Pues resulta que esta mañana, revisando entre mis papeles y cosas, me encuentro un cuadernillo con notas que tomé en mi viaje a Corea del Sur el año pasado, con la idea de escribirlas luego aquí, y se me olvidó. Así que ahora me dispongo a rescatar algunas de ellas.

El link a los post que sí puse está aquí.

ON-SU-RI

La estadía en el templo ha sido interesante, aunque fue algo aventuroso llegar. La parte del metro la hicimos bien, y también cogimos el bus correcto, pero ya en la recta final, con tantos logros a nuestras espaldas, nos pasamos la parada y acabamos no se muy bien donde.

El bus merece descripción a parte. En si era normal, tirando a viejo, así un poco tambaleante, sobre todo si se tiene en cuenta la velocidad brutal a la que conducen los coreanos. Nos sentamos en primera fila como buenos turistas pardillos y le dijimos varias veces al conductor “ON-SU-RI”, que era el nombre de nuestra parada, y él asentía con la cabeza como diciendo “que si, que ya lo he entendido” y nosotros: “ON-SU-RI, ON-SU-RI” y venga a sonreir...

El conductor arrancó el bus, y se agarró con determinación al volante gigante con unos guantes de algodón blanco. Del retrovisor colgaban muchas guirnaldas y muñequitos y eso y en un semáforo, para darle ambiente a la cosa, mete una cinta de Neil Sedaka en el radiocasette y se pone a cantar en inglés de la misma manera en que yo adolescente cantaba cosas como “guorrrrrrddss don camisi tu mi...”.

Antes de cada parada, con sus guantes blancos, cogía el micrófono y decía el nombre de la parada. “Esto es pan comido” pensé yo, pero por si acaso me acerqué a él y le repetí “ON-SU-RI” y él me miró con desconfianza.

De pronto, en un pueblo cualquiera para, se baja todo el mundo menos nosotros, y sigue conduciendo hasta el deposito de autobuses... oh oh...

Entonces yo, inasequible al desaliento, le pregunto: “ON-SU-RI?” y él abre unos ojos muy grandes y gesticula y me dice en perfecto coreano algo como que era la parada anterior, que hay que bajarse, que está muy lejos como para ir a pie, que qué vamos a hacer ahora...

“Taxi?” pues qué remedio...

Justo cerca hay una especie de estación de taxis, una oficinita en la que nos sentamos y esperamos. La oficina era un cuartito con sofás, mesa, teléfono, televisión, ventilador y pescado puesto a secar colgando de un fluorescente...

Y yo necesito un café... me acucia de pronto toda mi occidentalidad de golpe, ¡basta de té! ¡café, café! En la puerta de la estación de taxis hay una máquina que parece de café, pero ¿como saber qué botón apretar? Todos tienen etiquetas que acaban en una palabra que se transcribe KOPI, café (los coreanos no consiguen pronunciar la F y la pronuncian P). Kopi esto, kopi lo otro... no entiendo, pulso un botón al azar y es un kopi horrible sin azúcar... me está bien empleado, por ponerme tan terrenal antes de ir a un templo budista.

Y allí seguimos un rato, espera que te espera, nosotros y el pescado seco, a la luz de un fluorescente de estos que parpadea.

Finalmente el taxista llega y yo me abro paso guía en ristre para decirle, con la ayuda de la sección de frases, que queríamos ir al templo de meditación del loto. Él, con una sola mirada me deja claro que mi frase se parecía como un huevo a una castaña a lo que yo quería decir en realidad. Se lo enseño por escrito y nos lleva ¡Genial!

martes, 7 de noviembre de 2006

Un despertador de verdad

Hoy ha sonado mi despertador, lo he apagado de manera totalmente inconsciente y he seguido durmiendo... esto sucede demasiado a menudo y ahora que parece que han terminado de dar golpes en la obra del piso de abajo, golpes que comenzaban a las 8 de la mañana impidiéndome seguir en los brazos de morfeo, puedo dormir tranquilamente hasta bien entrada la mañana, con lo que luego me toca quedarme en el instituto hasta las tantas...

¿Y la culpa de todo esto de quién es? Pues está claro, del despertador.

Mi despertador es inocente, se deja engañar fácilmente. Tiene dos botones, uno para que siga sonando cada 7 minutos y otro para que deje de sonar del todo. Y está claro que yo no debería darle al botón del silencio permanente si no tengo la intención real de levantarme, pero estamos hablando de alguien en proceso de despertarse, alguien que es capaz de todo por 5 minutos más...

Por ello quiero un despertador que no se deje engañar fácilmente. Señores ingenieros de despertadores, pónganse manos a la obra. El despertador debería permanecer siempre en el modo en el que toca la alarma cada 7 minutos, y resultar irritante de manera creciente: titi titi titi titi titi titi ... Para parar la tortura uno tendría que responder a un set de preguntas de dificultad creciente hasta demostrar que esta despierto de verdad de la buena. Algunas preguntas podrían ser:

¿Qué día es hoy?

¿Cuánto son 27 más 45?

¿La “N” va antes o después de la “L” en el abecedario?

¿Entre qué meses va “Marzo” en el calendario?

¿Dónde está tu pasaporte?

¿Dónde está la factura de la luz que hay que pagar mañana?

lunes, 6 de noviembre de 2006

Ha vuelto el frío y hay que abrigarse, yo propongo una prenda de vestir para cada animal

Calzoncillos con bolsillos para los topillos

Calcetines de colorines para los delfines

Leotardos para los leopardos

Pantalones para los muflones

Camisetas para las mofetas

Gorros para los zorros

Y guantes menguantes para los elefantes

viernes, 3 de noviembre de 2006

Una palabra que me gusta hoy (quizá porque sopla viento)

Vibrisas

I think i’m paranoid...

El otro día fui a la OMS y en un momento dado tuve que ir al baño. Salgo yo de hacer pis y me encuentro que junto al lavabo hay un cartel con pinta oficial que dice “¿Te has lavado las manos?” y todo un bla bla de explicación sobre todas las enfermedades que pueden transmitirse por no lavarse las manos, que si salmonelosis, que si esto que si lo otro etc., etc. Y yo, fríamente pensé: he venido limpia de casa, no he tocado nada sucio, he hecho pis, me he limpiado sin mayores embadurnamientos y he salido... ¿debo de verdad lavarme las manos? Y no es por ser cochina, pero es que yo, como toda chica moderna que intente mantenerse hidratada, bebo mucha agua y haré pis unas 12 veces al día. Si me lavase siempre las manos sencillamente ya no tendría manos... y es que estamos exagerando, los chicos que se tocan su pancho para hacer pis, vale, pero las chicas... Si tengo que escoger, prefiero un problema gastrointestinal transitorio que un trastorno obsesivo compulsivo permanente... estos chicos de la OMS los pobres están bajo demasiada presión y comienzan a rayarse...

jueves, 2 de noviembre de 2006

La hora que no existe

El domingo pasado cambió la hora. Siempre tengo una montaña de sensaciones cuando cambian la hora: cuando me “quitan” la hora lo odio, siempre es una hora de sueño o una hora de amor o una hora de bailar o estar con amigos que alguien me roba.

Desde aquí propongo una movilización general para que la hora, en lugar del sábado-domingo la quiten el lunes por la mañana. Estoy segura de que entrañaría ciertas complicaciones pero la gente estaría dispuesta a hacer un pequeño esfuerzo con tal de que el lunes a las 11 de pronto fuesen las 12 y quedase menos tiempo para salir del trabajo.

Cuando me “dan” la hora, por lo general me gusta. Duermes más, bailas más, amas más... esta vez, sin embargo fue agridulce porque esperé más. Venían a verme de lejos en tren. Qué desespero, qué arrastrarse innoble de minutos, incluso de segundos, despaaaaacio despaaaaacio... y de pronto, golpe cruel del destino, cambio de hora. De vuelta a la casilla de las dos. En mi inocencia creí por un momento que llegarían a verme antes, una hora antes, pero no. Increíble revelación, señoras y señores, los trenes del mundo paran en el cambio de hora, cada uno en su vía, en la noche, en el medio de algún sitio y esperan una hora enterita con todos sus pedazos. ¡Qué desespero! pero ¡qué belleza! todos esos trenes parados en la noche durante una hora que no existe...

El guisante ataca de nuevo: noticia repugnante del día

Chuck Norris a ido a Irak para levantar la moral de las tropas americanas...

lunes, 16 de octubre de 2006

Hogar dulce hogar


Últimamente, estoy de lo más hogareña. Me paso la semana intentando no llenar de eventos la agenda, con el fin de poder quedarme en casa entre semana y tener una vida tranquila. Me apetece tumbarme a leer, coser, hacer la cena, ver la tele… todo en pijama de franela, jersey de algodón y zapatillas blanditas con pelo por dentro. Es como si me apeteciera tener paz de postre y fuera la única forma que tengo de conseguirlo.

También me apetece mucho irme a una casa rural. Una en la que se esté muy calentito y en al que haga mucho frío fuera. Y salir a pasear por el bosque pelado por la mañana, en un día gris de esos que quedan genial con el marrón y el verde, y volver por la tarde a por un chocolate caliente delante de la chimenea, recién duchada y con mi pijama de nuevo.

Voy a intentar escaparme un fin de semana a una que tiene una amiga de mi madre muy bonita en Ávila. Me gustaría que se vinieran mis amigos, porque me río mucho cuando están y también es como absorber paz a raudales sin esfuerzo. Pero no muchos, que luego me entra la fobia social y no puedo salir de mi propio caparazón porque no encuentro la llave.

viernes, 13 de octubre de 2006

Entre intestinos anda el juego


El intestino es una parte del cuerpo alucinante. Mientras estás sentada trabajando, andando por la calle, durmiendo, él está ahí retorciéndose, absorbiendo y dando forma a la caca. Es muy fuerte pensar que tenemos semejante manufactura incorporada y no nos percatamos de su existencia y mucho menos de la cadena de montaje, salvo en el final del proceso.

¡Una puede estar vestida en raso tranquilamente en una fiesta en al Embajada Griega, con dos pendientes de diamantes con brillo propio y sonriendo al tuntún, y a la vez estar confeccionando un chorizo (con perdón) en toda regla! Jolines, esto sí que es incongruente

jueves, 28 de septiembre de 2006

Frantico

(Para los que lean francés y sean un poco guarros)

Y resulta que hay blogs de dibujantes de comics... claro, esto seguro que era obvio para muchos (especialmente para los dibujantes de comics) pero yo me enteré antesdeayer.

Y he aquí un link a uno simpático, en francés:

http://www.zanorg.com/frantico/

Te cambio mi vida

(pero sólo por un rato, luego me la devuelves)

Siempre he pensado que una buena respuesta a esa pregunta de: “¿por quién te cambiarías?” Es esa de, “por nadie, no querría ser ninguna otra persona”. Y la verdad es que no, no querría ser otra, bastante trabajo me ha costado intentar entenderme minimamente como para ponerme a estas alturas a cambiarme por otros. Pero eso no es del todo honesto, porque lo que no quiero es cambiarme PARA SIEMPRE, pero por un rato...

Cuando era pequeña, cuenta la leyenda de mis recuerdos deformados, que me cambiaba la ropa al llegar al colegio con una amiga. Tendríamos 7 u 8 años y llegábamos al cole, íbamos al baño y nos cambiábamos la ropa, a la hora de irse nos la cambiábamos otra vez. ¿Por qué? ni idea... ni siquiera se si sólo pasó una vez o varias, lo que si creo es que no tenía nada que ver con vernos en pelota picada la una a la otra por que no recuerdo nada de eso... en fin. Que yo creo que quería ser ella (que iba vestida un poco más cursi que yo, con faldas y eso) por un poco y ella quería ser yo (que llevaba petos de pana y botitas kickers rojas y azules con velcro) por otro poco, y luego volver tranquilamente a ser quien éramos.

En estos días estoy haciendo algo parecido, pero sin travestismos. Mi compañero de despacho tiene que acabar de escribir un texto sobre las teorías en torno al origen del SIDA y yo tengo que hacer una estupenda bibliografía analítica de la historia del cáncer. Hartos de estar hartos y de quejarnos y de oírnos quejarnos, etc., nos hemos cambiado las vidas. Y él me está haciendo un trabajo estupendísimo, oiga, y yo, pero qué contenta estoy con mi texto. Quizá esto tenga que ver con el hecho de que puedo echarme unas parrafadas ininteligibles y que mi nombre no aparecerá por ningún lado, pero creo que no, creo que uno vuela mucho más libre y hace mejor las cosas que requieren creatividad sin el peso de la responsabilidad. Y sin haberlo planeado, me he marcado un pareado anónimo firmado por el...

martes, 26 de septiembre de 2006

Sobre el sufrimiento inútil

Acabo de llegar a mi puesto de trabajo (de este sufrimiento útil quizás hable en otra ocasión) tras un penoso trayecto a pie desde mi casa con unos zapatos que me hacen polvo los pies. Y venía pensando dos cosas por el camino:

  1. Que mi sufrimiento inútil soportado con estoica entereza me daba seguramente un aire de poetisa urbana atormentada (puesto que no cojeaba, para no delatarme).
  2. Cuánto el sufrimiento inútil parece ser considerado una virtud en nuestra sociedad, tanto en el mundo frívolo (para presumir hay que sufrir) como en el espiritual-elevado (cierro los ojos y veo señoras andando de rodillas en las procesiones o cosas así).

En fin, ¿por qué esta hipervalorización del sufrimiento? Yo como buena atea con dejes de antropóloga le busco siempre las culpas a la religión, y divagando divagando he acabado pensando: ¿no es un poco raro que Jesús y los otros, claro, llevasen su propia cruz a cuestas en el vía crucis para luego ser crucificados? ¿Y si se hubiesen negado? ¿Habría cambiado mucho la cosa? ¿Sería nuestro mundo un poquito distinto tirando a mejor?

-Pues no, mire, la cruz la va a llevar a hombros vuesa merced el centurión, y a mi a caballito si quiere...

De remate


Estar loco es una cosa muy seria, que no se consigue así como así. Tienes que estar todo el rato haciendo de las tuyas para que la gente mire para otro lado y diga muy bajito “pobre, con lo que ha sido”. Estar chalado de remate es un proyecto de vida, es una inversión a largo plazo.

Cosas que puede hacer un loco (versión ligera): ponerse calcetines de colores desparejados y pantalones pesqueros, atarse los pantalones con una cuerda, cantar muy alto en la oficina o en el autobús, ir a por un café a la máquina en pijama, decirle a tu compañera de piso que te molesta que sea feliz, hacer como si nada hubiera pasado o como si lo que hubiera pasado fuera normal, reírse solo y a destiempo. No se me ocurre más, o se me ocurren muchas cosas que no caben.

Para otro punto de vista: post “Que no se nos oxide el absurdo” del martes, agosto 22, 2006 (Guisante pensante)

viernes, 22 de septiembre de 2006

In Memoriam : Valki

Antes de ayer se me murió, de muerte natural, mi perro Valki. O mejor dicho, nuestro perro Valki. O mejor dicho aún, el perro que vivía con nosotros: Valki.

Valki nació en casa de mis padres cuando yo todavía vivía allí, hace unos 14 años.

Valki era grande, de color marrón y negro y tenía una barba como la de la pantera rosa.

Valki tenía un aire tonto y simpático, hacía ruidos como de gato y tenía un aliento horrible.

Vivía en el jardín, dormía en un hueco debajo de la casa y siempre intentaba escaparse cuando uno entraba en la parcela, especialmente cuando uno venía cargado de bolsas de la compra, maletas, mochilas, bombonas de butano, etc. Aparentemente su intención no era huir para siempre, sólo parecía querer ir a darse una vuelta, revolucionar a todos los perros del barrio y volver hecho polvo a beberse toda el agua de su barreño.

A lo largo de su vida casi no aprendió ningún truco (quizá los encontraba denigrantes, como yo, o sencillamente poco interesantes). Muy a menudo pasaba de sentarse o de dar la pata cuando se lo pedías, pero lo mejor que hacía, o que no hacía en realidad, era lo de traer un palo. Si tu le tirabas un palo, él iba al lugar en el que aproximadamente había caído, buscaba un poco, y si no lo encontraba te traía otro palo cualquiera. Yo siempre encontré eso genial, como si le diese la vuelta a todo el truco, como si al que le interesase el palo fuese a ti y no a él. Quizá tenía razón y a mi me parece que con ello expresaba una sinceridad de la que otros perros no son capaces: -“¿todo esto del palo para qué?" -parecía decir- " quieres uno, pues ahí tienes este”.

En las veces en que salí al campo con él, nunca se alejaba demasiado de mí, y si desplegaba el mapa para orientarme, sentada en el suelo, él venía rápidamente, se tumbaba sobre él mirándome con un aire medio inocente medio de triunfo.

Los niños pequeños y él se generaban curiosidad mutuamente. Más saltaban los niños al verlo, más saltaba él. A veces les ladraba, pero no para asustarlos, sino de puro nerviosismo. Los olisqueaba y los empujaba un poco con el hocico, para estudiarlos un poco, pero nunca se portó mal con ninguno.

No supimos nunca que podía ser fiero hasta que nos dijo el cartero que a veces le daba miedo.

Es difícil saber si tuvo una vida plena, pero creo que en general fue feliz: comía bien, corría siempre por el jardín y se reprodujo al menos una vez con la perrita de un señor (es cierto que no es mucho, pero algo es algo). Años más tarde mantuvo una relación de “algo más que amistad” con Roque, el otro perro que vino a vivir con nosotros después que él. Había en su historia algo de territorialidad, claro, pero parecía que no sólo. Poco a poco se quedó viejito y se le pasó la fogosidad, pero que le quiten lo bailao.

Valki tenía ciertas malas costumbres, como tirarse pedos con ruido o eructar. Comía avispas y cuando bebía agua y estabas a tiro venía a mojarte con sus barbas chorreantes. El jardín era su territorio, y si te tumbabas en la hamaca a dormir en verano, primero venía contento y te echaba el aliento y luego se encaramaba y se te tumbaba encima a lamerte la cara y a dormir también, no había nada que hacer, toda resistencia era inútil.

Ahora se ha ido. No más gruñidos de gustito cuando le rascabas el lomo. No más barbas mojadas de repente en medio de tu siesta. No más pedos con ruido de los que él mismo se asustaba a veces. No más miedo en las tormentas o con fuegos artificiales...

Nos quedan, eso sí, todas esas imágenes de él, el recuerdo de cómo se enfadaba cuando lo regañabas, o de como parecía sentirse ridículo y ofendido si te reías de él cuando mi madre le cortaba el pelo en verano. Y nos queda también la manera rara en que Roque ladra, manera que copió de él (sin mucho éxito, todo hay que decirlo).

Y yo intento no estar muy triste, intento aprender de un amigo su manera serena de asumir la falta de los seres que ya no formarán parte del futuro de su vida, pero 14 años de recuerdos son muchos recuerdos y algo duele...

Quizá ayudaría ahora tener un arrebato místico-romántico e imaginarlo corriendo por jardines sin vallas o algo así, pero a mí no me sale mucho... en fin, te echaremos de menos, Valki.

miércoles, 20 de septiembre de 2006

Las vallas no provisionales

De camino al trabajo desde mi casa (un total de algo más de un kilómetro quizás), el otro día conté 111 vallas metálicas amarillas de las que se ponen en las obras, 43 en la Plaza de París y el resto en la Calle Fortuny. Pero están porque haya obras, sino que están ahí permanentemente todo el año para evitar el paso de la gente a sitios determinados, como por ejemplo la Audiencia Nacional, el Tribunal de Cuentas o no sé qué organismos estatales.

No es de esperar que de la noche a la mañana, todas estas sedes tan importantes de la Administración se vayan a mover del sitio. Igualmente, es de suponer que es necesario cortar el acceso a los transeúntes o evitar el estacionamiento de los coches reiteradamente delante de las puertas o alrededores.

La pregunta es entonces, por qué somos tan cutres y no ponemos unas vallas permanentes, con algún dispositivo que las mueva o las esconda en caso de que sea necesario, en vez de tener todo el día las vallas estas amarillas de aquí para allá, la mayoría rotas y del año 0, que hacen tan fea la ciudad.

martes, 19 de septiembre de 2006

Mi coche, me lo robaron


La primera parada. Castellana.

El otro día iba tranquilamente con mi Javi por la Castellana camino de una cita con nuestros amigos, cuando de repente fuimos requeridos en un control de rutina que estaba llevando a cabo un aburrido funcionario de movilidad. Que si enséñame el documento A, ahora el B, fíjate que el C te caduca en breve… cuando de repente, y cuando ya creíamos que teníamos todas las pruebas superadas (progresa adecuadamente), se le ocurrió contrastar la matrícula del coche con la de los papeles. ¡Y fíjate tú qué curioso!, que va y resulta que somos unos tránsfugas de la justicia y vamos por la vida con un coche que luce bien a la vista una matrícula que no es suya.

Los papeles administrativos y la rutina de un funcionario aburrido abnegado por la causa del transporte urbano, hicieron de esta experiencia matriculil algo difícil. Así que el que nos había parado, el mismo que había descubierto el fallo en la matrícula, empezó a llamar a gente y más gente, compañeros suyos también al servicio de la movilidad automovilística, para debatir el caso. Voy a omitir las conversaciones sesudas que allí se mantuvieron entre los agentes del orden, que no sabían si mandarnos a Chirona por delincuentes juveniles o hacer la vista gorda y marcharse a tomar unas cañas con los amigos del barrio. También es que pudimos confirmar que no tenían ni idea de qué hacer. Como siempre, en este país, las cosas nunca están claras y en ocasiones como esta, resulta que ves los verdaderos vacíos de la administración que se mezclan en estado de sublimación con la pereza intrínseca que debe dar tener un sueldo de por vida a la hora de realizar un trabajo a última hora de tu turno.

Pero bueno, terminamos siendo escoltados por amables policías hasta la comisaría más cercana, con el fin de que nos demostraran que tenían todo bajo control y que esto estaba chupado. Dos horas y media después, salíamos por la puerta de la comisaría sin coche, con un cabreo de dos pares de narices y con la fuerte convicción de que efectivamente, ser policía, llevar un arma y estar al mando del orden en este país, no requiere, por lo visto, ningún signo de inteligencia al menos exterior (para tranquilizar a los ciudadanos cuando estamos en sus manos más que nada). Por Dios, ¡que alguien enseñe a esa gente a escribir a máquina con más de dos dedos!

Segunda parada. Las Barranquillas.

El urbanismo en esta ciudad es de lo más agresivo. El hecho de que un trozo insignificante de terreno valga una millonada que no puede ni pagarlo una ortodoncia entera hecha de muelas de oro macizo, hace que un depósito de coches tenga que estar localizado en Las Barranquillas. Así que para allá que nos fuimos el lunes a recoger nuestro bólido del almacén temporal, con las matrículas buenas bajo el brazo y la remachadora en la maleta.

Llegar hasta allí no es fácil, y eso lo sabéis los que hayáis tenido que ir. Como buen lugar inmundo no existe para el ayuntamiento, y es mejor hacer como que no pensamos en ello para que desaparezca para siempre. Y si no existe, ¿para qué hacer carteles que indiquen cómo llegar? Nadie que no sepa ir ya por adelantado quiere ir a ninguna parte. Y si quieres ir, por si acaso eres de los malos, no te ayudan a conseguir tu propósito. Pero llegas, como a todos los sitios si te lo propones.

El mundo civilizado, en el que la gente ama y ríe, camina recta y mira al horizonte, acaba donde termina el buen asfalto. A partir de ahí, tienes que avanzar por un camino cochambroso que te advierte a cada paso que superar la barrera imaginaria siempre fue por tu cuenta y riesgo. Muros a un lado y a otro, camino estrecho, mucho barro y mucha, mucha, gente sin gente. Cuerpos enclenques, desafiando a la distancia, dirigiéndose hacia el poblado. Y camiones enormes circulando a toda velocidad, moviendo mucho aire al pasar.

El depósito de coches está ahí, rodeado con una valla con alambrada de pinchos sobre un muro de cemento altísimo. Dentro, unos miles de toneladas de chapa se amontonan bajo la mirada experta de guardas de seguridad. Oye, que yo vengo del mundo civilizado. Yo soy normal y no me merezco estar aquí, así que dame el coche rápido, por favor, que quiero irme a mi casa. Este lugar es muy extraño.

Y nos dieron el coche, pusimos la matrícula en el camino cochambroso con cuidado de que los camiones no se nos llevaran por delante y emprendimos la marcha hacia nuestra verdadera ciudad. Una ciudad en la que estas cosas de Las Barranquillas no pasan.

Mis amigas y el yonki-taxi.

El mal que pueden hacer los carteles en el bienestar social no está estimado por ningún indicador. Y es algo patente.

Tengo unas amigas que viven en la Glorieta de Embajadores y están hartas de la afluencia de toxicómanos a su calle, ya que se reúnen ahí para coger los yonki-taxis a Las Barranquillas. También pululan por ahí y se pinchan en los portales porque no tienen casas donde hacerlo. Los portales están a la vista de todo el mundo, y como mis amigas son mundo, pues los ven y tienen miedo. Yo las entiendo porque pese a que piensas que los pobres con esos brazos y esas piernas no tienen fuerza para nada, ellos cuentan con el arma de la impresión que te da, que anula por completo tu baza del ratio músculo-suyo/músculo-tuyo.

Pero ya he descubierto el misterio, porque he bajado a las catacumbas de Madrid. Y es que desde Las Barranquillas, los únicos carteles que te indican, dicen “c/ Embajadores”. No hay más que seguir las indicaciones. Y si las sigues, pues llegas a la casa de mis amigas y les das una alegría si eres tú o les das un susto si estás puesto de todo.

jueves, 14 de septiembre de 2006

Frío, resfriado y ganas de ná!

Estoy leyendo la Ciudad de los Prodigios de Eduardo Mendoza y me deprime me deprime me deprime y ya está.

Ya sabía yo que este mundo era un asquito, pero tener 475 paginas de un tío sin escrúpulos como protagonista y espiar sus acciones noche tras noche me pone triste y me cabrea. Para ver lo descarnado que es el mundo me basta leer el periódico (si quiero que además de parecerme descarnado me de nauseas me basta con leer dos periódicos). En fin, ya me queda poco, sólo 50 páginas de sufrimiento más y cuando acabe quiero lanzarme en los brazos cálidos de un libro positivo y optimista. Lo tengo un poco chungo, claro, porque los libros que me esperan en la mesilla de noche no tienen pinta de ser la alegría de la huerta precisamente: El extranjero, de Camus, A sangre fría, de Capote... Quiero más libros de la familia Malausenne (de Daniel Pennac) o más Historia del amor, Morena, socorro!!!

martes, 12 de septiembre de 2006

Oficina para todos

He realizado una encuesta sobre mi estado de ánimo actual. Os animo a contestarla (en algunas se puede pedir una multirespuesta):

1. ¿Te aburres en la oficina?
a. sí
b. soy una pelota y no me aburro nunca
c. no tengo vida y mis amigos de la ofi son mi familia

2. Crees que las vacaciones han sido pocas porque...:
a. no me ha dado tiempo a tostarme
b. soy maravillosa y me merezco mucho más
c. tengo mala memoria y ya se ma han olvidado

3. Tu sensación en la oficina es:
a. esto no va conmigo
b. al estrés, fuera bicho, fuera.
c. estoy como pez en el agua

4. Tu forma de evadirte es:
a. pienso que internet me llevará a la salvación en este trimestre
b. pienso que este invierno renuevo mi vestuario de oficina
c. pienso que mientras estoy aquí no como y reduzco celuloide

5. Nada más llegar siempre piensas en:
a. cuando suene la señal quedarán 7 horas y 29 minutos para la salida
b. ¡a por las tareas pendientes!
c. las vacaciones de navidad están a la vuelta

viernes, 1 de septiembre de 2006

Sueño a secas


Hoy la cota del sueño súbito ha descendido considerablemente, con lo que los trabajadores del mundo pueden llegar a alcanzarla con facilidad y sin esfuerzos. Los síntomas pueden ser: decaimiento, pesadez, párpados como plomos, acortamiento de la visión, disfuncionalidad en las tareas básicas (tragar saliva, cerrar la boca, abrir los ojos…), comprensión verbal procedente del exterior mermada.

jueves, 24 de agosto de 2006

Agenda personal


Hay que tener mucho cuidado a la hora de utilizar una agenda, porque no es fácil retratar la realidad en el papel. En el papel, las horas van una después de otra, seguidas y sin pausa. En la realidad, todo el mundo sabe que no es así. Un día no puede entenderse como un papel en blanco. No podemos dejarnos pensar eso porque de ese pensamiento, no puede salir nada bueno. Sólo microchips en el cerebro.

Yo soy muy mala para eso y mi mente, demasiado cuadriculada en muchas ocasiones, tiende a ver la realidad tan plana como el papel. Debería hacerme una agenda personalizada en el que fuera poniendo la realidad tal y como es. Por ejemplo: 17,00 (demasiado pronto después de la comida. Vas a tener que salir corriendo y te va a dar mucha pereza), 22,00 (es la hora en la que te gusta estar en casa)…

Haciendo amigos


Ya sé, ya sé que lo he dicho muchas veces, pero leer es un placer. Primero, porque te transporta hacia sitios en los que no has estado nunca y segundo porque te permite disfrutar de muchas aventuras en un mismo cuerpo, como si tuvieras varios destinos. Eso es indudablemente un lujo. Como un chalet con domótica.

A mi también lo que me gusta es que leyendo, se hacen amigos. Me gusta mucho pensar que el personaje ha pasado tantas horas conmigo en la intimidad que puedo considerarle un amigo de verdad. Watanabe es mi amigo y me pregunto qué estará haciendo con Midori ahora. También Montalbano está trabajando en diferentes casos en Sicilia. A ver si le llamo un día y hablamos. Con el Conde de Montecristo me enfadé al final, que se volvió un poco estúpido pese a mis advertencias y se le fue de las manos lo de la venganza. Hace mucho que no sé de él.

martes, 22 de agosto de 2006

Qué no se nos oxide el absurdo

El absurdo que existe dentro de cada uno de nosotros es como la flexibilidad, hay que ejercitarlo de vez en cuando para mantenerlo en condiciones. Yo propondría pequeños ejercicios secretos de absurdo cotidiano, como por ejemplo, salir a darse un paseo por la calle sin ropa interior. Y no por rollo cosmopolitan o sexo en la ciudad, sino por contravenir una regla de nuestro automatismo personal, por convertir en opcional algo que hacemos siempre obligatoriamente. No por rebeldía, sólo por probar, sólo para recordarnos que no hay que hacerlo siempre todo como se nos enseño, aunque se nos enseñara bien.


Quiero comerme el postre antes que la comida
quiero guardar los calcetines sueltos y ponerme uno en cada pie según salga
quiero decirle buenas noches a los viandantes a las diez de la mañana...


necesito unas vacaciones...

Murakami: deberes para todos


Murakami es un conocido escritor y traductor japonés. Nacido en Kyoto, tras el enorme éxito de su novela Norwegian Wood, abandonó Japón para vivir en Europa y América, pero regresó a Japón en 1995 tras el terremoto de Kobe, donde pasó su infancia.. Ha recibido el premio literario Yomiuri, prestigioso galardón que también consiguieron Yukio Mishima, Kenzaburo Oe y Kobo Abe. Autor de las novelas, Hear the Wind Sing (1979), ganadora del premio de literatura Gunzou; Pinball 1973 (1979), La caza del carnero salvaje (1982), Baila Baila Baila (1988), The Elephant Vanishes (1993) y Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (1995). Su trabajo se ha traducido a catorce idiomas. La ficción de, que a menudo es tachada de literatura pop por las autoridades literarias japonesas, es humorística y surreal, y al mismo tiempo refleja la soledad y el ansia de amor en un modo que conmueve a lectores tanto orientales como occidentales.

Ya os he recomendado el libro de Tokio Blues pero creo que “ Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” (Guisante, Kiko, mi padre, Jimena+madre, Niña ventosa) es algo sencillamente fuera de lo común. Ahí va un fragmento. No es el que más me gusta o algo así, pero es el que he encontrado en Internet.

"¿Por qué me gustan las medusas? No lo sé. Las encuentro bonitas. Antes, mientras las miraba, he pensado una cosa. Escucha, lo que nosotros vemos es sólo una pequeña parte del mundo. Damos por hecho que esto es el mundo, pero no es del todo cierto. El verdadero mundo está en un lugar más oscuro, más profundo, y en su mayor parte lo ocupan criaturas como las medusas. Eso nosotros lo olvidamos. ¿No te parece? Dos terceras partes del planeta son océanos y lo que nosotros podemos ver con nuestros ojos no pasa de ser la superficie del mar, la piel. De lo que verdaderamente hay debajo no sabemos nada."

Si alguien se anima a leerlo que me lo diga, que voy por menos de la mitad.

En la ofi


Hoy me aburro soberanamente. Tengo cosas que hacer, pero el estrés no vence a mi pereza. Esto es porque el estrés dentro de la oficina es pequeño en el mes de agosto. Tengo que empezar a entender que no tengo que hacer las cosas en el momento y que puedo retrasar las tareas para que me ocupen varios días. Ya no estoy en consultoría y no me llueven marrones de todos los lados.

Ayer lo hice casi todo, trabajando tranquilamente a un ritmo constante y claro, ahora me queda poco y encima lo peor. Bueno, iré tirando.

lunes, 21 de agosto de 2006

Ayer me pasó algo inquietante

Paseaba yo con un amigo cerca de la medianoche por un lugar bastante tranquilo de Ginebra, cuando apareció un tipo de la nada, grande, bastante borracho y con un aire amenazador, que nos pidió un cigarro. No fumamos, perdón, le dijimos, y nos hubiésemos marchado si no hubiese sido por que él continuaba a mirarnos de manera extraña. ¿Sabéis qué? nos preguntó, mirándome sobre todo a mí, ¿Sabéis qué? repitió muy serio. Y yo ya sólo esperaba el momento en que algo muy malo iba a pasar, y me sentía como los gatos que miran fijamente a los coches antes de ser atropellados... “hay alguien que os ama mucho” dijo, y como vino se fue.

Y me quedé muy inquieta, como ganadora en un sorteo en el que perder era como que muy malo...

Cotillear


Cogiendo el lance de ReallyHappy, pues he estado pensando esta mañana que cotillear no está tan mal. Esto es, de hecho, una oda en prosa al cotilleo nacional. Será porque hoy es de esos días en que a uno le apetece justificarse.

La verdad es que yo cotilleo mucho. Bueno, no es cotillear, sino hablar y comentar con amigos la vida de otros o las nuevas novedades. Jo, creo que esa es exactamente la definición de la RAE de cotillear, o se le debe parecer mucho. Bueno, da igual, porque sé guardar un secreto muy bien, (excepto los míos), con lo que no es que sea una auténtica boca-chancla. Pero si hay novedades en el mundo que me rodea, pues voy y las comento con la peña. Eso no es malo.

Cotillear es un deporte que ayuda a la sociabilización. Es divertido y no tiene maldad alguna. Es malo cuando es intencionado. Es malo cuando machacas al contrario sin piedad. Pero es bueno cuando simplemente compartes con los demás el asombro o das tu opinión sobre la vida de otros, a la ligera. ¿Qué más da? Sobre todo mola cuando se lo cuentas a alguien irónico que ambos conocéis y te saltan las lágrimas de la risa. O cuando te desahogas con los amigos porque estás ya hasta las maracas del tal Machín.

Estoy con Kiko en que, pese a todo, el lema detrás de todo esto es “vive y deja vivir”. Pero, ¿qué tiene de malo comentar mientras lo haces?

Argentinian girl in spanish office


Argentina es un país muy así. Con muchas cosas que ver de ese tipo y que te producen esa sensación concreta que no experimentas en otro sitio. Por mucho que veas fotos de esos sitios, nada es tan eso como cuando lo tienes delante. Vas y haces eso ante esa inmensidad. Y luego piensas eso y llegas a la conclusión de eso. Eso es de esa manera. Y así es por mucho que pienses eso. Es así.

Las calles de Buenos Aires son de esa forma, de esa longitud y hay ese número de gente que te quedas así. Huele a eso y lo más alucinante es eso. No podrías explicar con palabras la emoción que te causa eso, porque ni en eso te lo habías eso. ¡Buf!, eso.

Ya ves, vas a tener que ir para descubrirlo tú mismo. Yo ahora soy una argentina de postín sentada en la FB que ha suplantado a Oye, morena. Pienso cantando y como carne.

PRIMER día de dieta. Motivación intrapersonal

Mi primer día de dieta. Muy bien, no pasa nada. Lo tengo todo controlado. No tengo hambre y soy una chica súper-hiper-dinámica que bebe agua a raudales. El cuerpo me lo pide. Mmmm… cómo me llama la botella. El agua está rica y te ayuda a antioxidarte o a oxidarte entera (lo que tenga que ser). Me gusta la lechuga. La lechuga está rica y queda fenomenal en el plato con el filete a la plancha. ¿Ves que mono me ha quedado? No quiero postre. El postre es malo y puag, el postre solo lo toman las perdedoras. Yo no. Yo soy súper-hiper-dinámica y lo mío es el agua. ¡Uy!, ¡cómo me purifico por la mañana! Y las que beben agua, triunfan en la vida y se tonifican por la noche de lo lindo. La tonificación, parece ser, da la felicidad y te permite andar con tacones altos. Y allí voy yo, hacia la felicidad con zapatos pitiminí. Sin hambre, con los nervios bien puestos y sin problemas, oye. Sin problemas. Sin ningún problemilla. No pasa nada. Respiro. Pienso en un donut foundant con su chocolate por encima. No, no, camarero, se ha equivocado. El tiramisú debe ser para otra. Para una perdedora como yo era antes. Pero, ¡qué va! A otra con ese rollo. Lo mío ahora es el agua. Cómo me purifico, oiga.

lunes, 14 de agosto de 2006

Papel higiénico con estampado de edelvaises

Pasé el fin de semana en la casa de un amigo suizo-alemán que estaba de cumpleaños y lo celebraba con todos sus amigos suizo-alemanes y algunos suizos pero no suizo-alemanes e incluso algunos ni suizo-alemanes ni suizos como yo. Fue todo muy suizo. La casa estaba junto al lago de Constanza, en un pueblo pequeño con mucha hierba y vacas y árboles y casas pintadas de colores, con muchas flores por todas partes: en cada alfeizar su maceta, en cada poste de señal de tráfico su repisita con su jardinera. El papel higiénico que había en la casa tenía edelvaises estampados, no digo más. La gente invitada era correcta pero fría. La fiesta no estuvo mal pero imagino que fue mejor para los que hablaban suizo-alemán...

Es curioso que una de las no demasiadas personas que habló conmigo en francés me estuvo comentando cómo, en su opinión, la función principal del lenguaje es comunicarse y por tanto, los idiomas diferentes se han usado históricamente para aislar a los no-hablantes de esa lengua (opinión que no comparto completamente, pero bueno, quizá debería, visto lo visto) y casi como para reafirmarlo pasó el resto del fin de semana hablando suizo-alemán con sus compatriotas, lengua que no abandonó salvo para ofrecerme algún que otro aperitivo, educación ante todo...

Y me hirvió un poquito la sangre, porque no es agradable pasarse un fin de semana en un aislamiento lingüístico tan grande, pero por otro lado sé que aunque esto es frustrante es casi inevitable. La gente de un sitio se junta y habla su lengua, y por muy amables que intenten ser, es difícil pensar continuamente que hay alguien ahí que no se entera ni del nodo y que tiene una sonrisa de circunstancias mientras que francamente se aburre o se está cagando en tus muelas (yo pasé de una cosa a otra en un gradiente regular a lo largo del fin de semana)...

Y me doy cuenta de que cada vez estoy más cansada de ser la extranjera, de ser la amiga española pintoresca que si viene nos va a traer una tortilla o va a hacer gazpacho o va a comportarse de manera espontánea y exótica. ¡Al cuerno!

(Se masca, se gesta, se siente un cambio de país, los suizos que se vayan todos a hacer raclette)

lunes, 7 de agosto de 2006

32 castañas

En portugués, trinta e um (31) se usa para hablar del número, claro, pero también para referirse a un jaleo o confusión.

Yo cumplo hoy 32 años, y me alegro mucho. Mi año 31 ha sido todo un 31: me he doctorado, he comenzado un trabajo nuevo, he cambiado tres veces de casa, me he subido por primera vez a un escenario (y me bajé rápidamente) y muchas otras cosas buenas y malas, importantes o banales que me han tenido bastante movidita.

¿Será el 32 más tranquilo? La verdad es que lo dudo... espero viajar mucho, aprender mucho, querer mucho, que me quieran mucho e irme a vivir a otro país (estoy un poco hasta los cogumelos de Suiza). Ciertos terremotos vitales espero poder ahorrármelos y en otros meterme de cabeza. Y además oye, la verdad es que estoy estupenda, parece que todavía tengo 31.

viernes, 28 de julio de 2006

De como se multiplica la distancia que nos divide...

Ocho de la mañana, ya comenzaron las obras en la calle de en frente. Los obreros, en vez de volar el maldito edificio de una vez, lo hacen pedacitos con máquinas ruidosas empezando por arriba y lo tiran al suelo a través de un gigante tubo digestivo en plástico. Resultado: demasiado ruido demasiado temprano. Pero me basta estirar el brazo para hacerte cosquillas, y eso es muy bueno.

Medio día, caminando caminando te has alejado de aquí, pero aun puedo alcanzarte corriendo, así que la cosa no es para tanto.

Tarde, -Señoras y señores viajeros, abróchense los cinturones que vamos a aterrizar. Resultado: saudades.

Pero te lo advierto, este elástico que nos une ya esta estirado a más no poder, un sólo paso más en la dirección equivocada y los acontecimientos van a precipitarse y nos encontraremos los dos de golpe y sin saber cómo por ejemplo en Toulouse.

miércoles, 26 de julio de 2006

Vacaciones Santillana


Pronto me voy de vacaciones. Y punto. El que avisa no es traidor. Os lo advierto: voy a ser feliz. No quiero que luego me vengáis con que he conocido sitios estupendos y he tragado información de dónde he podido para adornarme por dentro. Ya os lo he dicho con antelación suficiente para que luego me lo echéis en cara. No quiero ni oíros rechistar. A lo sumo, que seáis tan felices o más que yo estos días.

Antes de irme quiero recomendaros algunos libros, lecturas de verano para llenar huecos con pie al esparcimiento. También pongo las personas a las que va recomendada especialmente la edición seleccionada, porque cuando leo, pues de repente me creo que a tal o tal persona el libro le encantaría y me pongo como nerviosa de pensar que podría perderse ese trocito de felicidad que la vida le tiene reservado. Si algunos ya los he recomendado, se siente verdaderamente y no lo tendré en mente:

Tokio Blues: este ejercicio, con redacción incluida y comentario de texto se lo pongo a Roberto, a la Niña Ventosa, a Pantalón de Pana y a Natalia. Es que Jimena ya se lo ha leído.
La historia del amor: al Guisante, a Roberto, a Kiko, a Jimena, a su madre, a Tony, a Maya y a Natalia (nótese que este me ha gustado bastante).
Mañana será otro día: al Guisante, a Kiko y a Jimena y su madre.

Bueno, que leáis cada uno los que queráis y que luego comentamos. Por favor, que alguien se los lea. Lo necesito. Necesito saber que esos libros llegan a buen puerto y no están por ahí a al deriva del desconocimiento.

Por cierto, que ni idea de de quién son (¡uy!, qué frase más rara, qué construcción más extraña).

martes, 18 de julio de 2006

Tele sin cable


Ayer, después de plancharme una pila de ropa hecha montaña arrugada, me senté a tomar el aire en mi terraza. Y sola, a oscuras en el silencio de la noche, me sentía como una transgresora de la rutina. Pues mirando a mi alrededor, en todas las casas se podía ver el destello intermitente de la pantalla del televisor. Flash, flash, fundido en negro, flash. Y si tenían la venta abierta y veían lo que veía Javi en el salón, entonces se oía además en diferido.

A la gente le gusta mucho ver la tele al final del día. Es el postre de toda la actividad acumulada. Se sientan, se relajan, se dejan llevar.

A mi la tele no me gusta. No es que esté en contra, ni que piense que es un engaña bobos, porque en realidad, me parece que ese tipo de apreciaciones son una tontería y la vida no puede reducirse en tal medida. A mi lo que me pasa es que no me da tiempo a verla, porque casi siempre tengo algo que hacer, para mi desgracia, o estoy demasiado cansada como para tumbarme en el sofá y no irme a la cama. Y cuando me siento, no consigo mantener la concentración fácilmente en lo que veo. Me disperso y estoy deseando que termine el programa o la película para irme.

También me pasa que me agobia pensar que estoy perdiendo el tiempo. Pienso que en el tiempo que estoy ahí sin hacer nada, podría haber planchado, haber recogido la casa, haber escrito el mail que debo a un amigo, haber acabado tal capítulo del Estudio de Impacto, haber cosido las cortinas, haberme lavado bien los pies, haber escogido la ropa para mañana, haber limpiado la nevera, haber leído, haber escrito dos recetas… Siempre me hago ese tipo de cálculos molestos.

Por eso no puedo estar en contra de la tele. El concepto de televisión y la apreciación que tenemos de ella, tiene que cambiar con los tiempos. La tele de hace años, lo mismo hacía a la gente más tonta o hacía que dejaran de hacer otras actividades más interesantes. Ahora pienso que es un buen bálsamo para el día a día. Un instrumento muy útil para desconectar, para relajarse, para dejarse llevar, para desentumecer las articulaciones agarrotadas por el estrés. Y me gustaría aprender a usarla.

viernes, 14 de julio de 2006

Dulce, de leche


Mi viaje a Argentina se está gestando y tengo ganas infinitas de volar ya para allá. Muchas, muchas ganas. Me apetece irme, desconectar, reírme mucho, pasar tiempo con Javi, ver lugares nuevos, respirar aire puro... no sé, es uno de los viajes en los que el país me llama. Porque hay veces que vas como escaparate, a ver qué se cuece y a empaparte de realidades nuevas (y lo flipas y te lo pasas en grande y no quieres ni parpadear para no perderte nada). Pero hay países que te llaman por tu nombre propio cuando duermes y Argentina es uno de ellos. Como si en su territorio fueras a encontrar una parte de ti que andabas buscando y donde vas a encontrar un banco en el que sentarte y sentirte relajada, como en el epicentro de una verdad. Un poco paranoico, pero mola. Puede que no quiera volverme y entonces de rienda suelta a todos los pájaros que tengo en la cabeza. Alpiste, alpiste, alpiste... O puede que me quede contenta con la tranquilidad que me da la certeza de que existe. Ya veremos.

lunes, 10 de julio de 2006

Maná maná!!!

Me encantaba esta canción cuando era pequeña, creo recordar que la cantaba a duo con mi padre, aunque era muy pequeña y no me acuerdo mucho. Maná maná...

miércoles, 5 de julio de 2006

Mozart y Mundial, más 2006 imposible

Yo recuerdo que, hace mucho tiempo, cuando vi la peli « Amadeus » sobre la vida de Mozart, me sorprendió mucho una parte en la que él, en plena composición del Requiem, relee la partitura que acababa de escribir y escucha la música en su cabeza. Pensé: -él lee música como yo leo historias, la lee de verdad...- y ahí comencé a darle vueltas a la idea de que uno puede leer diferentes cosas, no sólo palabras escritas, y tener una traducción directa en la mente de eso que para otros sólo son un montón de signos sin demasiado sentido... Pues bien, últimamente me he dado cuenta de que yo no se leer fútbol. Yo me siento delante de la tele cuando ponen un partido y no veo nada, veo gente que corre y una bola que va de un lado a otro, pero como cuando intentaba aprender solfeo, me canso de ir descifrando e hilando los signos poco a poco y me aburro, mi atención se dispersa y empiezo a mirar a mi alrededor, las caras de los que ven el partido conmigo, los coches que pasan, mis pies, etc. Y no quiero que esto se malinterprete como un ejercicio intelectualoide de crítica deportiva, no es que yo crea que no hay nada interesante o bello en el fútbol, es que yo no lo entiendo, no me dice nada. Por eso, esta noche veré el partido de Portugal y disfrutaré de la compañía y de las emociones de los demás, pero ya tengo algunas ganas de que termine el mundial...

martes, 4 de julio de 2006

El lado muy asustador de una cosa que empieza por Goo y acaba en gle

Esta mañana soñaba yo despierta con viajar por esos mundos, y me puse a ver precios de billetes de avión en una página que compara muchos.
Todo carísimo, claro, muy lejos de mis posibilidades, ir al otro lado del mundo pasando por Dubai está por las nubes.
Además no tengo ni tarjeta de crédito en la que caerme muerta, así que nada, suspiro de resignación, cierro mi página y vuelvo a lo mío... Pues acabo de recibir un email en mi cuenta de esa cosa que empieza por Goo... de parte de la página que compara billetes de avión (en la que no escribí mi dirección de correo por ningún sitio...) agradeciéndome haberles comprado algo (
¡¡!!) y no sólo eso, sino que en los anuncios que aparecen normalmente en esa cuenta de correo, me ofrecen hoteles en Dubai... chan chan... telita marinera...

viernes, 30 de junio de 2006

Y... ¡paff!, se materializó dentro de un yogurt

-Hummm, qué frío.- pensó.

Metido en el yogurt hasta los hombros, el suero le llegaba hasta la barbilla, y la cabeza cabía a penas en el espacio entre el suero y la tapa, y abultaba graciosamente vista desde fuera. Menos mal que su yogurt era el que estaba más alto en la pila del supermercado, si no menuda tortícolis...

Sólo para matar una curiosidad se hundió un poquito y abrió la boca:
-Puajj!- exclamó. En efecto, tal y como recordaba el suero era asqueroso.

-Buff, ¿y ahora?- se preguntó masticando distraídamente un pedazo de fresa del yogur -esto seguro que es estupendo para el cutis, pero voy a pillar una pulmonía...- y deseó secretamente haber vuelto a materializarse dentro de una caja de pañuelos de papel, como la última vez, y poder dormir la siesta en su interior mullidito y oscuro...

jueves, 29 de junio de 2006

Algo debe de ir terriblemente mal...

Ayer vi el Último tango en Paris de Bertolucci y... ¡¡¡me aburrí un montón!!! Tenía muchas expectativas con la peli y me pareció que el director no consiguió muy bien contarme lo que quería.
No sentí ninguna química entre los protagonistas, y por eso no entendí casi nada... me pasó lo mismo cuando vi Closer, si no sientes la química no entiendes porqué los personajes actúan como lo hacen, y yo me quedé definitivamente fuera, allí, aburrida, esperando a que alguien me cogiese de la mano y me volviese a meter en el argumento...

Y las escenas más fuertes... jo, cómo han cambiado los tiempos, madremivida, pero quién se va a creer que alguien sodomiza a alguien si todo el mundo tiene los pantalones puestos... En fin...

miércoles, 28 de junio de 2006

Perder definitivamente la inocencia es... (para mi)

Entender que:

Aunque uno se explique lo mejor que pueda, siempre va a haber alguien que no te va a entender

Aunque uno se esfuerce al máximo en hacer algo lo mejor posible, siempre va a haber alguien a quien le va a parecer que no has hecho suficiente ni suficientemente bien

Aunque uno intente siempre ser amable y simpático con todo el mundo, siembre va a haber alguien a quien le vas a caer mal...

Pienso mucho en esas cosas últimamente, y en la diferencia entre pérdida de la inocencia y pesimismo. Antes relacionaba mucho ambos conceptos, pero ahora creo que la pérdida de la inocencia es el fin de una etapa, pero también un nuevo punto de partida, un comienzo limpio con mayor conciencia de como funcionan las cosas y por tanto no necesariamente una sentencia al pesimismo y a la inacción...

En fin, esto son banalidades probablemente, muy a menudo me doy cuenta de la cantidad de tiempo que paso pensando en banalidades y asombrándome con cosas simples como: la perfección de un gato que camina, el ejercicio de equilibrismo que supone caminar sobre dos pies, la belleza del agua en ciertos momentos, lo rápido que me crece el pelo y lo complicado de las relaciones humanas...

También creo que perdí un poco la inocencia cuando definitivamente comprendí que por mucho tiempo que uno pase al sol, las mechas del pelo no salen solas, hay que hacérselas en la peluquería...

Más que saber con exactitud dónde anda ...

Me gusta saber que anda por ahí, en algún sitio, caminando en la ciudad...

Y comprendo muy bien a Saint-Exupéry cuando escribe en El Principito que el cielo estrellado es más bello por que sabe que en algún asteroide allá arriba está su amigo.
Para mi la ciudad también tiene una belleza especial cuando se que él anda por ahí, caminando caminando, o en un café leyendo, o en un parque... me gusta pensar que al doblar una esquina me lo puedo encontrar sonriente y explorador, o que puedo verlo a lo lejos sin que él me vea y alegrarme mucho de que sea tan libre.

viernes, 23 de junio de 2006

Parquing!

¡Viva! Comenzó el verano, el oficial, el de las camisetas de tirantes, el de las sandalias, el de las sandias, pero sobre todo el de los conciertos en los parques, el de las cenas improvisadas en los parques, el de los malabarismos en los parques, el de las lecturas de comics en los parques, el de jugar al balón en los parques, el de meter los pies en las fuentes de los parques, el de darse achuchones en los parques!!!!

Si algo hay en Ginebra eso son parques

No hay mar, pero hay parques

No hay mucha marcha nocturna, pero hay parques

Parques grandes y pequeños, verdes, cuidados, con árboles que dan mucha sombra, con grandes espacios al sol, a la orilla del lago o dentro de la ciudad.

Parques en los que la gente toma el sol en bikini, en los que desembarcan familias enormes de árabes adinerados con alfombra y pipa de agua, y todo se vuelven velos negros enormes que cubren señoras dejando ver solo sus gafas, zapatos y bolsos de lujo. Parques fresquitos con piscinas abiertas para los pequeñajos, parques en los que grupos de gente hacen capoeira o tocan la guitarra, o tienen manadas de perros punkies y beben cerveza.

Este fin de semana hay un festival de jazz gratuito en un parque muy cerquita de casa, yo ya tengo los tupperwares listos y las cervezas en el frigo, esta noche misma me mudo al parque.

jueves, 15 de junio de 2006

Inexorable y cíclicamente...

Las uñas de los pies y de las manos crecen y hay que cortarlas

Las plantas se van secando y hay que regarlas

La ropa, sucia, semi-limpia y limpia, en alegre confusión orgiástica, se amontona en una esquina de mi cuarto y hay que lavarla

La comida del frigo se acaba y hay que comprar más

Los platos se acumulan en el fregadero y hay que partirlos con un martillo y tirarlos a la basura...

Ay! Qué pereza...

Voy a dejarme crecer las garras, a cambiar mis plantas por cactus y a usar vestidos de pasta de hojaldre, por ejemplo, lo que resolvería los problemas de la comida que se acaba y de los platos por lavar (ya que estos pasarían a carecer de utilidad), aunque debería ir a comprar ropa comestible periódicamente...

miércoles, 14 de junio de 2006

¡Quieto todo el mundo, tengo un defibrilador y sé como usarlo!

Una noticia un poco vieja ya, que he leído hoy y que me sorprende... no se muy bien porqué, pero me sorprende:

“The chances of surviving a cardiac arrest in the casinos of Nevada and Mississippi have improved substantially now that security guards in many casinos have automatic defibrillators and know how to use them (New England Journal of Medicine 2000;343;1206-9).”

Imagino guardias de seguridad “defibrilando” a diestro y siniestro, en los corazones a punto de pararse, en las nalgas de las señoras, en las orejas de niños molestos... Y además es una buena táctica eso de intentar impedir la muerte de aquellos que lo pierden todo en tu casino. Quizá, si siguen con vida, ganen más y vuelvan para perderlo otro día. Seguro que compensa el gasto en defibriladores.

lunes, 12 de junio de 2006

¿Qué hago yo aquí?


“¿Qué hago yo aquí?”

Esta ridícula pregunta me asalta un montón de veces. De repente, sin venir a cuento, como que todo se para a mi alrededor y me quedo metida en un mundo particular, yo sola. Todos los sonidos se apagan y yo miro alrededor, como impermeable a todo. Lo miro con los ojos abiertos, porque todo lo veo extraño y si los cierro, claro, no puedo estudiar el mundo tan curioso. Tic, tac, tic, tac, ¿qué hago yo aquí?

En realidad, el otro día llegué a la conclusión que en esos momentos, pues me voy a contestar “pues hago lo que hago”. Lo que puede parecer de Perogrullo, pero no lo es. Lo que quiero decir con eso es que hago lo me ha tocado hacer y que eso no tiene porqué ser extraño en sí mismo, sino que se vuelve extraño cuando lo comparo con un plan original. O sea, que no es más extraño que esté en ese sitio que no estarlo, puesto que a priori, nadie me ha dicho dónde debería estar.

Me he dado cuenta, de repente, de que la vida no tiene guión. Y no es que lo haya pensado sólo, porque eso lo he hecho muchas veces, sino que de repente me lo he creído. Me ha sacudido esa revelación. ¡Claro, Laura, la vida no tiene guión! ¡Métetelo en esa cabeza dura que tienes! Y ha sido muy fuerte.

Todos me dicen que desde siempre, he mirado mucho al futuro, trabajando hoy para lo bueno del mañana. Pero por mucho que me planifique, eso no significa nada. No significa que lo que se salga de ahí esté mal. Pero no sólo eso, sino que no significa, ni lo más mínimo, que sea diferente a lo que tenía que ser. ¡Qué fuerte! Que yo me imagine mi futuro de tal forma, no tiene ninguna importancia. No es vinculante con el futuro. No marca lo que vendrá y lo que no vendrá. No hace conjuntos de sucesos… Son sólo planes en mi mente. ¿Lo sabíais?

Y por eso, cuando estoy en un sitio extraño y la pregunta recurrente vuelve a mí, tengo que decirme, “pues hago lo que hago”. Y sentir, en cada momento, que mi vida es esa y que no tiene que parecerme extraña. No estoy puesta en ella por el Ayuntamiento, sino que voy andando por lo que es un vacío inalterable, que se va tejiendo con cada paso.

Fuerte, fuerte la cosa.

viernes, 9 de junio de 2006

Pesadilla en Rue de Zurich...

Mi vecina me golpea en la pared con violencia cuando me lavo los dientes después de las 10 de la noche. Ella dice que hago mucho ruido, que uso demasiada agua, que subo las escaleras del edificio como una loca y que soy una maleducada... vino a chillármelo el otro día a la puerta de casa. Amenaza con llamar a la policía, y yo imagino a los cuerpos de intervención especial derribando de una patada la puerta de mi casa y confiscándome el cepillo de dientes, cerrando el grifo, y saltando por la ventana donde les espera un helicóptero. Ruido de aspas y el helicóptero desaparece en la noche: misión cumplida, el vecindario puede descansar tranquilo...

A mí siempre me asombra, para mal, claro, la capacidad que tiene la gente de auto-amargarse la vida (y de paso de amargármela a mi). Yo le deseo a esta vecina futuros vecinos que hagan ruido del bueno, como una madre con dos bebes que lloren toda la noche a pleno pulmón, alguien sonámbulo con pesadillas horribles de las que se despierte chillando y aullando o simplemente alguien que esté tan loco y aburrido como ella... qué pena...

jueves, 8 de junio de 2006

Días de sol y playa


Ahora mismo, cogería un coche y me iría a la playa. Apagaría le móvil y no respondería a nada. Dejaría la mente en blanco. No me llevaría papeles. Miraría el paisaje y pondría música en el CD para ir cantando mientras conduzco o hago de copiloto. Sonreiría. Me quedaría un rato en silencio. Miraría cómo el sol me da en la pierna y los pelillos se ponen rubios de mentira. Sentiría como por cada poro de mi cuerpo, respiro felicidad y cruzo los dedos para que esto dure mucho, mucho, mucho.

Es imposible huir de las responsabilidades cuando estoy en Madrid y no puedo desengancharme de todo. Las responsabilidades son pegajosas y saltan de un sitio a otro como si tal cosa. El lunes de la próxima semana ya está lleno desde hace días. Mi fin de semana ya casi no tiene huecos. Quiero terminar un día de trabajar y no tener nada más que hacer que irme a casa a descansar con mi pareja. O levantarme y sentir el vacío de la nada. Pero ese día nunca llega. ¿Qué tren ha cogido que tarda tanto?

Tumbarme en la playa, abrir un libro, ponerte muy juntito, hacer un Sudoku y otro, hablar, mirar a la gente sin pensar en nada, bañarte en agua helada, dar un par de gritos y mover los brazos, comida de chiringuito, la arena caliente y la toalla, luego una ducha de agua dulce, aftersun, ropa limpia, cena, tele o lo que se tercie…

Yo desconecto muy bien, pero para eso tengo que irme. Irme con Javi, cogida de la mano, porque a él nunca se le olvida meter la paz en la mochila.

miércoles, 7 de junio de 2006

Pis


Tengo una infección de orina y estoy tomando unos antibióticos que me hacen hacer pis naranja radioactivo. Mola bastante. Y cuando voy al baño y me limpio, pues se quedan dibujos fantásticos en el papel higiénico y aprovecho y me marco un test de Rocha en un periquete. Mariposa espachurrada, flor naciente, mano de vieja, duende agachado, pincelada al óleo… Un primor psicológico en un reducido baño 2x2.

También tengo que tomar mucha agua y tengo la tripa hinchada y llena. Todo flota. Yo floto desde dentro hacia afuera. Lo mismo me licuo. ¿Me estaré destiñendo? Si giro rápido, puede que la inercia de la cisterna estomacal me tumbe. Cada vez que hago pis, que es mucho, mucho, me siento purificar. Qué tontería, con lo mal que como según temporadas.

La orina puede estar infectada. Qué graciosa, qué mona. Yo la creía infectada en sí misma. ¿Cómo puede infectarse algo infecto? Pero claro, no es que esté infectada, es que es puro amoniaco en una versión Light y por eso la echamos por la borda.

Cuando me aguanto el pis, como ahora que estoy acabando el post y pienso que cuando lo cuelgue ya me levanto, pues tengo un montón de líquido naranja butano en la vejiga. Ups, puede parecer una nimiedad pero no sé, da cosilla.

Tenemos chico nuevo en la oficina


Para subirnos la moral, en la oficina nos han puesto un nuevo informático cañón. He podido comprobar desde entonces empíricamente, que la acumulación masiva de progesterona en el ambiente es malísima para la electrónica, porque desde que ha llegado, no para de estropearse la impresora de mi planta.

También, creo que es un mensaje subliminal que intentan meternos en el coco a base de musculitos y sonrisas como perlas: “¿Ves como es mejor contratar un cachas con culo prieto que una mujer, que a la mínima se queda embarazada y abandona el barco? Él nunca lo haría”.

Pero como el otro día se trajo una camisa radioactiva de cuadros fosforitos, lo mismo que le abrí las puertas de mi corazón por su agraciado porte sin pensármelo dos veces, he sacado fuerzas para luchar contra el batallón de energúmenas hormonas y le he expulsado del mismo en un periquete por motivos estéticos del vestir. Argumentos, ambos que se caen por sí mismos pero que mueven el mundo.

miércoles, 31 de mayo de 2006

De estreno...

...y no de zapatos, sino de obra de teatro, ¡qué miedo!

Este año he seguido un curso para aprender francés haciendo teatro. Vamos a representar una obra y estrenamos hoy (y acabamos mañana, carrera rápida y fulgurante).

Toda la compañía está compuesta por extranjeros (no suizos y no francófonos) y representamos una obra sobre las fronteras y los problemas que causan a la gente, problemas que no nos son ajenos a la mayor parte de nosotros. Estamos contentos. Estamos asustados, pero sobre todo nos hemos divertido ya mucho. Esta noche, salga como salga, abra merecido la pena.

(Más detalles mañana, si todo sale bien)

jueves, 25 de mayo de 2006

Con el sueño, se me olvidaba el título...


Tengo un sueño horrible. Se me caen los párpados de arriba hacia abajo, y los de abajo los reciben con los brazos abiertos y las pestañas peinadas hacia atrás para que encajen a la perfección. Y se está tan agustito a oscuras y dejándose llevar… Pero no puedo dormirme, claro.

Me he dado cuenta de que tengo un montón de cosas que hacer siempre. No es que me moleste, porque cuando veo un hueco en la agenda siempre tiendo a llenarlo y eso tiene que querer decir algo, pero estoy cansada últimamente. Necesito estar en mi casa un rato para coger fuerzas y volver a salir por ahí a taconear, adelantar mi trabajo pendiente, poner la lavadora, escribir mails a mis amigos de lejos, planchar, ver la tele, dormirme a una hora decente, cenar con mi pareja, leer (¡cuánto lo echo de menos!), descansar en el sofá hasta tarde… Y quiero ver a mis amigas del cole, que hace un montón que no las veo y las echo mucho de menos.


Como dice Really, really happy, es que soy un ser social yo también. Me encanta estar con gente. Me encanta ver a mis amigos. Me encanta hacer cosas. Me encanta la sensación de reírme y de sentir que estoy disfrutando. Me encanta ir de aquí para allá. Pero, qué curioso. También veo que cada vez me agarro más a mis amigos y no dejo entrar a extraños. Tampoco me gustan las aglomeraciones de amigos, porque llega un cierto número de personas a partir del cual necesito mucha, mucha confianza para estar a gusto. Y entonces me meto en mi caparazón y no participo. Me siento rara y empiezo a mirar a mi alrededor como desde fuera de mi misma y no desde dentro, que es desde donde se mira normalmente, ¿no?

lunes, 22 de mayo de 2006

Cosas que de vez en cuando me devuelven la fe en la humanidad...

Finlandia ha ganado el festival de eurovisión con un grupo de Heavy Metal Satánico. Pinchando aquí podéis ver el video. Atrás quedaron los tiempos de Massiel y el La La La...

viernes, 19 de mayo de 2006

Teología de andar por casa

Ayer, pensando en la relación entre la culpa y la religión católica llegué a la conclusión de que la culpa es toda nuestra (por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa...) por querer tener un dios perfecto. Me explico: los romanos, los griegos etc., no tenían dioses perfectos, tenían una pandilla, más o menos grande de tipos que andaban siempre metidos en líos, Zeus liándose con toda hija de vecina, etc., etc. Pero nosotros no, nosotros necesitábamos uno perfecto. Y ese tipo perfecto nos creó, ¿y cómo un perfeccionista iba a crear algo imperfecto como nosotros (baste leer el periódico o estudiar detalladamente los propios codos para ver la chapuza de la obra)? Respuesta: no, el nos creo a su imagen y semejanza, osea, como debe ser, pero nosotros, muy tempranamente además, la cagamos con el tema de la manzana y fuimos expulsados del paraíso. Es decir, nosotros tenemos la culpa de nuestra imperfección, y por eso hay que bautizarse para librarse del pecado original (en realidad, pecar comiendo una manzana es verdaderamente original, los hay que descuartizan viandantes o roban chocolatinas). Y he aquí dos puntos claves: búsqueda de una perfección imposible y sentimiento de culpa por no poder alcanzarla, dos puntos que llenan a diario los consultorios de los psicoanalistas.

Quizá sería mejor dejarnos de perfeccionismos, volver a adoptar los dioses griegos o romanos y que los psicoanalistas se dedicasen a ser oráculos, sumos sacerdotes, vírgenes vestales y esas cosas.

jueves, 11 de mayo de 2006

Brooklyn Follies

Paul Auster

No había leído nada antes de Paul Auster hasta hace un unas semanas, y eso que el Pantalón de pana nos lo había recomendado meses antes en un comentario que dejó a raíz de un post. Ahora sí que puedo decir: “Pantalón, mon amour, ¡qué razón tenías!”

La verdad es que cogí el libro con cierto recelo, pero ¡cómo me ha gustado! La forma de escribir (que te hace saltar de la silla), la historia, los personajes… ¡Qué bien me lo he pasado! Disfrutar leyendo es un placer.

Así que os recomiendo que cojáis el toro por los cuernos y os peguéis un viaje por sus páginas. ¡Buf!, qué gusto da despegarse de uno mismo por un tiempo…


PD. No he podido incluir una portada del libro, como me gusta, pero es que no puedo bajarme el programa de subefotos en el computador de la oficina. Ché, boluda guisante, si leés esto, subímela de internet, por favor.

La oficina


Hoy no tengo absolutamente nada que hacer en la oficina y por eso no tengo esperanzas de que el reloj avance a una velocidad ni medio decente. Mi ordenador marca las 8:49 y todavía queda mucho hasta las 15:35, hora legal para mi huída.

Mis herramientas para superar el tedio son: 6 rotuladores (1 azul, 2 rojos, uno verde, 2 negros), 2 pilots (azul y negro), tres bolis (2 negros y 1 azul), un cubo porta clips, los clips de dentro, unas tijeras, una bandeja de papeles, una calculadora, una grapadora, un teléfono, una papelera, unos cajones vacíos y un calendario. Y mi ordenador con acceso a Internet. Punto y final. Mis amenazas son mi aburrimiento, mi cansancio con sueño, mi sequía mental, el avance lento del tiempo y las ganas que tengo de irme, que me ciegan.

McGyver haría de esto un armario empotrado. A mi me cuelga todo de las cervicales y me duelen.

miércoles, 10 de mayo de 2006

Contacto


La morena está por ahí trotando por los prados verdes, llenos de amapolas y con un sol radiante a todas horas. Trota que te trota, vete para allá y no seas marmota. También está adapta que se adapta a un curro nuevo, con su gente y sus tradiciones, su idiosincrasia y sus telas marineras. Esta frase no rima, pero es como la vida misma. Hay veces que se va acorde con lo anterior y otras que te sales por la tangente.

Todas las mañanas me doy cuenta de que la recepcionista, que tiene mi misma edad o así, lleva el pelo súper ahuecado. No sé qué va a dejar para cuando sea abuela. También me doy cuenta de cómo las chicas que engordan, siguen reutilizando las camisas que tenían en el armario pero ahora las llevan abiertas con camisetas debajo. A todas nos pasa. Yo tapo las aberturas con chaquetas de punto, que es una de las prendas de vestir que más me gustan junto con los calcetines gordos esponjosos.

Tengo que hacer muchas cosas siempre. Estoy metida en demasiados embolados. Esta semana tengo una cena con alguien todos los días. Vaya, vaya, bocadillo de caballa.

martes, 9 de mayo de 2006

Mucho tiempo de abandono de croquetas...

Es cierto, pero es que la burocracia suiza lava más blanco y me tiene desde hace días sudando sangre para conseguir un permiso de trabajo.
Carambola de realidades.
En este país tan raro en el que grandes libertades y avances se juntan con grandes atrasos (como que las mujeres consiguieran el voto sólo en los años noventa en algunos cantones) no te dejan trabajar con facilidad, aunque la universidad quiera contratarte. En fin, podría ser peor, podría no contar con familia o amigos que me ayudasen, así que tampoco es tan malo. Además mis visitas a la Oficina Cantonal de la Población para hacer papeleo me están sirviendo como fuente de material estupenda si algún día quiero dedicarme de lleno al surrealismo y/o al hiperrealismo, dedicarme a ello de manera artística y no vital, como llevo haciendo hasta ahora.

Curioso como ciertas realidades se parecen a todo menos a la realidad.

¿Y la morena que hace, serpentea por los mares de la biodiversidad?

jueves, 20 de abril de 2006

Estrés


Muchas veces, me da a mí la sensación de que la gente se toma muy en serio la vida, y desde fuera, cuando los demás son los que lo hacen, te entra un poco la risa. Pero no es que me refiera a ese tipo de tremendismo que acompaña a las pasiones humanas, ni nada de eso. Es por ejemplo el rigor casi científico con el que un empleado en la base de la cadena productiva de una gran empresa, se toma sus responsabilidades.

Me imagino que eso viene ligado a una incapacidad de abstracción o a un desconocimiento de cómo salirse de uno mismo para tomar altura y verlo desde lejos. A todos nos pasa. Es un ejercicio dificilísimo porque normalmente, no hacemos más que aferrarnos a la tierra cuando tenemos miedo o nos vemos amenazados, lo que no ayuda de ningún modo a que respiremos tranquilamente una bocanada enorme de aire y dejemos escapar la presión arterial.

También puede ser que la gente, necesita sentirse importante. No eres nadie sin agobios. Eres un mindundi. La gente seria y madura, tiene que agobiarse para ser auténtica. Y en su trabajo tiene que sentir el estrés. Ya sea haciendo sándwiches o cantando coplas. Si no te estresas, es que o bien no comprendes la magnitud del problema o es que eres un jeta que no trabaja duro como tus compañeros. Y así, no se sube nunca. No se escala en el organigrama. Y además es algo imperdonable, parece ser, que los que no quieren escalar abandonen el ring de lucha antes de llegar al colapso, saliendo por la puerta grande con un periódico bajo el brazo.

Por otro lado, lamentarse, sentirse ultrajado por el jefe, gritar a los cuatro vientos que la saturación de tareas te colapsa… es quizás una excusa que tenemos para poder justificarnos que vamos a parar. Oye, me paro a respirar porque de verdad, que no puedo con todo.

No lo sé. Ojalá tuviera respuestas para todo.

martes, 18 de abril de 2006

La insoportable levedad de las cosas poco pesadas

En raros momentos de mi existencia me aproximo tanto a creer a pies juntillas (brutal expresión, por cierto) en la teoría del gen egoísta de Dawkins como cuando estoy enamorada.

Seamos honestos, enamorarse no es nada bueno para nosotros como individuos: casi no se come ni se duerme, se hace ejercicio en exceso que trae como consecuencia tirones, luxaciones, etc., se hacen y dicen muuuuuchas cosas ridículas que en otras circunstancias nos darían vergüenza ajena (o peor, te dicen cosas que antes te provocarían una pérdida automática de respeto por quien las dice y ahora, no sólo no arrojas un vaso de agua fría a la cara de tu interlocutor para que entre rápidamente en razón, sino que vas y suspiras!!!), se olvida uno de que el resto del mundo existe (en ocasiones con nefastas consecuencias para la vida social, laboral e incluso la penal si uno se deja llevar y se olvida demasiado del mundo en un sitio público, digamos)... ¿y todo por qué? por una especie de mentira química producida por la combinación de otro cuerpo con el tuyo que te hace pensar un montón de cosas cursis como que después de todo puede que sí exista esa persona especial en el mundo que... bla bla BLA BLA (bullshit).

Pero todo, TODO, es sólo una trampa. Si no fuese por todas esas compensaciones físico-químicas que van incluidas en el pack del enamoramiento ¿quién se reproduciría?

Por eso yo enamorarme, me enamoro como la que más (y que me quiten lo bailao!), pero con plena consciencia de que mis pensamientos, sensaciones, etc., están gobernados por un gen pequeñito y poderoso que quiere transmitirse a toda costa, ese pedacito de ADN que ahora sólo quiere llevárseme por delante...

Música en los zapatos


Ayer llevaba unos zapatos que sonaban. Yo no estoy acostumbrada a eso, porque normalmente la suela de goma me permite andar sin oír mis pasos. Iba por el pasillo y cada avance, llevaba un mundo sonoro como acompañante. Me hicieron unas heridas que me recuerdan hoy esos viejos tiempos.

Luego llegué a casa y no me funcionaba Internet. Puede que no estuviera relacionado pero puede que sí. A saber.

jueves, 13 de abril de 2006

Esto no es serio...

O al contrario, es muy serio y comenzamos a necesitar ayuda profesional. Mi compañero de despacho lleva un rato ensayando esta coreografía:

http://video.google.com/videoplay?docid=5262057835199435032&q=carra&pl=true

martes, 4 de abril de 2006

De cemento, de piedra...

Así quiero volverme para impedirle la entrada a la primavera...

¡No a la sensiblería!

¡No al canto de los pájaros!

Hoy les tengo rabia a todos los otros amantes...

Esta piedra cierra lentamente la pequeña ventanita, con lentitud pero inexorabilidad de piedra.

Nosotras nos volvemos al invierno ¡ahí os quedáis!

lunes, 27 de marzo de 2006

Cumpleaños


Hoy es el cumple de mi ahijada y de su madre. Y me voy a ir para allá a celebrarlo con ellas, porque una es mi amiga y la quiero mucho y la otra… es que se me cae la baba sólo de verla.

Este cumpleaños es además un puente entre mi vida y mi vida. Es un estrechamiento en el abismo y no es nada fácil. Dos placas tectónicas flotando a la deriva se encuentran y se chocan. Puede salir algo de magma o pueden surgir elevaciones con plegamientos raros como consecuencia del encuentro. También es verdad que ya todo el agua ha vuelto a su cauce, que las cosas se han calmado, pero siempre es difícil enfrentarse a las propias miserias. Cuando me toco las cicatrices de la mano o de la espalda, me da un poco de repelús. Lo mismo me pasa cuando me toco con la memoria las heridas de las tripas.

Y tengo miedo por mi compañero de viaje. No quiero que se disguste por el paisaje. No quiero que me sienta lejos. Así que me sentaré a su lado y le daré fuerte la mano. Para que no se suelte. Para que me cuente y no me deje sola, teniendo que adivinar lo que le pasa por la mente.

También es verdad que necesito tender una mano al pasado.

Curro nuevo, vida nueva


He empezado a currar en una oficina. Estoy muy feliz y parece que he conseguido por fin estabilizarme un poco mentalmente y definir mi rutina de una forma más clara. Ahora me levanto pronto (más que antes) y me voy a sentarme a una silla a hacer lo que me manden o a mirar al techo cuando me aburro. Las responsabilidades las comparto con otros y tengo un grupo de amigos de la ofi que se dedican a lo mismo que yo y que trabajan conmigo (o yo con ellos) en el mismo tema. Fuerte, fuerte. Y cuando llega la hora me voy. Y camino hacia mi casa y estoy “saliendo” del trabajo. Saliendo, ¿os dais cuenta? No voy a casa a hacer el informe tal ni me muevo de un sitio a otro. Salgo. Salgo del trabajo. Termino mi jornada. Y llego a mi casa en la que no he estado hace miles de horas. Y me alegro, porque eso significa que la jornada laboral acaba. Acaba… qué concepto más interesante… Y miro el ordenador y no me da remordimiento cuando me tumbo en el sofá. Fuera de la oficina, el trabajo no existe. ¡Es maravilloso!

Me he dado cuenta, en consecuencia, de lo mucho que me gusta el orden natural de las cosas y lo mucho que ayudan los límites imaginarios entre espacios del día: ahora trabajo, ahora no, ahora sí, ahora no… ¡Colosal!. Luego acabará por aburrirme, seguramente, pero no veáis lo que me coloca las ideas. Y eso que llevo sólo una semana. Y eso que soy de las responsables y no me es difícil imponerme mis propios horarios.

viernes, 24 de marzo de 2006

Guisante XX-XY

A veces me han venido con esa pregunta de: ¿si pudieses ser otra persona, quién querrías ser? Y yo la verdad es que sólo quiero ser yo, no me cambiaría por otra persona completamente diferente. Pero lo que sí me gustaría hacer es jugar un poco con pequeñas variaciones sobre el mismo tema, es decir, me gustaría vivir un poco UNA yo que fuese UN yo por un tiempo, ser hombre y explorar todo ese mundo desconocido. Explorarlo no sólo en el obvio plano fisiológico y saber qué se siente teniendo un pancho, etc., etc., sino también explorar todo el otro lado social, cultural, etc. (y hacerme trenzas en la barba, siiiii!!).

Las mujeres a menudo pensamos que lo tenemos más difícil en ciertas cosas por ser mujeres. Pero ¿es eso realmente cierto? Si yo fuese un tío y llevase la vida que llevo ¿los míos me comprenderían mejor? ¿Estaría mejor visto que viviese sola, diese cierta importancia a mi carrera (Run Lola, run!!!...), a mi libertad, no tuviese hijos ni estabilidad y saliese bastante por la noche? Quizá a falta de imperativo biológico la presión social sea menor, en plan: eres un tío, desde la invención del viagra los límites sólo los pone tu corazón (en el sentido fisiológico), hijos hasta los 100 años, se asume que ni cocinas ni planchas ni eres muy limpio con lo que no es tan grave que tu casa sea una pocilga (prejuicios, prejuicios, yo ni plancho ni soy limpia y soy una XX de los pies a la cabeza)... pero seguro que hay truco, seguro que aunque seas chico te machacan igual por cosas con las que a las chicas nos dejan tranquilas y que subestimamos... Yo quiero saber...

jueves, 23 de marzo de 2006

Francofoneces

No puedo evitarlo, me río sola cada vez que, escuchando la radio de música clásica, la locutora dice muy seria que ahora va a sonar esto y lo otro, tocado por la orquesta X, y “à la baguette” el director Y. Un día se me pasará, claro, y ya no me imaginaré al director agitando un bocadillo ante la orquesta, pero va a tener que pasar un tiempo largo...

miércoles, 22 de marzo de 2006

Cementerio de ciempiés

Desde hace algunos días se da un tremendo misterio en mi apartamento. Aparecen cadáveres de ciempiés en sitios inesperados. Nunca los veo vivos. Sólo encuentro sus cuerpos exangües, sin vida. Uno muerto en mi cuarto, cerca del radiador. Uno muerto en la cocina, cerca del fregadero. Uno muerto cerca del armario de la entrada...

Allí los encuentro yo, semienroscados, tendidos en el suelo de madera, sin signos aparentes de violencia o enfermedad. Y todos ellos secos, muy secos...

¿Será que mueren de eso, de sequedad?

¿Pero, dónde viven?

¿Se materializan espontáneamente en mi piso, provenientes de la dimensión ciempiés?

¿O será que mi casa es una especie de cementerio de ciempiés como los cementerios de elefantes de las películas de Trazan?

Debe de ser eso, parte de un ritual de profunda significación entomológica: Un ciempiés, sintiendo que su fin se avecina y que ha vivido una existencia plena se dispone a emprender su último viaje. Ordena sus pertenencias de ciempiés (calzado de verano por un lado, de invierno de otro), tira definitivamente los calcetines con agujeros y lega el resto, da unos consejos a los más jóvenes, se despide de los suyos y se pone en marcha hacia mi apartamento. Las fuerzas le flaquean pero sube hasta el quinto piso, poco a poco. Si tiene suerte y la agilidad suficiente, se cuela en el ascensor y ¡fuuuum! en un suspiro ya está arriba. Pasa por debajo de la puerta de entrada, escoge una habitación y una vez allí se acurruca junto a un radiador y se deja morir...

Y yo no sé qué se espera de mí, como sacerdotisa del templo de los ciempiés. Por ahora les voy dando sepultura en mis macetas o los fundo con la eternidad acuática vía WC...

lunes, 20 de marzo de 2006

¿?

¿Alicata bien un alicate?
¿Cuántas cosas tiene un tenedor?
¿Qué secretos le cuchichea el cuchillo a la cuchara?

miércoles, 15 de marzo de 2006

Amor dental en la oficina

El otro día entré en el baño y los pillé. Allí estaban los dos, besándose. Un tercero los observaba un poco apartado, con un aire de envidia. Ahora lo sé, el cepillo de dientes de mi compañero de despacho A tiene un affaire con el cepillo de dientes de mi compañero de despacho B. Se pasan el día en el vaso del lavabo, unidos en tierno abrazo fundiendo sus cerdas. Si eso no es amor, que venga dios y lo vea.

El mío solito, o quizá escandalizado, no se mete en esas cosas. Claro que ahora sé que me es infiel. El otro día mi compañero de despacho B, salió del baño con él en la mano, le había puesto pasta y todo y me explicaba nosequé enfáticamente y yo no conseguía escucharle, sino sólo seguir mi cepillo en su mano, como hipnotizada, mi cepillo agitado cual batuta. Tardé unos instantes en salir de mi catalepsia y encontrar las palabras en francés para decirle: “ese es mi cepillo”. ¡Qué rojo se puso! Y hablo de B, mi cepillo ni se inmutó, no tiene vergüenza, la prueba es que ayer estaba húmedo de nuevo y yo ni me había acercado a él… vamos a tener que hablar…

martes, 14 de marzo de 2006

Boleros y la raya del ojo…

Mis vecinos de abajo son la nostalgia personificada. Deben de ser argentinos o de algún país de Sudamérica, y pasan el tiempo hablando por teléfono con acento suave y escuchando boleros. Los boleros están bien, me hacen imaginar su apartamento con un papel de colores desteñidos ahora pero que fueron muy brillantes hace unas décadas y pensar en olores de comidas ricas. Anoche se juntaron con amigos y escucharon unos discos de Chavela Vargas, y yo me sentí transportada al cuerpo de una mujer sufridora de película de Almodóvar, con una vida dura, un pelucón y un maquillaje de los años 70. “-Ya estoy harta de ser buena”, le dije a la alfombra de mi cuarto, cual Carmen Maura despechada, y acto seguido me arrebujé un poco más en mi edredón y seguí leyendo mi libro de Pennac y comiendo chocolate.