miércoles, 5 de julio de 2006

Mozart y Mundial, más 2006 imposible

Yo recuerdo que, hace mucho tiempo, cuando vi la peli « Amadeus » sobre la vida de Mozart, me sorprendió mucho una parte en la que él, en plena composición del Requiem, relee la partitura que acababa de escribir y escucha la música en su cabeza. Pensé: -él lee música como yo leo historias, la lee de verdad...- y ahí comencé a darle vueltas a la idea de que uno puede leer diferentes cosas, no sólo palabras escritas, y tener una traducción directa en la mente de eso que para otros sólo son un montón de signos sin demasiado sentido... Pues bien, últimamente me he dado cuenta de que yo no se leer fútbol. Yo me siento delante de la tele cuando ponen un partido y no veo nada, veo gente que corre y una bola que va de un lado a otro, pero como cuando intentaba aprender solfeo, me canso de ir descifrando e hilando los signos poco a poco y me aburro, mi atención se dispersa y empiezo a mirar a mi alrededor, las caras de los que ven el partido conmigo, los coches que pasan, mis pies, etc. Y no quiero que esto se malinterprete como un ejercicio intelectualoide de crítica deportiva, no es que yo crea que no hay nada interesante o bello en el fútbol, es que yo no lo entiendo, no me dice nada. Por eso, esta noche veré el partido de Portugal y disfrutaré de la compañía y de las emociones de los demás, pero ya tengo algunas ganas de que termine el mundial...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, llegué a tu blog atravesando a nado el estrecho de Yura, y ví que en la última entrada hablabas, casualmente, de fútbol. Etcétera.

-FÚTBOL
La presencia masiva del fútbol (y sus infinitas ramificaciones comerciales) en la vida cotidiana ha creado cierto discurso que lo menosprecia como juego y que ha llegado a ser bastante habitual. A contrarrestar esto no ayuda (todo lo contrario, de hecho) el que muchos escritores tengan un repentino bajón en cuanto a penetración al enaltecer este deporte con argumentos que sirven para muchos otros, o al hablar como hinchas, lo que poco dice del juego en sí (el fanatismo, mal que les pese a muchos, no es un argumento a favor de nada); ahora hablaremos bien del fútbol con más precisión y razones de más peso. Algunas personas afirmamos que el fútbol es el mejor juego deportivo de entre los muchos que el hombre ha ideado para entretenerse, expresarse y competir. Es el juego que tiene menos reglas, en puridad sólo una: El fuera de juego. El resto son, o bien disciplinarias, o relativas al diseño del terreno de juego, o a su definición (es balompié, el balón no puede ser tocado con las manos, salvo por un jugador de cada equipo en una zona determinada). Si parecen muchas, sólo hay que pensar en cualquier otro juego deportivo. Las reglas son los parches que hay que poner a las imperfecciones del juego (o lo que es lo mismo, al dominio excesivo de este. El hecho de que los buenos en un juego sean TAN buenos, habla en contra de ese juego. Al mismo tiempo, la proliferación de reglas hace muy difícil que el juego sea fluido cuando es jugado por aficionados; un partido de solteros contra casados de fútbol puede jugarse con una observancia casi completa de las reglas. Yo juego exactamente el mismo juego que jugaba Schuster, pero con una profundidad [¡ay!] mucho menor). En el fútbol no hay rotaciones obligatorias, el balón puede conducirse de cualquier manera y golpearse de cualquier manera, retenerse indefinidamente, jugarse en cualquier dirección. El campo de juego puede emplearse en su totalidad siempre que el balón esté en juego, las áreas sólo implican diferencias disciplinarias, pero el juego es igual dentro o fuera de ellas. Hay una libertad casi completa, no hay apenas raíles que dirijan el juego, sino caminos hechos al andar (por eso a veces no crece la hierba en el área chica...).
El otro aspecto determinante es obvio. El único elemento de juego, el balón, se juega con el pie o, más precisamente, no con las manos ni herramienta alguna (sticks, raquetas, etc...). Nuestro cuerpo es irregular, el balón esférico. No podemos MANEJARLO (ni, por supuesto, esconderlo bajo la camiseta; en realidad, en cualquier deporte, el uniforme de un jugador es considerado piel si es usado en su contra y objeto ajeno al juego si es en beneficio propio), nadie lo tiene (tal vez Zidane o Mauro Silva lo tienen un poquito), no hay posesión en puridad y resulta que, en un juego que requiere tanta movilidad como el que más (o sea, que pide PIERNAS), las piernas son la herramienta de precisión y detalle, con ellas hay que correr, regatear, cortar el balón y sobre todo golpearlo de mil maneras diferentes, y un pie es muy raro. ¿Entonces, que ocurre en esta especie de mundo casi anárquico que parece ser un campo de fútbol, con 22 personas haciendo prácticamente lo que se les antoja y además con los pies? Pues que se expresan, claro, no pueden evitarlo, y son fascinantes. Si somos honestos, los futbolistas son, comparativamente, peores que el resto de los deportistas; a cualquiera le salen mal la mayoría de las acciones (pensemos en la expresión "errores no forzados" y veremos cómo no hay deporte que supere en estos al fútbol), la limpieza y la fluidez de otros juegos no se da fácilmente (hay que entender que estoy hablando de las jugadas como un todo, no de la jugada del equipo que ataca o el que defiende; hablo de lo poco que el balón sabría sobre su futuro, incluso del más inmediato, si tuviese consciencia). Todo esto, junto con un par de detalles ya mencionados, importantes pero sin categoría en sí mismos (el campo es bastante grande y juega bastante gente), dejan el asunto servido: El fútbol es el deporte que logra ordenar un caos de mayores dimensiones.
Una sóla mano fabrica todas las esferas, y premia a las mejores dándoles forma de balón de fútbol. Gracias.

El guisante pensante dijo...

Guau! brutal, muchas gracias, he ahí un ejemplo de alguien que lee futbol.
Yo las pocas veces que le he encontrado gracia a alguna jugada es cuando Figo parecía bailar con el balón...