lunes, 30 de mayo de 2005

Será la primavera


Yo no puedo más con estas hormonas y la procesión que han decidido organizar desde el dedo meñique del pie (que es dónde las tenía yo recluidas) hasta donde quiera que se dirijan las perras, acompañadas de un regimiento entero de neurotransmisores armados conocedores del lado oscuro de la fuerza y la endocrinología con precisión de relojero suizo. Yo no puedo más.

Porque todo se agrava, queridos lectores, cuando intento combinar estos impulsos arrebatadores con la conocida destreza y puntería que tengo yo a la hora de elegir varón, léase humano del sexo opuesto con ciertas diferencias anatómicas y carentes de pensamiento abstracto, con dos ojos enormes para matarte con la mirada y a veces unos brazos musculosos con los que abrazarte fuerte y un torso peludo sobre el que apoyar la cara y unos labios que… ¡basta! ¿Qué estáis haciendo conmigo, glándulas secretoras al torrente sanguíneo, fábricas del mal?

Pero es que, ¡ay!....Ya, ya lo sé, esto no puede ser pero... es que le vi en una fiesta y... y entonces el me dijo y... y yo le miré con caída de ojos y... y él me dijo que teníamos que quedar y… y que si jajaja que si jejeje y...y esto no puede ser laura y… y entonces llegó la novia y entonces él se fue con ella. Así que me levanté al día siguiente para ir a una reunión y me encontré con otro que me tiraba los tejos y.... y estaba tan mono y... y tiene tantas cachas y... y me río tanto con él y... y me hace tanto caso del bonito que... y tú qué quieres tomar y yo tomaré aquello y… y claro, me pasé el día debatiéndome entre dejar que me llevara arrastrada por los pelos a la caverna del amor o mantenerme al margen de mis deseos hormonales por el bien de todos. Y para cuando me decidí pues ya se iba mi tren (literalmente) y él se quedó en la estación sin pillarlo. Pero esta mañana me he levantado y me he acordado de otro y… ¡Socorro! ¿A dónde me he ido? ¿Quién es esta que ocupa mi cuerpo?

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