jueves, 10 de febrero de 2005


Sobre el deporte

Algo de música en tu vida


La música a veces se convierte en una intrusa en tu vida y desbanca totalmente a la memoria en su papel de grabadora del tiempo. Hay sentimientos o sensaciones que solo pueden viajar de vuelta a través de un sonido, o mejor dicho, de una melodía. Los vuelcos al corazón, los nudos en el estómago, la nostalgia de un momento, la ilusión de un instante… eso sólo puedo sentirlo a través de la música, que se me mete no sé por dónde y sin esperarlo, me toca un montón de teclas y abre las cajas donde tenía todo eso guardado.

Ahora mismo estoy escuchando una canción que me mandó un amigo que quiero dejar como anónimo porque su identidad ahora es lo de menos. Y al margen de que es una canción que él no sabe que me encanta y que oigo muchísimo cuando quiero tomarme un respiro, es que hay veces que consigue transportarme a sensaciones muy concretas y muy limpias. No es nada en particular, sino momentos puntualísimos, vivencias que pasamos de algún modo juntos y que van asociadas a esos acordes. Quizás es que me hace viajar a mí misma, pero no hacia mis adentros, sino al pasado desde el presente. No es que me acuerde de situaciones que viví hace un tiempo como desde fuera, desde la lejanía, sino que de repente vuelvo a vivirlas desde dentro, sintiendo por un instante lo que sentía entonces. Entonces, en el pasado, en un tiempo que ya no existe pero sin embargo al que puedo viajar.

Ni siquiera son sentimientos superespeciales, pero me hace gracia que por unos instantes, pueda trasladarme a la velocidad de la luz hasta hace unos meses y volver a ser la que era de forma plena, completa. Me salgo de mi cuerpo, viajo hasta el cuerpo inexistente de hace unos meses, me meto en el traje, me convierto en otra, revivo lo vivido y vuelvo a mi cuerpo de ahora otra vez. Sí, estoy en el despacho de mi casa, este es mi ordenador y sigo escribiendo el documento en el que estaba hace unas milésimas de segundos.

También eso hace que me dé cuenta de la cantidad de momentos emocionales que pasamos a lo largo de la vida. No lo parece, parece que somos una barca que flota y que sube o baja por las olas sin cambiar apenas. ¡Que va! Cambiamos un montón, nuestro estado de ánimo nos condiciona muchísimo hasta el punto de convertirnos en cada etapa, en un mini-yo distinto. Y la música es el mecanismo que sin quererlo, me abduce y me hace viajar a esos embalajes que andan vacíos porque ahora yo estoy aquí, llenando este recipiente momentáneo perecedero en el tiempo.

Lecturas


Ayer, cuando me metí en la cama, me pasaron un montón de cosas. Resulta que me pasé un rato por la librería de los Sempere y claro, aluciné con lo del relojero. Luego salí por Barcelona porque había quedado con ella en el claustro. Pero entonces él, va y le cuenta lo del cara cuero y yo, ¡¡¡noooooo!!!!, loco, es sólo un lío de faldas, ¿qué haces, infeliz?. Pero Daniel no me escuchaba y encima la lleva y le cuenta también el secreto de los libros. Y no hay nada más que hacer y se presentan en el cementerio. Alucina, vecina. Es que está estresado por cómo se complica cuando va a ver a la hija y descubre donde vive. Joder, no me extraña que tenga miedo a Tomás porque su vida es un paralelismo. Sigue investigando. ¿Por qué le ocultaría lo del aparado de correos? Eso fue un shock para los dos, para Daniel y para mí. No me lo esperaba de ella. Será…, mira tú la mosquita muerta.

De verdad, el que no encuentre pasión en la lectura, es que está muerto. O tiene un problema grave. Cuando me encuentro a alguno de esos especimenes que no se han leído un libro en su vida, me da como claustrofobia. Debe ser un horror no haber dejado de ser nunca uno mismo.

Las hormonas, el enemigo interior

En ocasiones ser mujer, mujer guisante en este caso, es como estar en un tiovivo.Las hormonas a veces se apoderan de todo y es terrible. Hace una semana más o menos creo que asistimos a un fenómeno masivo pero callado, y fue el despertar de las hormonas primaverales de miles de mujeres.
En efecto, quién sabe si por acción de cambios en la temperatura o pequeñas variaciones en las horas de luz, las hormonas se dijeron a si mismas:

-¡¡¡la primavera ha llegado, en marcha, yuhuuuu!!!

Mientras que nos gritaban a nosotras:

-¡pero tú has visto qué pedazo de tío! ¡rápido, haz algo idiota!

Fue una revolución, sin previo aviso un porcentaje anormalmente elevado de hombres era altamente atractivo, y la vida parecía un delirio. Como cuando Homer Simpson sueña que está en el país del chocolate.

Lo malo, es que hace pocos días creo que las hormonas notaron que se habían precipitado, apagaron las luces y se marcharon en silencio. El mundo perdió brillo, parecía poblado de nuevo sólo por tipos grises, toda la gente del autobús tenía aspecto desagradable, todos bigote, hombres y mujeres, los adolescentes hablaban demasiado alto, las señoras mayores empujaban más de lo usual y yo empecé a desear de nuevo que volviese la primavera.

miércoles, 9 de febrero de 2005

Definiciones de guisante II

Carcajada: recipiente donde se guardan las flechas de la risa.

Definiciones de guisante

Empatía es lo que uno siente cuando ni gana ni pierde.

Saber decir que NO

Creo que hay un libro de autoayuda que enseña cómo decir que NO… quizá debería hacerme con él. Sigo teniendo cierta reticencia hacia los libros de autoayuda, que creo, deberían venir con una biografía completa e informe psicológico del autor, pero bueno, ese es otro tema. Cuando vi el libro del NO me pareció una tontería, quizá en aquel tiempo decir que NO me parecía fácil, o en realidad ni pinchaba ni cortaba mucho en ninguna decisión así que no había que ejercitar ese NO. Pero ahora es distinto, ahora que a veces tengo que hacerlo no me sale…

-Oye, perdona, podría introducirte estos palitos debajo de las uñas?

-….. bueno…., si es con anestesia….

Muy mal, cuando en realidad, lo que habría que decir es:

-mira, NO, ahora NO tengo tiempo. En otra ocasión, ¿vale?

(Y es que nunca deben cerrarse completamente las puertas)

El caso es que decir que NO no es sencillo, y a una le asaltan múltiples dudas como: ¿Qué tipo de NO? ¿Un NO rotundo? ¿Gestual o verbal? ¿Un NO con justificaciones? ¿Las justificaciones deben ser siempre verdad? ¿Deben poder demostrarse mediante documentos (preferiblemente informes médicos)? ¿Pueden exagerarse un poco?

-NO, lo siento, es que lamentablemente soy alérgica al bambú…

Todos sabemos que decir que no a tiempo evita horribles explosiones de carácter que dejan a todo el mundo perplejo, pero aún así, resulta muy difícil.

Tengo que intentar hacerme con ese libro… ¿o quizá NO?

P.D. La gran mayoría de nuestros lectores (es decir, morena y yo) nos han comentado que esto parece más una terapia que un blog. Somos conscientes de ello pero poco podemos hacer para cambiarlo. Mejor gastar energías así que tirando huevos a la gente en el interior del supermercado…(plan b al blog que se me ha ocurrido hoy).

martes, 8 de febrero de 2005

Trabajar en medio ambiente


Trabajar en medio ambiente es una tarea curiosa. Por una parte, muchas veces los eventos del día a día no dejan de machacarte la moral y de quitarte el sueño cuando consigues cogerlo y por otra, estás en contacto con iniciativas de la gente y realidades que en ocasiones te compensan todos los males que te acontecen en silencio, como las hemorroides. Pese a que en líneas generales puedo decir que me gusta mi trabajo, hay cosas obviamente que me aburren soberanamente y que me hacen plantearme emigrar al extrarradio, comprarme una casa en el campo y dedicarme al ganchillo como modo de vida alternativo mientras veo la tele calentándome con un radiador alimentado por energía solar. Cosas del yin y el yan, sea cual sea el bueno y sea cual sea el malo.

Entre las cosas que me gustan de mi trabajo está eso de ir a las reuniones y formar parte de la planificación de los megaproyectos, se entiende que en la medida que el medio ambiente está presente en este país en la toma de decisiones y el peso que tienen nuestros argumentos para decidir las cosas, es decir, poco. Pero bueno, algo es algo. Y me encanta aparecer en las reuniones con mis pantalones vaqueros y mis zapatillas cómodas y codearme con los trajeados ingenieros cabeza-plana que me miran escandalizados preguntándose por qué mi jefe trae a la secretaria a la reunión, ésta no lleva ni minifala ni escote y además se sienta con ellos en la mesa sin ninguna intención de servirles el café. Y encima, para más INRI, ¡habla! Todavía estoy segura, por cuestiones empíricas que me lo han confirmado, que no tienen ni la más remota idea de qué es lo que digo y que todavía no han entendido que debajo del bla, bla bla que ellos oyen, hay información inteligente que seguro son capaces de procesar. Pero bueno, ya poco a poco me voy haciendo un hueco en su mundillo y ahora he conseguido que más o menos me respeten y me llamen para consultarme dudas y pedir mi opinión sobre decisiones mínimas que tienen que tomar. Y me fascina estarles recomendando que hundan la rasante donde el relieve se los permite para hacer falsos túneles que revegetados sirvan como paso de fauna mientras ellos se preocupan por el radio de curvatura y la velocidad de diseño de la autovía.

Entre las cosas malas pues está que detrás de todo hay un mundo de discusiones, de intentar convencer a los que tienen el poder de decidir, de la falta de herramientas, del poco peso que tienen nuestros argumentos y de la actitud pasiva de la Administración. También las horas que le echo cuando tengo una entrega gorda, que me hace tener que sacrificar todos mis fines de semana y trabajar durante mil horas al día delante del ordenador completamente sola, hasta que mi cabeza echa humo gris opaco y yo ya no sé ni quién soy. Y de cosas como que después de meses de trabajo, todavía te manden los planos finales y los ingenieros pareciera que hubieran decidido que los lugares que les dibujaste en el mapa con los yacimientos arqueológicos identificados no son parte de un juego de esos de los de antes de “une la línea de puntos”, porque con una precisión infinitesimal han conseguido unir con una línea continua un montón de localizaciones dispersas en el territorio eludiendo la opción más fácil que es sortearlas. En fin, mi amigo Aitor, que trabajaba conmigo antes, sabe de lo que hablo.

Pero bueno, hoy, acabando un trabajo de fin de master que lleva un año atascándoseme, me he enterado que una fundación de medio ambiente gestiona una finca estupenda en algún lugar de España que ha sido donada por la propietaria para fines conservacionistas. ¿No es una pasada? Y con la asociación de la que formo parte hemos empezado un proyecto gracias a una financiación de un ayuntamiento de un pueblo de Navarra para desarrollar y programa de capacitación de 10 personas de una comunidad indígena de Bolivia para desarrollar un sendero interpretativo en un parque natural. También bonito ¿no? Y ejemplos así hay muchos. Ejemplos que te hacen sonreír por dentro y que te riegan las ganas de seguir adelante en este mundo, lleno, llenísimo de rincones especiales, con un montón de colores.


La sombra del viento...


Me acabo de empezar a leer este libro porque antes me estaba leyendo La Biblia así de seguido y he decidido tomármela con descansos entre medias, que es muy intensa… Me gusta mucho pensar que puedo irme medio pronto a la cama a leer un libro y estar así durante el tiempo que quiera. Hoy no tenía que levantarme muy pronto así que anoche cuando llegué a casa después de tomar algo con los amigos, me puse mi pijama, me lavé los dientes y me dispuse a bucear tranquilamente entre sus páginas sin prisas y sin que el reloj existiera. Todavía no sé cómo termina pero el principio me tiene totalmente enganchada. Quizás sólo por eso merezca la pena la recomendación.


La sombra del viento.

lunes, 7 de febrero de 2005

Insomnio inducido


Cuando tengo insomnio inducido, es decir, cuando mis propios pensamientos no me dejan pegar ojos porque no paran de rodar y rodar, pues me pongo a imaginar palabras. Adoro las palabras con toda mi alma. Elijo una letra al azar del diccionario y entonces tengo que empezar a pensar todas las palabras (cuantas más mejor) que empiecen por esa letra. Y lo hago despacio, porque si no te quedas en blanco enseguida y el blanco-vacío es el color de fondo que más les gusta a esos pensamientos rotatorios para aparecer en escena. Los demás colores los echan.

Elefante. Elegante. Envidioso. Estiramiento. Electrón. Envergadura. Espina. Espinaca. Esterilla. Egipcio. Esmirriado. Etimología. Espiral. Encurtido… Eso sería la letra “e” y las reglas dicen que pueden mezclarse todo tipo de palabras, es decir, verbos en todos sus tiempos, adjetivos, nombres… no importa porque a mí me caen bien todas.

Y entonces me imagino que estoy en una habitación blanca-llena, blanquísima, cerrada a cal y canto para los pensamientos recurrentes pese al color (porque es blanco-lleno), vista desde arriba. Me encanta esa habitación porque hace calorcito y yo voy en manga corta. Y de lo blanco que es todo, no se distingue dónde acaba el suelo y dónde empieza la pared. Y entonces, cada palabra que pienso, la tengo que visualizar en ese cuarto, conmigo. Si es un elefante, pues de repente aparece un elefante y yo me subo arriba y me parto de risa. Y si es un electrón, empieza a rebotar por las paredes y me tengo que agachar para que no me de, cosa que es divertida. Y si es esmirriado de repente me quedo delgadísima y me muero a carcajadas de la pinta que tengo. Y todo eso tengo que hacerlo en silencio, no vale hablar. Solo vale el ruido de la risa que me entra.

Porque claro, la yo que está dentro de la habitación, no sabe qué palabra le va a caer. Todo es muy deprisa y no me da tiempo a avisarla antes de que aparezca. Y además tampoco lo haría porque se me ve muy contenta y divirtiéndome de lo lindo en esa sala blanca con tanta sorpresa.

Otras veces, me sorprendo porque de repente todas esas palabras toman sentido. El otro día, me sorprendí reflexionando sobre la palabra “ataque”. “Ataque preventivo de la URSS” es la misma palabra que “ataque de risa”. La misma palabra. Y no me había dado cuenta porque, como muchas otras, la uso así, en paquete y sin darme cuenta de que quiere decir lo mismo. O que tiene el mismo recipiente al menos. Ataque. Ataquísimo.


Esto del feminismo...


Me parece a mí que esto del feminismo me tiene un poco confundida. En seguida, si a una le preguntan sobre sus inclinaciones más profundas, no duda en subirse inmediatamente al carro de esto de la Nueva Era, la liberación de la mujer, la igualdad de sexos, la educación de género… ¡faltaría más!, que no la vayan a llamar a una retrógrada chapada a la antigua a estas alturas de la película. Yo, ¡a mí que soy tan moderna! Y esas palabras, ¡que suenan tan bien!

Pero el caso es que… no sé… dentro de mí, desde un lugar remoto de mi conciencia, resulta que en este tipo de situaciones autoreflexivas suele haber una voz chiquitiiiiita, que tímidamente me dice desde ahí dentro “oye, jefa, que yo no, que yo no me quiero subir al carro ese”. Así que hoy me he decidido a hacerle una entrevista a esa vocecita interna y, con el ánimo de intrépida enviada especial a los confines más ocultos de mi yo más interno, he preparado una batería de preguntas que prosigo a transcribir:

YO.- ¿Preparada?
yo.- Sí.
YO.- Pongo en funcionamiento la grabadora entonces… A ver, ¿la primera pregunta era…? ¡Ah, sí!, mmmm… si tuvieras que tomar una postura, para centrarnos un poco, entre anti o pro feminista, ¿por cuál te decidirías?
yo.- Pues si te digo la verdad, no puedo decidirme a estar ni en un grupo ni en otro. Lo que quiero decir es que precisamente eso es lo que me pasa, que no consigo decidirme. Mira, me parece que por una parte me imagino que como mujer, o proyecto de, pues debería sentirme inclinada hacia esta lucha social en la que estamos y sentir un llamamiento por la causa. Pero por otra, es que no lo siento.
YO.- Ya veo… ¿y qué es lo que crees que no te convence?
yo.- Pues, desde hace mucho tiempo, siempre he tenido un poco de problema en eso de unirme a grupos o definirme con una palabra que implica que siento y hago cosas predeterminadas, ya definidas, sin pensarlo. Porque es que yo lo pienso, y hay veces que no consigo sentir o actuar como se esperaría de mí.
YO.- No entiendo…explícate mejor.
yo.- Pues… a ver… es como si dentro de mí, estuviera llena de conflictos. Yo quiero sentirme feminista y quiero de verdad creer en la liberación de la mujer y esas cosas, pero es que me parece que el modelo que se está generando no me va del todo. No sé, continuamente nos están bombardeando con mensajes de mujeres estupendas, ejecutivas de nivelazo, mujeres que además de ser madres, han estudiado no sé cuántas carreras y además han contribuido con su inteligencia a que cambie el mundo. O escritoras que dicen lo que piensan en lugares donde hacer eso te cuesta la vida. O ejemplos así. Y yo me miro, y me doy cuenta de que no tengo ninguna de esas virtudes y que posiblemente, no tenga el cerebro ni la inteligencia de destacar sobre las demás.
YO.- ¿Es un complejo de inferioridad o algo así?
yo.- No, que va, yo creo que es cuestión de patrones mal vendidos. O sea, que a las chicas de ahora, pues nos están todo el día dando ejemplos de mujeres 10 super seguras de sí mismas y vendiéndonos la moto que el feminismo es eso, es el éxito de la mujer, el reconocimiento social, etc. ¿Pero qué reconocimiento social? A mi esas cosas me cabrean bastante porque, desde luego que no le quito mérito a las mujeres que tanto se lo curran, pero las demás, digo yo, también tendremos algo que decir en esta historia, ¿no?
YO.- ¿Y qué tenéis que decir?
yo.- Pues lo normal, yo que sé. Que el feminismo está aquí abajo y que no se trata de éxito y de prestigio social, sino del día a día, de un montón de chicas normales que tenemos un cacao en la cabeza entre lo que queremos ser y lo que deberíamos ser que ni te cuento. Es que todo es un mar de dudas y una no sabe ya qué pensar… Por ejemplo, yo ahora mismo, en este momento de la vida en el que me encuentro, pues tengo que decidir muchas cosas y bueno, más o menos, intentar planificar en qué tipo de futuro quiero embarcarme. Y claro, no lo sé. Por una parte, pues me gustaría mucho llegar a algo en mi trabajo, y dedicarme a tener una vida profesional plena y con muchas metas que cumplir. Pero por otro lado, también me gustaría formar una familia, y dedicarme a mis hijos de esa forma que una no puede dedicarse si trabaja. Una duda enorme que pone en la palestra dos eternas rivalidades… pero bueno, hasta ahí, todo razonable, es una duda normal, de las de toda la vida... Pero, ¿qué me dice el patrón del feminismo de todo esto? Pues según lo que me han vendido, yo tendría que ser una super woman y ser capaz de sacar las energías para todo y hacerlo todo además feliz y contenta. Y además, buscarme un marido igual de feminista que yo que me ayudara en las tareas del hogar y en todo. ¡Casi ná! Porque quedarme en casa, cuidando de mis hijos solamente y abandonando mi desarrollo profesional, es una pérdida de mi inteligencia y finalmente, una muerte lenta, lenta. Ves, ahí es dónde yo veo que está uno de los problemas. En toda esta carrera, se nos ha olvidado el que quizás, deberíamos habernos planteado cambiar los valores sociales de la gente. Deberíamos quizás haber empezado por valorar un papel o una función en la sociedad que está totalmente desprestigiado y que hace que, un gran número de mujeres hoy en día, se sientan fracasadas. Hemos intentado crear perfiles nuevos y quizás habría sido menos doloroso para todos haber hecho una reflexión sobre si los antiguos no nos valían. A lo mejor no estaban tan mal.
YO.- Bueno, no sé, ahora la mujer tiene más libertad.
yo.- Pues eso es lo que me creía yo pero no estoy segura… Es verdad que hemos salido a la calle y hemos dicho eso de “oye, tú, que yo también sé ser jefa si quiero y que yo también puedo llevar una empresa si quiero y que yo sé decidir sobre la economía del mundo si quiero”. Pero es eso: si quiero. Y si no quiero, pues me gustaría poder salir a la calle y decir “oye, qué yo también puedo quedarme en casa con mis hijos si quiero sin sentirme mal y tú también puedes si quieres, porque esto también es bonito y tiene una función social importantísima”. ¿No te parece?
YO.- Pues supongo que sí.
yo.- Y ya, más a pequeña escala, pues no ruborizarme cuando pienso que me encantaría encontrar a un hombre que me protegiera cuando tuviera miedo y que me refugiara en su abrazo cuando estuviera cansada. Quiero poder sentir con total libertad moral que me encantaría que me cuidara alguien que además me abriera la puerta de la tienda para que entrara y que me ayudara con las bolsas cuando voy cargada, que tome la iniciativa y que sea él el que me llame cuando no somos ni novios para ir al cine… y que le gustara lo que cocino porque me gusta cocinar para lo demás y en especial para la persona que quiero. Y eso no quiere decir que me tratara como un florero, jolines, que no es eso. Simplemente tener la tranquilidad de poder ser lo que te han enseñado que es ser chica de toda la vida porque te apetece, pese a que ahora esté mal visto y no nos tenga que apetecer. O sea, que no sea algo malo sino una opción, al mismo nivel que ser empresaria o mecánica o escritora o bailarina o lo que quiera ser. De verdad, lo que yo quiera.
YO.- ¿Algo más que añadir?
yo.- Pues de momento, no, pero este post siempre puede cambiar, jeje.

El mar muerto visto por un guisante pesimista, digo pensante

¡Jo! totalmente falta de cosas de las que hablar ya robo las ideas de los demás para mis textos… uyuyuy...
El caso es que si algo diferencia a la morena del guisante son sus diferentes aproximaciones a la vida, ella es optimista y tiende a disfrutar de todo y yo... en fin... el caso es que mi experiencia del mar muerto es bastante diferente. Allí iba yo con mis braguillas corriendo hacia el mar muerto, cabello al viento, piel tersa, cuerpo espigado… en fin, 6 años muy bien llevados, cuando, al introducir mis piececillos en el agua comienzo a chillar de manera horrible. Mi padre, siempre atento, me saca corriendo en brazos de allí y me lava los pies en un lavabo cualquiera: nunca bañarse en el mar muerto con hongos en los pies o heridas de ningún tipo, eso debería decirlo en las guías.
Años más tarde, en una exposición del museo de arte contemporáneo de Lyón había una piscina de agua supersalada que imitaba el mar muerto. Ahí, sin lesiones cutáneas disfruté de una sensación como la de morena…

El Mar Muerto


Quizás estar en el Mar Muerto es estar en un estado intermedio entre la tierra y el agua. Y de repente una se encuentra ahí, flotando en la inmensidad de la nada y diluyendo sus penas en liquido altamente concentrado. Y por eso, cuando estás dentro, te entra una risa que no veas y una se siente estupendamente feliz.

Pocas horas después de estar allí, le escribí un mail a un amigo. Espero que no se moleste si rompo nuestra intimidad y pego aquí en el blog un trocito de nuestra conversación. Pequeñito. Je, je, tampoco creo que lo lea así que esto es medio de estrangis, un secretillo. Oye, corazón, si lo lees... pues no te enfades. Ahí va:

“Y después he probado el Mar Muerto, una sensación extraña. Parecía que el agua fuera dura o que estuviera hecha de látex, porque te envolvía pero no te dejaba caer. Es agua que te sostiene. Y puedes ponerte de pie sin tocar fondo y que tus hombros salgan del agua completamente. Y claro, ante eso no puedes parar de reírte y reírte, hasta que te duele tanto la tripa que no puedes nadar. Pero no importa, porque el agua te manda hacia arriba y solo tienes que dejarte llevar. Y además, nos ha tocado el momento en el que se ponía el sol, naranja, enorme, cayendo sobre el agua... y yo tiritaba de frío, mi cuerpo entero temblaba de hipotermia, pero me daba igual porque era tan feliz que ni el frío ni el calor me importaban”.



El Mar Muerto. Fuera sin hacer pie.

Enfado vital


Hoy estoy muy enfadada con la vida. Rabiosa. Y tengo ganas de pegar verbalmente a alguien. Arrrggg, he bajado al fondo, a donde están mis flaquezas. Así que soy un peligro andante… en plan que tendré que controlarme fuertemente para no pegar dos gritos a mi madre cuando la pobre me pregunte cualquier cosa con la mejor de sus intenciones. O morderme la lengua cuando me dé cuenta de que han vuelto a colocarme la mesa de trabajo para limpiármela y que pueda estar más a gusto. ¡Concéntrate, Laura! ¡Tú puedes!

Porque eso es lo malo de estar rabiosa y lo difícil. Tener que tragarte tus sentimientos y encima luchar contra la injusticia social que se gesta en tu interior es complicado. En seguida la muy asquerosa de la rabia te pincha y genera un huracán de maldad de la nada, que te sale sin darte cuenta por los poros y acaba lanzándose en picado contra quien menos lo merece. Ayayay, qué miedo me tengo.

Y bueno, luego te toca ir limpiando los pedazos del destrozo. Ir barriendo la culpa y pegando con el mejor de los logtite los cachitos de los demás. Pidiendo perdón a los que se cruzaron en tu devenir. Enfadándote contigo misma por no haberte controlado del todo. O bueno, explicando mejor las verdades que has soltado por el camino adornadas con algún que otro improperio que las han modificado un poco. Por lo menos, intentando aprovechar la marea para ir recogiendo y reorganizando puertas que has ido abriendo de un portazo.


viernes, 4 de febrero de 2005

Las dos tan tranquilas


Estas somos el guisante pensante y yo, la morena que parece un pez. Estábamos de cena con unos amigos y nos lo pasamos bien.


Piensa, guisante. Escucha, morena

jueves, 3 de febrero de 2005

¡Gallos del mundo, preparad vuestros trajes rojos!

Sí, el próximo miércoles llega el nuevo año chino, año del gallo. Según mi amiga de Shangai, todos los nacidos en un año de gallo deben vestir nuevas ropas rojas para tener suerte en el año que llega.
Los tigres tendremos que esperar un poco más.

martes, 1 de febrero de 2005

¿Dónde están los colores?

Se han marchado, han emigrado al sur. Aquí en el centro del Europa todo es blanco y gris desde hace semanas y parece mentira que debajo del blanco, dormidos, estén todos los colores esperando para saltarnos encima cuando menos nos lo esperemos ;-)

¿Por qué orden volverán? seguro seguro que algunos colores viajan más rápido que otros, yo creo que el azul llegará primero por que viene volando, pero al verde le va a costar un montón por que viene silencioso desde el interior de la tierra, y tarda más, se despereza y se desenrosca. Una vez todo el verde esté ahí, seguro que el rojo, el violeta, el amarillo, ya se sienten más cómodos y surgen a poquitos…

Ya casi no puedo esperar...