miércoles, 20 de enero de 2010

Corriendo detrás del tiempo...


Corriendo detrás del tiempo, o más bien lamentándome de lo rápido que corre, el muy perro, me paso el día...

Atravieso una de mis múltiples crisis existenciales en las que estoy harta de no tener tiempo para nada... ¿Pero cómo puede ser que el día tenga sólo 24 horas? ¿Pero de dónde voy a sacar yo el tiempo para leer, para dibujar, para aprender a hacer animaciones, para arreglar cosas que no pueden esperar en mi casita, para hacer punto, para coserle el dobladillo al mantel, para cocinar por fin esa receta de kisch, para cuidad de los amigos como se merecen, para... las mil otras cosas que se me ocurren? Todo se trata de asumir, lo sé, que en el día hay que trabajar, hay que dormir, hay que limpiar un poco la casa para no vivir en la pelusa, hay que comer y por tanto hay que hacer la compra y cocinar, pero buffffffffff, ¡no sólo de eso vive el hombre! ¿dónde está el tiempo para el resto?
Este tipo de inexorabilidades del destino, que pensé que iría asumiendo mejor con los años resulta que se me hacen cada día más duras... y prometo que estar leyendo a Sartre en estos momentos no es causa sino consecuencia de mi desazón... ¡cáspita!

viernes, 15 de enero de 2010

Mi primera conferencia todita en alemán, chispas...

Jopete, tengo que aprender alemán como sea, esta ha sido la situación en la pausa café... ahora que vivo en Austria no me van a quedar más bemoles...

Roma

Y mañana me voy para Roma. Si me deja EasyJet, a estas horas estaré volando por los mundos del Señor en mi camino a Italia. La Fontana, la Capilla Sixtina, el Coliseo, el Trastevere... Es que la vida es maravillosa.

¿A qué huele aquí? Mmmm... ¡Ah sí! ¡A vacaciones!

Si alguien tiene alguna sugerencia o quiere descubrirnos al Picapino y a mi un lugar inolvidable de esos que no salen en las guías... estaremos encantadísimos. Mara, qué pena lo de la libreta... si hay en ella alguna info de interés, no dudes en dejármela colgada en la red para disfrutarla. Intentaré conectarme en mi retiro.

Hatsa presto. See you intorno al mio fantastico viaggio (cortesía del google traductor que me da a mi que se ha vuelto majareta con tanta exigencia políglota).

Los aires difíciles

Estoy leyéndome Los aires difíciles, de Almudena Grandes.

He de reconocer que hasta hace poco, esta autora me daba una pereza enorme, pese a los insistentes esfuerzos de mi amiga Mansi por hacerme ver la luz. Que estaba yo empecinada en mi oscuridad, mujer. Todas tenemos estos huecos rellenados con empecinamientos malsanos.

Pero de repente, cayó en mis manos Corazón helado y venciendo mi apatía, como sin darme cuenta ni dejándome pensar mucho en semejante tocho de páginas que se me antojaban densas, decidí un día abrir sus tapas para ver qué estaba pasando dentro. Creo que si digo "¡coño!" con perdón y todo, estoy de forma casi onomatopéyica describiendo lo que descubrí que me había estado esperando.

Yo no soy crítica literaria ni lo intento. A veces me gustan bodrios que a mis amigos les ponen los pelos de punta o consiguen dejarme tal cual libros supuestamente apasionantes que me leo sin pestañear apenas. A cada cual lo suyo. Por eso no diré que es una obra maestra ni nada por el estilo, que juzgar eso se lo dejo a quiénes sepan, sino que diré que a mi personalmente, es un libro que me trasladó sin piedad a un mundo que de repente, sentía muy cercano. Sin preguntar.

Ha sido uno de esos libros que hacen que te quedes mirando al infinito en los ratos muertos y que cuando los piensas, parece que el recuerdo lo has guardado en la tripa y no tienes que buscarlo en la cabeza. Encantar no es la palabra. La palabra quizás es que me conmocionó. Ahí lo dejo.

Así que, sin esperar nada a cambio, permitiendo que el placer de dejarme llevar me invada de nuevo, sin buscar segundas versiones o sentimientos parejos, estoy zambuyéndome en este nuevo libro (para mí) de Almudena Grandes. Ya os iré contando.

Gracias Mansi por ser insistente.

lunes, 11 de enero de 2010

Cara de ida y vuelta (como las buenas bofetadas)


Esta es mi cara de ir a dar clase... así desayuno, voy andando a la parada del tranvía, me subo en él y después me bajo, me subo en el metro, cambio de metro, me bajo y me subo en el otro tranvía... todo con esta cara de mariposas en el estómago-quien me manda-me van a comer viva... así entro en la escuela, en la clase vacía, voy recibiendo a los estudiantes madrugadores y voy ordenando sobre la mesa el caos de papeles que emerge de mi mochila.
Luego llega el momento de los "buenos días" y la clase por arte de mágia sucede poco a poco y lo pasamos bien, nos reímos, dibujo monigotes en la pizarra, me invento alguna regla de gramática, jugamos a algo... y al final la clase termina y se me queda esta cara, que atestigua que al final no ha sido tan malo, que los alumnos en el fondo son majos, que hasta me lo he pasado bien, que esto no se me da mal después de todo y que es inútil tener miedo. Y me siento leve en mi camino de vuelta, pero sé que mañana por la mañana volveré a llevar la primera cara de paseo al tranvía...

Ventanas

La oficina está en un sótano y tenemos dos ventanas grandes que dan a la mitad inferior del mundo cotidiano. Tenemos vistas a mascotas en tamaño completo y dependiendo de la altura, podemos cotillear a los viandantes desde sus caderas a los zapatos. Así es muy difícil tener prejuicios convencionales. Tendré que crearme los míos propios.

Jornada completa

Hoy ha sido mi primer día de trabajo después de vacaciones. Y también el primero con jornada completa, ya que con el 2009 dejé atrás lo de ser una empleada a medias, una compañera de oficina a medias, una colaboradora a medias, una receptora de un sueldo a medias… Ahora ya soy todo eso por entero. Que hoy estoy que me subo por las paredes, vamos.


Receta del souflé laboral 2010:

7 trabajadores

235 gr manías

150 ml de música ambiente

50 cucharadas soperas de teléfonos sonando

20 kg de trabajo


Pelar los ingredientes y meterlos en una oficina diáfana. Precalentar el ambiente con algo de tensión laboral y dejar cocer a fuego lento durante 8 horas diarias como mínimo. Azuce el guiso de vez en cuando con alguna convocatoria de ayudas que venza dos días después, cocinándolo a fuego fuerte. Bajar el fuego de vez en cuando para dejar reposar hasta que hinche el souflé. Sirva y listo para comer.


¿No es una locura esto de tener a la gente en una oficina tanto tiempo? Menos mal que estoy en un sitio idílico que permiten el teletrabajo. Estoy tan de lunes y de cambio de jornada que ni lo veo.

domingo, 10 de enero de 2010

Ayer nos sentíamos extrañamente mayores...

Mis propósitos 2010


Este año mis propósitos van en cadena. Como le explicaba a Dori he decidido aplicar un método nuevo internacional. En vez de la típica lista de cosas, he optado por centralizar. Focalizar. A ver si me sale, porque tengo un año por delante para intentarlo.

Ya es tarde

Tengo cosas que contar pero tengo también mucho sueño. Así que me dejo en el tintero para mañana o más bien el lunes:
  • contaros el curso de pan que estoy haciendo intensivo este finde (pan con masa madre)
  • escribir mis propósitos de año nuevo
Y ahora, zzzzzzzzzzz....

sábado, 9 de enero de 2010

Resaca y encima regla...


Así que lo de "hoy puede ser un gran día" lo veo un poco chungo...

viernes, 8 de enero de 2010

Mis regalos de Reyes.

Ahí dejo mi lista ilustrada de regalos de Reyes Magos. Me han encantado, todos ellos. ¡Viva el 2010!

Estreno la bici

Hoy he estrenado mi bici nueva. Teniendo en cuenta que no me he caído y he vuelto ilesa de mi paseo, con una barra de pan bajo el brazo, podemos decir que actualmente es el deporte que mejor se me da del mundo.

Natalia, ¿te vienes un finde conmigo a El Campillo? Es recto.

jueves, 7 de enero de 2010

Hace algún tiempo...

...pero años ya, se me ocurrió esta tontería:

“2010, odisea despacio”
(por aquel entonces imaginaba a los tripulantes de una nave moviéndose a falsa cámara lenta...)

y llevo unos días riéndome por lo bajini cada vez que me doy cuenta de que, madremivida, efectivamente estamos en el 2010. Pero esto, que es un chiste de padre, como los define un amigo mío, quizá pudiese ser una especie de lema para el nuevo año: intentar conseguir un montón de cosas buenas y complicadas así, con paciencia, despacito... (madre, paciencia yo, ni yo me lo creo... en fin)
Y nada, así como si nada hemos vuelto ¡¡diosssmío!! ¿Será para quedarnos? ¿Será todo esto sólo uno más de esos revival para treintañeros con los que nos inundan? ¿Será un intento desesperado de rellenar de bechamel un vacío existencial? sólo lo iremos viendo despacio, odisea despacio... chan chan...

Una nueva entrada

Me han regalado una bici pero tengo que cambiarla por una de marchas para que no se me hagan cuesta arriba las pendientes ascendentes. He cocinado un arroz en mi sartén nueva ecológica y se me ha pasado pero no me he intoxicado. Lo he mezclado con unas albóndigas majestuosas. Las cortinas del salón que me ha hecho mi madre quedan de rechupete y solo hay que cogerlas un poco el bajo. Me he puesto al día con mis actualizaciones de GoogleReader. He comenzado a organizar mis archivos fotográficos de muebles en mi ordenador. El aluminio de las ventanas se empapa y el suelo de madera está un poco resentido. El sábado he quedado con unas amigas, estupendas las dos, para tomar un café en un sitio nuevo y ponernos al día, cosa que me encanta. Puede que en verano me tome uno en Estocolmo. Ojalá. Mañana voy a intentar no salir de casa porque no me da la gana. Este finde voy a aprender a hacer pan.

Nieva en horizontal y en remolino. La nieve no sabe a dónde va. Como este post, que es un absurdo hacia ninguna parte pero que tiene la divertida tarea de abrir otra vez la aportación de Oye, morena en este blog. Guisante, ¿te animas también?

martes, 13 de enero de 2009

Bueno, la verdad es que aquí estoy, metida en otra aventura (o berenjenal, según se mire):

www.elguisantesprejendoich.blogspot.com

La naturaleza de la idea es diferente de la de carambolas, porque aquí hay alemán (uuu, esa apasionante lengua...), dibujitos incipientes y cobardes y una croqueta algo mas vieja que la de carambolas (pero no por ello más madura ni responsable ni menos perdida en general). También es diferente porque nos falta Morena, claro, pero es que me temo que lo del alemán no le va nada, hehehe, ya la liaremos para otra cosa.

Espero que este mensaje os pille a todos bien, guapos, crecidos y todo eso, a vosotros, que si pasais por aquí a estas alturas es porque sois o unos nostálgicos lectores de blogs polvorientos y abandonados, inasequibles al desaliento, o jóvenes talentosos y modernos conocedores del RSS (lo cual no es mi caso)).

Vale que me enrollo, hasta pronto!

miércoles, 4 de julio de 2007

Esto no se hace...

Nos quedamos mudas, o más bien, sin tiempo para contar lo que se nos pasaba por las cabezas y nos fuimos de puntillas sin decir nada, como peras cobardes...
Creo que ha llegado la hora de cerrar oficialmente croquetas. Es una pena, pero es una realidad. No voy a hacer aquí un balance embarazoso o un último episodio hecho de refritos, aunque confieso que se me hace un pequeño nudo en la garganta pensando en la palabra fin. Morena fue arrastrada por una fuerza devastadora de vida, deberes, ocios y amigos, y me alegro mucho porque probablemente eso quiere decir que pasa menos tiempo con las posaderas achantadas delante de un ordenador. Yo me he cambiado de casa y de país y hay días en que me pasan muchas cosas y días en los que sólo quiero no salir de entre las mantas y me atrinchero con libros y café con leche. Y tengo muchas ganas de contarlo todo, así que estoy juntando cosillas y perseverancia para un día, quizá al final del verano, empezar a contar en otro formato las nuevas cosas que voy viviendo y su grado de neurosis asociado. Cuando comience pondré aquí el enlace por si os apetece daros una vuelta por el nuevo espacio.
Muchos abrazos y muchas gracias.

miércoles, 25 de abril de 2007

Hace mucho que no escribo, imbuida como estoy en mil movidas administrativas para variar, pero no he podido evitar sonreir ante esta noticia, y dieron ganas de compartirla:
Monthy Python formó una orquesta cocotera en Trafalgar Square

miércoles, 28 de marzo de 2007

En italiano...

... pero muy interesante, este videoblog de unos amigos sobre la propiedad intelectual que puede seguirse a través de Arcoiris.tv
Echadle un ojo!¨

viernes, 23 de marzo de 2007

Bienvenidos a Manchester, tierra de polillas seleccionadas y de los Joy Division

En fin, ayer aterrice en esta ciudad que puedo decir, sin miedo a equivocarme, que es una de las mas feas donde nunca he estado. Cielo gris y casas bajas de ladrillo rojo oscuro lo llenan todo con un estilo "revolución industrial" que oprime el pecho.
Aquí huele en todas partes a comida rápida, concretamente a patatas fritas de burger y la gente tiene un aire muy mal alimentado en general. Yo no podría ser feliz aquí, ellos, aparentemente tampoco.
Lo se, jolin, un poco de respeto, esta es una de las cunas de la revolución industrial, parte de la historia de la humanidad y, lo se también, aquí es donde se hizo una de las comprobaciones famosas de la acción de la selección natural, con aquellas polillas que eran muchas blancas y pocas negras antes de que se ensuciara el aire y los arboles, pero que después pasaron a ser muchas negras y pocas blancas cuando los pájaros las veían mejor.
Pero son eventos que me recuerdan un poco la crueldad de la vida en general y de la humana en particular y que me deprimen un poco...
En un sitio asi yo creo que intentaría tocar en un grupo, intentando escapar un poco mas del mundo, lo que explica que esta sea una ciudad de mucha música, de la que han salido por ejemplo los Joy Division... y es que a veces, de las ganas de escapar, salen cosas muy chulas...

martes, 20 de marzo de 2007

Próxima estación: esperanza

Siempre que oigo eso con amigos en la canción de Manu Chao digo muy orgullosa: “eso es del metro de Madrid.” Y me quedo como muy ancha.

¿Cuál es mi próxima estación? La candidata más seria por ahora es Ljubljana, la capital de Eslovenia. Es una ciudad pequeñita pero muy chula, con un río que la cruza, unas montañas que la rodean, un castillo en lo alto de una colina y el mar a una hora de coche (claro, un mar muy estrechito de 40 km., pero mar al fin y al cabo). Allí la gente te mira a la cara por la calle, te dice “salud” si estornudas y las cervezas, por defecto, son de medio litro.

Creo que voy allí en mi afán secreto por aprender idiomas cada vez más minoritarios, hasta que acabe yo inventándome uno propio, porque después de intentar aprender finés, que tiene unos cinco millones de hablantes creí que no iría más lejos, y heme aquí con un curso de “Colloquial Slovene” y un diccionario y todo, dispuesta a hincarle el diente a una lengua eslava con dos millones de hablantes y unos nueve dialectos.

Pero será un buen cambio, tengo mucha esperanza en ello. Al menos la gente parece tener más ganas de vivir que la de aquí y tienen curiosidad por ti y eso es agradable, para variar un poco de la actitud extremamente correcta ginebrina. Desde luego ya iré contando como va todo. Pero aún falta, aún la malvada agencia inmobiliaria tiene que liberarme de mis obligaciones para con ellos... ¿qué pasará?... chan chan...

lunes, 19 de marzo de 2007

Personajes de Ginebra

En breve me iré de esta ciudad y eso me hace mirarla con otros ojos de vez en cuando. La semana pasada me planteé el proyecto de describir en este blog una serie de personajes que yo considero típicos de esta ciudad. A ver si lo consigo porque yo y la constancia... en fin... bueno, lo importante es participar.

El primer personaje que se me ocurrió describir fue un gestor de fortunas. Y fue más o menos así: el otro día caminaba yo por el puente del mont-blanc y veo delante de mí, marchando con un aire de tiburón, un tipo al principio de la cuarentena (la de la edad, no la de la enfermedad, auque nunca se sabe) con un traje que, más que hecho a medida parecía haberle crecido del cuerpo, tanto era preciso. Zapatos lustrados. Andar seguro. Balanceo de cabeza al andar similar al de una estrella de cine. Móvil ultra moderno-fashion-caro-de-diseño en la mano y en la oreja: “Te aconsejo una inversión de tipo bla bla” decía, como quien sabe muy bien lo que dice o como quien sabe fingir muy bien que sabe lo que dice.

Bancos privados que parecen hoteles de lujo, gestores de fortunas sueltos por la calle, forman parte del ecosistema ginebrino. Personajes que son avistables sobre todo a la hora de comer cuando les abren las puertas de los bancos y superoficinas y pueden dispersarse por el centro para comer una ensalada de nouvelle cuisine. Algunos cambian el megatraje por ropa de deporte carísima y salen a correr aprovechando la pausa de la comida. Estos suelen ser los gestores de fortunas y empleados de banca que, bien entrada la treintena, optan por una vida más “sana”, en la que siguen trabajando demasiado y siempre a ritmo vertiginoso pero lo combinan con la sofrología y el zen, una alimentación equilibrada, una afición creativa y de moda pero no demasiado exigente, una pareja del banco de al lado y un poco de ejercicio físico...

viernes, 9 de marzo de 2007

Voy a ir a una boda suiza

Las bodas suizas son, por lo general, en dos tiempos. Y no porque duren tres días como una fiesta como dios manda, sino porque se dividen en dos fases:

- ceremonia y aperitivo

- cena

A la ceremonia y al aperitivo uno invita a “n’importe qui”, que en francés quiere decir “hasta-al-gato”: compañeros de trabajo, próximos pero no demasiado, etc. A la cena uno invita a la familia y a los amigos de toda la vida, esos con los que los suizos han compartido fondues, apasionantes tardes de curling y paseos por las montañas.

Como se trata de la boda de una compañera de trabajo yo formo parte de los gatos esta vez. Ella, en las pausas café habla y habla de como su boda tiene que ser perfecta. Todo está ya perfectamente planificado. Falta un mes y ya nos han mandado un plano de dónde aparcar los coches cerca del registro civil, nos han advertido que el camino que lleva al edificio desde el parking está empedrado y por tanto damas, abstenerse de los favorecedores-pero-propicios-a-los-accidentes zapatos de tacón, sabemos que no quieren bromas pesadas en ningún momento y nada de salvajismos hispanos en la despedida de soltera. Yo me estoy aburriendo ya de antemano un poco, aunque hay que mantener el espíritu neutral, que es una boda suiza, leñe.

jueves, 8 de marzo de 2007

Esto es mucho mas pequeño que en casa de mis padres...

Eso me dijo ayer una individua, que de aquí en adelante llamaremos “la entupida” para mantener su anonimato, al venir a ver mi apartamento.

“La estúpida” me llamó tres veces por teléfono antes de venir porque:

- no podía venir el martes (día que he fijado para las visitas para no tener siempre la casa llena de gente que camina y opina sobre cada detalle)

- no sabia dónde estaba la calle (ni aparentemente cómo mirar un mapa o qué era un mapa)

- había llegado demasiado pronto y en mi casa no había nadie

“La estúpida” no se disculpó por las numerosas molestias que me causó, quizá porque en casa de sus padres hay telefonista o algo...

Aparentemente la casa de los padres de “la estúpida” mide más de 28 metros cuadrados y a ella, su armario enorme y su cama con dosel no iban a caberle en mi cuarto. Y en fin, sí, mi casa es pequeña, incluso microminúscula lo admito, pero jolines, una tiene su orgullo, y ante el quinto “pero esto es pequeñíííísimo, es imposible vivir aquí” mi cerebro entendió: “la gente como tú conseguirá vivir aquí, pero la gente como yo, desde luego que nooo” y mis cotas de amabilidad cayeron en picado y prácticamente la puse de patitas en la calle con un: “en casa de los padres siempre se tiene más espacio, pero cuando uno tiene que pagarse el alquiler una misma la cosa cambia...” y casi en el acto me sentí terriblemente mayor y aleccionadora...

En fin, en el fondo es una pena que a “la estúpida” no le gustase el piso, creo que se llevaría estupendamente con mi vecina la-que-me-golpea-la-pared-cuando-me-cepillo-los-dientes.

miércoles, 28 de febrero de 2007

Del morro de las agencias inmobiliarias en Ginebra

Dejo mi piso a finales de mayo. La agencia que lo gestiona ya ha puesto un anuncio en su página web, así que la gente ya les llama para interesarse por el apartamento. La cosa en Ginebra funciona así:

- La gente llama a la agencia.

- La agencia les da mi número de móvil.

- La gente me llama a mí.

- Yo quedo con ellos y les enseño el piso.

Vamos, que me convierto yo en una especie de agencia inmobiliaria que se pasa el día cogiendo el teléfono y dando cita a desconocidos para que vengan a ver mi casa en toda la extensión de sus menos de 30 metros cuadrados todos cubiertos de ropa sucia. Yo intento restringir las visitas a un día y no respondo al teléfono cuando no me da la gana, pero vamos, que me parece un abuso.

Ayer vinieron dos grupos personas. Un par de señoras de algún lugar de centroamérica que parecían muuuuy desorientadas, las pobres, me dio la impresión de que pensaban que era yo la que decidía si les daba el piso o no... y dos señores con una fragancia a jumilla que pude disfrutar en toda su extensión cuando subimos juntos en el ascensor... Los pobres también intentaron ser hipersimpáticos conmigo, que ni pincho ni corto en la decisión final.

Y es que la situación inmobiliaria en Ginebra es desesperante, pero desesperante de verdad.

Esto promete ser una experiencia de esas que luego dan para rodar un corto, creo que veré una gran diversidad de gente entrar en mi casa en los próximos meses, ya os iré contando...

martes, 20 de febrero de 2007

Una guisante sola ante cuatro croatas

Hoy, por esos avatares del destino, me he encontrado comiendo en un restaurante con cuatro croatas. Y con una muestra pequeña, lo se, pero muy homogénea, puedo decir que los croatas casi solo hablan de mujeres. Mujeres mujeres mujeres, tetas, culos, pedazos de mujeres, mujeres enteras, mujeres en general. El carnaval da mucho de si, a nuestro alrededor por las calles chicas disfrazadas por todas partes. Parcialmente en la realidad y mucho en sus mentes chicas disfrazadas de enfermeras, de colegialas, de gatitas o conejitas... Y a mí, cuando me veo envuelta en estas conversaciones, siempre se me ocurren dos cosas. Una es, ¿será esta una conversación real de los hombres? quiero decir ¿si no hubiese una chica entre ellos, hablarían tanto de mujeres, o es una especie de táctica (extraña) para impresionar? y la otra es una idea un tanto asustadora... quizá no han notado que tras este cuerpo redondo, verde y por supuesto pensante, se esconde un alma sensible femenina y se sienten en confianza como para dar rienda suelta a su torrente testosterónico. El caso es que ha sido divertido después de todo. Los croatas que he conocido hoy, pero quizá todos, tienen un sentido del humor (negro) bastante particular, qué remedio, imagino. Las alusiones a la guerra son inevitables, y las bromas con fondo de tristeza también. Quizá por eso es mejor hablar de mujeres, hablar de mujeres y olvidar todo el resto, y hay tantas mujeres, mujeres libertinas, mujeres católicas pero libertinas y mujeres católicas a secas, mujeres secas, mujeres maduras, mujeres tiernas, mujeres, mujeres, mujeres.

jueves, 1 de febrero de 2007

Tantas ratas como ginebrinos

En Ginebra los periódicos están en la calle en cajas, como en las pelis americanas, y uno mete una moneda (o no), abre la tapa y saca el periódico. Para anunciar los titulares más importantes hay carteles que cuelgan de las cajas donde pueden leerse cosas como esta que se leía hoy: “tantas ratas como ginebrinos” o “circulación: grandes multas para grandes gorros” (aunque después he sabido que “grandes gorros” o “gros bonnets” es una manera de referirse a los personajes importantes). En mi cocina tengo pegados dos, uno que dice “Desnudo como un gusano saquea una iglesia” y otro que dice “Peligro: el Nordic Walking pone nerviosas a las vacas”.
Se me escaparon algunos geniales como aquel que decía “Cada vez más perros italianos en Ginebra” o “abierto el primer centro de bienestar para vacas”... y es que los titulares que escogen los periódicos son la mayor parte de las veces psicodelia pura...

miércoles, 24 de enero de 2007

¡Y me da un síndrome y no es el pre-menstrual!

Yo pensaba que eso del síndrome del restaurante chino era algo que no existía en realidad, un mito, como eso de que te sirven gato, o que en las hamburgueserías se hacen hamburguesas con lombrices o que la carne del pollo frito son masas de pollo mutantes que hacen crecer en obscuros laboratorios al son de música lounge y risas diabólicas..., pero no, señoras y señores.

Hete aquí que el sábado pasado voy con un amigo a comer a un restaurante asiático y decidimos regalarnos con el estupendo menú tailandés que incluye muchas cosas ricas:
Llega la sopa, con sus gambas y su leche de coco y todo ¡viva! Con el hambre que teníamos, tras horas de inanición en la biblioteca buscando tebeos ¡qué rica! Nos la comimos super rápido.
Llegan los pinchos de pollo con su salsa picante con cacahuetes ¡viva! Y come que te come.
Llega la ternera con brotes de soja y oh, oh...

–oye, tu te sientes bien?-

-pues no mucho, la verdad...-

Yo sentía como si el increíble Hulk me estuviese masajeando las sienes. ¡Qué presión en la cabeza! Y como si me fuese a caer redonda si me ponía de pié, pero en vez de estar blanca estaba toda roja... A mi amigo, Hulk se le había sentado en el pecho y también le masajeaba la cabeza... ¡buf! Nos faltaba el aire.

El agobio nos duró muy poquito, unos 10 ó 15 minutos, tras los cuales (incluso durante, debo decir con cierto sonrojo) continuamos comiendo.

Como vino se fue. Y el síndrome del restaurante chino, que aparentemente es una reacción alérgica al glutamato monosódico, pero que no tiene un origen completamente claro, y que parece que no le pasa nunca a los chinos, me permitió explorar una vez más eso que tanto me gusta: las diferencias entre personas optimistas y pesimistas:

Yo, pesimista, pensaba: -¡no, enferma ahora no, que mi seguro de salud tiene una franquicia de 1000 euros!
Yo, pesimista y además peliculera, pensaba además: -¡hay que tomar muestras de la comida, quizá seamos alérgicos a una especia tailandesa que causa una muerte fulminante y horrible y es necesario que los médicos tengan una muestra para poder encontrar un antídoto rápidamente!-. Vamos, como si me hubiese mordido una serpiente en el desierto australiano.

Mi amigo, optimista, pensaba: -¡qué bien, tenemos el hospital central al lado!- y otras cosas tranquilizadoras como –no será nada, debe de ser una ligera alergia alimentaria...-

¿Y qué podemos aprender de todo esto?: que no se puede uno atiborrar de comida tailandesa con el estómago demasiado vacío y que los pesimistas tienen siempre una imaginación mucho más salvaje y entretenida.

jueves, 14 de diciembre de 2006

Descubrimiento asombroso del día

La melodía de la cancioncilla esa de “viva nuestro conductor, conductor, conductor” que cantaban los Simpson en el autobús es parte del Allegro vivace du quatuor à cordes en sol majeur op.104 de Ignaz Lachner... que cosas...

miércoles, 13 de diciembre de 2006

Hoy parece un día normal. ¿Lo será?


Hola, mariposillas. Una vez más, me aburro soberanamente en la oficina y el reloj parece que va hacia atrás. Esto es, en vez de pasar el tiempo, pareciera que menguara y retrocediera de forma proporcional a mi aburrimiento. De esta manera, cuanto más me aburriere, más pareciere que faltare para salir, so pena de momentos puntuales de gracia con los que parece me otorgara el día.

Cuando me aburro pienso. Pero no en lineal, si no de forma concéntrica. Así, me da por deprimirme y es por ello por lo que hoy me encuentro en baja forma moral. Mis hormonas pueden influir en ello, quizás, por hallarse dispuestas a bombardearme en los próximos días con todo su regimiento de babas y supuraciones. No obstante, dados mis irregulares ciclos menstruales, todo ello se convierte en una incógnita que no puedo desvelar sin ayuda de superpoderes. Superpoderes que de más está decir que no poseo, pese a que puedo llegar a suplirlos con gracia y talento. No en días como hoy.

Esta tarde, además, la sola idea de tener que irme a chamuscar los pelos del chichi uno a uno con una máquina láser traída del mismísimo infierno, he de decir que no me reconforta. Menos mal que 15€ de crema anestésica prometen ser un buen billete hacia el país del "no-dolor", en el que yo pueda calmar mis nervios y no gritar a la dominatrix del puñetero láser improperios de cualquier orden y procedencia.

Mañana más.

jueves, 16 de noviembre de 2006

No me gusta Paris

He ido tres veces ya este año y no me gusta. No me dice nada. Es grande, hostil, ruidosa, desagradable y por hacer aquí acopio de todos los tópicos típicos, está llena de parisinos.

Yo soy como el ratón de campo, las ciudades grandes me aturullan.
Paso mal por el paso de cebra en verde por entre todos los coches que parados en medio se pitan entre ellos.
Me pilla la mochila la puerta del metro porque las señoras asquerosas del vagón no se apartan ni un milímetro para dejarme entrar pese a que llego tardísimo.
Todo el mundo tiene cara de comer mal, de estar estresado, de estar cabreado y estornuda o tose sin parar.
En el metro todos los anuncios anuncian agencias para ocuparse de la tercera edad o de los niños cuando salen del cole... probablemente los padres de esos niños solos tengan que trabajar demasiado, quién sabe si en empresas que se ocupan de los niños cuando salen del cole...
No me gusta hacer colas interminables para comprar el billete en una máquina que no devuelve el cambio.
No me gusta que me arrastren las mareas humanas en las calles del centro mientras mastico un sandwich yendo con prisa de un lado a otro.
No me gusta ver surgir la torre Eiffel por entre la nube de contaminación, me parece la puntita por la que agarrar la ciudad desde el cielo y tirarla a la basura...

viernes, 10 de noviembre de 2006

Post inéditos de un guisante en Corea I

Pues resulta que esta mañana, revisando entre mis papeles y cosas, me encuentro un cuadernillo con notas que tomé en mi viaje a Corea del Sur el año pasado, con la idea de escribirlas luego aquí, y se me olvidó. Así que ahora me dispongo a rescatar algunas de ellas.

El link a los post que sí puse está aquí.

ON-SU-RI

La estadía en el templo ha sido interesante, aunque fue algo aventuroso llegar. La parte del metro la hicimos bien, y también cogimos el bus correcto, pero ya en la recta final, con tantos logros a nuestras espaldas, nos pasamos la parada y acabamos no se muy bien donde.

El bus merece descripción a parte. En si era normal, tirando a viejo, así un poco tambaleante, sobre todo si se tiene en cuenta la velocidad brutal a la que conducen los coreanos. Nos sentamos en primera fila como buenos turistas pardillos y le dijimos varias veces al conductor “ON-SU-RI”, que era el nombre de nuestra parada, y él asentía con la cabeza como diciendo “que si, que ya lo he entendido” y nosotros: “ON-SU-RI, ON-SU-RI” y venga a sonreir...

El conductor arrancó el bus, y se agarró con determinación al volante gigante con unos guantes de algodón blanco. Del retrovisor colgaban muchas guirnaldas y muñequitos y eso y en un semáforo, para darle ambiente a la cosa, mete una cinta de Neil Sedaka en el radiocasette y se pone a cantar en inglés de la misma manera en que yo adolescente cantaba cosas como “guorrrrrrddss don camisi tu mi...”.

Antes de cada parada, con sus guantes blancos, cogía el micrófono y decía el nombre de la parada. “Esto es pan comido” pensé yo, pero por si acaso me acerqué a él y le repetí “ON-SU-RI” y él me miró con desconfianza.

De pronto, en un pueblo cualquiera para, se baja todo el mundo menos nosotros, y sigue conduciendo hasta el deposito de autobuses... oh oh...

Entonces yo, inasequible al desaliento, le pregunto: “ON-SU-RI?” y él abre unos ojos muy grandes y gesticula y me dice en perfecto coreano algo como que era la parada anterior, que hay que bajarse, que está muy lejos como para ir a pie, que qué vamos a hacer ahora...

“Taxi?” pues qué remedio...

Justo cerca hay una especie de estación de taxis, una oficinita en la que nos sentamos y esperamos. La oficina era un cuartito con sofás, mesa, teléfono, televisión, ventilador y pescado puesto a secar colgando de un fluorescente...

Y yo necesito un café... me acucia de pronto toda mi occidentalidad de golpe, ¡basta de té! ¡café, café! En la puerta de la estación de taxis hay una máquina que parece de café, pero ¿como saber qué botón apretar? Todos tienen etiquetas que acaban en una palabra que se transcribe KOPI, café (los coreanos no consiguen pronunciar la F y la pronuncian P). Kopi esto, kopi lo otro... no entiendo, pulso un botón al azar y es un kopi horrible sin azúcar... me está bien empleado, por ponerme tan terrenal antes de ir a un templo budista.

Y allí seguimos un rato, espera que te espera, nosotros y el pescado seco, a la luz de un fluorescente de estos que parpadea.

Finalmente el taxista llega y yo me abro paso guía en ristre para decirle, con la ayuda de la sección de frases, que queríamos ir al templo de meditación del loto. Él, con una sola mirada me deja claro que mi frase se parecía como un huevo a una castaña a lo que yo quería decir en realidad. Se lo enseño por escrito y nos lleva ¡Genial!

martes, 7 de noviembre de 2006

Un despertador de verdad

Hoy ha sonado mi despertador, lo he apagado de manera totalmente inconsciente y he seguido durmiendo... esto sucede demasiado a menudo y ahora que parece que han terminado de dar golpes en la obra del piso de abajo, golpes que comenzaban a las 8 de la mañana impidiéndome seguir en los brazos de morfeo, puedo dormir tranquilamente hasta bien entrada la mañana, con lo que luego me toca quedarme en el instituto hasta las tantas...

¿Y la culpa de todo esto de quién es? Pues está claro, del despertador.

Mi despertador es inocente, se deja engañar fácilmente. Tiene dos botones, uno para que siga sonando cada 7 minutos y otro para que deje de sonar del todo. Y está claro que yo no debería darle al botón del silencio permanente si no tengo la intención real de levantarme, pero estamos hablando de alguien en proceso de despertarse, alguien que es capaz de todo por 5 minutos más...

Por ello quiero un despertador que no se deje engañar fácilmente. Señores ingenieros de despertadores, pónganse manos a la obra. El despertador debería permanecer siempre en el modo en el que toca la alarma cada 7 minutos, y resultar irritante de manera creciente: titi titi titi titi titi titi ... Para parar la tortura uno tendría que responder a un set de preguntas de dificultad creciente hasta demostrar que esta despierto de verdad de la buena. Algunas preguntas podrían ser:

¿Qué día es hoy?

¿Cuánto son 27 más 45?

¿La “N” va antes o después de la “L” en el abecedario?

¿Entre qué meses va “Marzo” en el calendario?

¿Dónde está tu pasaporte?

¿Dónde está la factura de la luz que hay que pagar mañana?

lunes, 6 de noviembre de 2006

Ha vuelto el frío y hay que abrigarse, yo propongo una prenda de vestir para cada animal

Calzoncillos con bolsillos para los topillos

Calcetines de colorines para los delfines

Leotardos para los leopardos

Pantalones para los muflones

Camisetas para las mofetas

Gorros para los zorros

Y guantes menguantes para los elefantes

viernes, 3 de noviembre de 2006

Una palabra que me gusta hoy (quizá porque sopla viento)

Vibrisas

I think i’m paranoid...

El otro día fui a la OMS y en un momento dado tuve que ir al baño. Salgo yo de hacer pis y me encuentro que junto al lavabo hay un cartel con pinta oficial que dice “¿Te has lavado las manos?” y todo un bla bla de explicación sobre todas las enfermedades que pueden transmitirse por no lavarse las manos, que si salmonelosis, que si esto que si lo otro etc., etc. Y yo, fríamente pensé: he venido limpia de casa, no he tocado nada sucio, he hecho pis, me he limpiado sin mayores embadurnamientos y he salido... ¿debo de verdad lavarme las manos? Y no es por ser cochina, pero es que yo, como toda chica moderna que intente mantenerse hidratada, bebo mucha agua y haré pis unas 12 veces al día. Si me lavase siempre las manos sencillamente ya no tendría manos... y es que estamos exagerando, los chicos que se tocan su pancho para hacer pis, vale, pero las chicas... Si tengo que escoger, prefiero un problema gastrointestinal transitorio que un trastorno obsesivo compulsivo permanente... estos chicos de la OMS los pobres están bajo demasiada presión y comienzan a rayarse...

jueves, 2 de noviembre de 2006

La hora que no existe

El domingo pasado cambió la hora. Siempre tengo una montaña de sensaciones cuando cambian la hora: cuando me “quitan” la hora lo odio, siempre es una hora de sueño o una hora de amor o una hora de bailar o estar con amigos que alguien me roba.

Desde aquí propongo una movilización general para que la hora, en lugar del sábado-domingo la quiten el lunes por la mañana. Estoy segura de que entrañaría ciertas complicaciones pero la gente estaría dispuesta a hacer un pequeño esfuerzo con tal de que el lunes a las 11 de pronto fuesen las 12 y quedase menos tiempo para salir del trabajo.

Cuando me “dan” la hora, por lo general me gusta. Duermes más, bailas más, amas más... esta vez, sin embargo fue agridulce porque esperé más. Venían a verme de lejos en tren. Qué desespero, qué arrastrarse innoble de minutos, incluso de segundos, despaaaaacio despaaaaacio... y de pronto, golpe cruel del destino, cambio de hora. De vuelta a la casilla de las dos. En mi inocencia creí por un momento que llegarían a verme antes, una hora antes, pero no. Increíble revelación, señoras y señores, los trenes del mundo paran en el cambio de hora, cada uno en su vía, en la noche, en el medio de algún sitio y esperan una hora enterita con todos sus pedazos. ¡Qué desespero! pero ¡qué belleza! todos esos trenes parados en la noche durante una hora que no existe...

El guisante ataca de nuevo: noticia repugnante del día

Chuck Norris a ido a Irak para levantar la moral de las tropas americanas...

lunes, 16 de octubre de 2006

Hogar dulce hogar


Últimamente, estoy de lo más hogareña. Me paso la semana intentando no llenar de eventos la agenda, con el fin de poder quedarme en casa entre semana y tener una vida tranquila. Me apetece tumbarme a leer, coser, hacer la cena, ver la tele… todo en pijama de franela, jersey de algodón y zapatillas blanditas con pelo por dentro. Es como si me apeteciera tener paz de postre y fuera la única forma que tengo de conseguirlo.

También me apetece mucho irme a una casa rural. Una en la que se esté muy calentito y en al que haga mucho frío fuera. Y salir a pasear por el bosque pelado por la mañana, en un día gris de esos que quedan genial con el marrón y el verde, y volver por la tarde a por un chocolate caliente delante de la chimenea, recién duchada y con mi pijama de nuevo.

Voy a intentar escaparme un fin de semana a una que tiene una amiga de mi madre muy bonita en Ávila. Me gustaría que se vinieran mis amigos, porque me río mucho cuando están y también es como absorber paz a raudales sin esfuerzo. Pero no muchos, que luego me entra la fobia social y no puedo salir de mi propio caparazón porque no encuentro la llave.

viernes, 13 de octubre de 2006

Entre intestinos anda el juego


El intestino es una parte del cuerpo alucinante. Mientras estás sentada trabajando, andando por la calle, durmiendo, él está ahí retorciéndose, absorbiendo y dando forma a la caca. Es muy fuerte pensar que tenemos semejante manufactura incorporada y no nos percatamos de su existencia y mucho menos de la cadena de montaje, salvo en el final del proceso.

¡Una puede estar vestida en raso tranquilamente en una fiesta en al Embajada Griega, con dos pendientes de diamantes con brillo propio y sonriendo al tuntún, y a la vez estar confeccionando un chorizo (con perdón) en toda regla! Jolines, esto sí que es incongruente

jueves, 28 de septiembre de 2006

Frantico

(Para los que lean francés y sean un poco guarros)

Y resulta que hay blogs de dibujantes de comics... claro, esto seguro que era obvio para muchos (especialmente para los dibujantes de comics) pero yo me enteré antesdeayer.

Y he aquí un link a uno simpático, en francés:

http://www.zanorg.com/frantico/

Te cambio mi vida

(pero sólo por un rato, luego me la devuelves)

Siempre he pensado que una buena respuesta a esa pregunta de: “¿por quién te cambiarías?” Es esa de, “por nadie, no querría ser ninguna otra persona”. Y la verdad es que no, no querría ser otra, bastante trabajo me ha costado intentar entenderme minimamente como para ponerme a estas alturas a cambiarme por otros. Pero eso no es del todo honesto, porque lo que no quiero es cambiarme PARA SIEMPRE, pero por un rato...

Cuando era pequeña, cuenta la leyenda de mis recuerdos deformados, que me cambiaba la ropa al llegar al colegio con una amiga. Tendríamos 7 u 8 años y llegábamos al cole, íbamos al baño y nos cambiábamos la ropa, a la hora de irse nos la cambiábamos otra vez. ¿Por qué? ni idea... ni siquiera se si sólo pasó una vez o varias, lo que si creo es que no tenía nada que ver con vernos en pelota picada la una a la otra por que no recuerdo nada de eso... en fin. Que yo creo que quería ser ella (que iba vestida un poco más cursi que yo, con faldas y eso) por un poco y ella quería ser yo (que llevaba petos de pana y botitas kickers rojas y azules con velcro) por otro poco, y luego volver tranquilamente a ser quien éramos.

En estos días estoy haciendo algo parecido, pero sin travestismos. Mi compañero de despacho tiene que acabar de escribir un texto sobre las teorías en torno al origen del SIDA y yo tengo que hacer una estupenda bibliografía analítica de la historia del cáncer. Hartos de estar hartos y de quejarnos y de oírnos quejarnos, etc., nos hemos cambiado las vidas. Y él me está haciendo un trabajo estupendísimo, oiga, y yo, pero qué contenta estoy con mi texto. Quizá esto tenga que ver con el hecho de que puedo echarme unas parrafadas ininteligibles y que mi nombre no aparecerá por ningún lado, pero creo que no, creo que uno vuela mucho más libre y hace mejor las cosas que requieren creatividad sin el peso de la responsabilidad. Y sin haberlo planeado, me he marcado un pareado anónimo firmado por el...

martes, 26 de septiembre de 2006

Sobre el sufrimiento inútil

Acabo de llegar a mi puesto de trabajo (de este sufrimiento útil quizás hable en otra ocasión) tras un penoso trayecto a pie desde mi casa con unos zapatos que me hacen polvo los pies. Y venía pensando dos cosas por el camino:

  1. Que mi sufrimiento inútil soportado con estoica entereza me daba seguramente un aire de poetisa urbana atormentada (puesto que no cojeaba, para no delatarme).
  2. Cuánto el sufrimiento inútil parece ser considerado una virtud en nuestra sociedad, tanto en el mundo frívolo (para presumir hay que sufrir) como en el espiritual-elevado (cierro los ojos y veo señoras andando de rodillas en las procesiones o cosas así).

En fin, ¿por qué esta hipervalorización del sufrimiento? Yo como buena atea con dejes de antropóloga le busco siempre las culpas a la religión, y divagando divagando he acabado pensando: ¿no es un poco raro que Jesús y los otros, claro, llevasen su propia cruz a cuestas en el vía crucis para luego ser crucificados? ¿Y si se hubiesen negado? ¿Habría cambiado mucho la cosa? ¿Sería nuestro mundo un poquito distinto tirando a mejor?

-Pues no, mire, la cruz la va a llevar a hombros vuesa merced el centurión, y a mi a caballito si quiere...

De remate


Estar loco es una cosa muy seria, que no se consigue así como así. Tienes que estar todo el rato haciendo de las tuyas para que la gente mire para otro lado y diga muy bajito “pobre, con lo que ha sido”. Estar chalado de remate es un proyecto de vida, es una inversión a largo plazo.

Cosas que puede hacer un loco (versión ligera): ponerse calcetines de colores desparejados y pantalones pesqueros, atarse los pantalones con una cuerda, cantar muy alto en la oficina o en el autobús, ir a por un café a la máquina en pijama, decirle a tu compañera de piso que te molesta que sea feliz, hacer como si nada hubiera pasado o como si lo que hubiera pasado fuera normal, reírse solo y a destiempo. No se me ocurre más, o se me ocurren muchas cosas que no caben.

Para otro punto de vista: post “Que no se nos oxide el absurdo” del martes, agosto 22, 2006 (Guisante pensante)

viernes, 22 de septiembre de 2006

In Memoriam : Valki

Antes de ayer se me murió, de muerte natural, mi perro Valki. O mejor dicho, nuestro perro Valki. O mejor dicho aún, el perro que vivía con nosotros: Valki.

Valki nació en casa de mis padres cuando yo todavía vivía allí, hace unos 14 años.

Valki era grande, de color marrón y negro y tenía una barba como la de la pantera rosa.

Valki tenía un aire tonto y simpático, hacía ruidos como de gato y tenía un aliento horrible.

Vivía en el jardín, dormía en un hueco debajo de la casa y siempre intentaba escaparse cuando uno entraba en la parcela, especialmente cuando uno venía cargado de bolsas de la compra, maletas, mochilas, bombonas de butano, etc. Aparentemente su intención no era huir para siempre, sólo parecía querer ir a darse una vuelta, revolucionar a todos los perros del barrio y volver hecho polvo a beberse toda el agua de su barreño.

A lo largo de su vida casi no aprendió ningún truco (quizá los encontraba denigrantes, como yo, o sencillamente poco interesantes). Muy a menudo pasaba de sentarse o de dar la pata cuando se lo pedías, pero lo mejor que hacía, o que no hacía en realidad, era lo de traer un palo. Si tu le tirabas un palo, él iba al lugar en el que aproximadamente había caído, buscaba un poco, y si no lo encontraba te traía otro palo cualquiera. Yo siempre encontré eso genial, como si le diese la vuelta a todo el truco, como si al que le interesase el palo fuese a ti y no a él. Quizá tenía razón y a mi me parece que con ello expresaba una sinceridad de la que otros perros no son capaces: -“¿todo esto del palo para qué?" -parecía decir- " quieres uno, pues ahí tienes este”.

En las veces en que salí al campo con él, nunca se alejaba demasiado de mí, y si desplegaba el mapa para orientarme, sentada en el suelo, él venía rápidamente, se tumbaba sobre él mirándome con un aire medio inocente medio de triunfo.

Los niños pequeños y él se generaban curiosidad mutuamente. Más saltaban los niños al verlo, más saltaba él. A veces les ladraba, pero no para asustarlos, sino de puro nerviosismo. Los olisqueaba y los empujaba un poco con el hocico, para estudiarlos un poco, pero nunca se portó mal con ninguno.

No supimos nunca que podía ser fiero hasta que nos dijo el cartero que a veces le daba miedo.

Es difícil saber si tuvo una vida plena, pero creo que en general fue feliz: comía bien, corría siempre por el jardín y se reprodujo al menos una vez con la perrita de un señor (es cierto que no es mucho, pero algo es algo). Años más tarde mantuvo una relación de “algo más que amistad” con Roque, el otro perro que vino a vivir con nosotros después que él. Había en su historia algo de territorialidad, claro, pero parecía que no sólo. Poco a poco se quedó viejito y se le pasó la fogosidad, pero que le quiten lo bailao.

Valki tenía ciertas malas costumbres, como tirarse pedos con ruido o eructar. Comía avispas y cuando bebía agua y estabas a tiro venía a mojarte con sus barbas chorreantes. El jardín era su territorio, y si te tumbabas en la hamaca a dormir en verano, primero venía contento y te echaba el aliento y luego se encaramaba y se te tumbaba encima a lamerte la cara y a dormir también, no había nada que hacer, toda resistencia era inútil.

Ahora se ha ido. No más gruñidos de gustito cuando le rascabas el lomo. No más barbas mojadas de repente en medio de tu siesta. No más pedos con ruido de los que él mismo se asustaba a veces. No más miedo en las tormentas o con fuegos artificiales...

Nos quedan, eso sí, todas esas imágenes de él, el recuerdo de cómo se enfadaba cuando lo regañabas, o de como parecía sentirse ridículo y ofendido si te reías de él cuando mi madre le cortaba el pelo en verano. Y nos queda también la manera rara en que Roque ladra, manera que copió de él (sin mucho éxito, todo hay que decirlo).

Y yo intento no estar muy triste, intento aprender de un amigo su manera serena de asumir la falta de los seres que ya no formarán parte del futuro de su vida, pero 14 años de recuerdos son muchos recuerdos y algo duele...

Quizá ayudaría ahora tener un arrebato místico-romántico e imaginarlo corriendo por jardines sin vallas o algo así, pero a mí no me sale mucho... en fin, te echaremos de menos, Valki.

miércoles, 20 de septiembre de 2006

Las vallas no provisionales

De camino al trabajo desde mi casa (un total de algo más de un kilómetro quizás), el otro día conté 111 vallas metálicas amarillas de las que se ponen en las obras, 43 en la Plaza de París y el resto en la Calle Fortuny. Pero están porque haya obras, sino que están ahí permanentemente todo el año para evitar el paso de la gente a sitios determinados, como por ejemplo la Audiencia Nacional, el Tribunal de Cuentas o no sé qué organismos estatales.

No es de esperar que de la noche a la mañana, todas estas sedes tan importantes de la Administración se vayan a mover del sitio. Igualmente, es de suponer que es necesario cortar el acceso a los transeúntes o evitar el estacionamiento de los coches reiteradamente delante de las puertas o alrededores.

La pregunta es entonces, por qué somos tan cutres y no ponemos unas vallas permanentes, con algún dispositivo que las mueva o las esconda en caso de que sea necesario, en vez de tener todo el día las vallas estas amarillas de aquí para allá, la mayoría rotas y del año 0, que hacen tan fea la ciudad.

martes, 19 de septiembre de 2006

Mi coche, me lo robaron


La primera parada. Castellana.

El otro día iba tranquilamente con mi Javi por la Castellana camino de una cita con nuestros amigos, cuando de repente fuimos requeridos en un control de rutina que estaba llevando a cabo un aburrido funcionario de movilidad. Que si enséñame el documento A, ahora el B, fíjate que el C te caduca en breve… cuando de repente, y cuando ya creíamos que teníamos todas las pruebas superadas (progresa adecuadamente), se le ocurrió contrastar la matrícula del coche con la de los papeles. ¡Y fíjate tú qué curioso!, que va y resulta que somos unos tránsfugas de la justicia y vamos por la vida con un coche que luce bien a la vista una matrícula que no es suya.

Los papeles administrativos y la rutina de un funcionario aburrido abnegado por la causa del transporte urbano, hicieron de esta experiencia matriculil algo difícil. Así que el que nos había parado, el mismo que había descubierto el fallo en la matrícula, empezó a llamar a gente y más gente, compañeros suyos también al servicio de la movilidad automovilística, para debatir el caso. Voy a omitir las conversaciones sesudas que allí se mantuvieron entre los agentes del orden, que no sabían si mandarnos a Chirona por delincuentes juveniles o hacer la vista gorda y marcharse a tomar unas cañas con los amigos del barrio. También es que pudimos confirmar que no tenían ni idea de qué hacer. Como siempre, en este país, las cosas nunca están claras y en ocasiones como esta, resulta que ves los verdaderos vacíos de la administración que se mezclan en estado de sublimación con la pereza intrínseca que debe dar tener un sueldo de por vida a la hora de realizar un trabajo a última hora de tu turno.

Pero bueno, terminamos siendo escoltados por amables policías hasta la comisaría más cercana, con el fin de que nos demostraran que tenían todo bajo control y que esto estaba chupado. Dos horas y media después, salíamos por la puerta de la comisaría sin coche, con un cabreo de dos pares de narices y con la fuerte convicción de que efectivamente, ser policía, llevar un arma y estar al mando del orden en este país, no requiere, por lo visto, ningún signo de inteligencia al menos exterior (para tranquilizar a los ciudadanos cuando estamos en sus manos más que nada). Por Dios, ¡que alguien enseñe a esa gente a escribir a máquina con más de dos dedos!

Segunda parada. Las Barranquillas.

El urbanismo en esta ciudad es de lo más agresivo. El hecho de que un trozo insignificante de terreno valga una millonada que no puede ni pagarlo una ortodoncia entera hecha de muelas de oro macizo, hace que un depósito de coches tenga que estar localizado en Las Barranquillas. Así que para allá que nos fuimos el lunes a recoger nuestro bólido del almacén temporal, con las matrículas buenas bajo el brazo y la remachadora en la maleta.

Llegar hasta allí no es fácil, y eso lo sabéis los que hayáis tenido que ir. Como buen lugar inmundo no existe para el ayuntamiento, y es mejor hacer como que no pensamos en ello para que desaparezca para siempre. Y si no existe, ¿para qué hacer carteles que indiquen cómo llegar? Nadie que no sepa ir ya por adelantado quiere ir a ninguna parte. Y si quieres ir, por si acaso eres de los malos, no te ayudan a conseguir tu propósito. Pero llegas, como a todos los sitios si te lo propones.

El mundo civilizado, en el que la gente ama y ríe, camina recta y mira al horizonte, acaba donde termina el buen asfalto. A partir de ahí, tienes que avanzar por un camino cochambroso que te advierte a cada paso que superar la barrera imaginaria siempre fue por tu cuenta y riesgo. Muros a un lado y a otro, camino estrecho, mucho barro y mucha, mucha, gente sin gente. Cuerpos enclenques, desafiando a la distancia, dirigiéndose hacia el poblado. Y camiones enormes circulando a toda velocidad, moviendo mucho aire al pasar.

El depósito de coches está ahí, rodeado con una valla con alambrada de pinchos sobre un muro de cemento altísimo. Dentro, unos miles de toneladas de chapa se amontonan bajo la mirada experta de guardas de seguridad. Oye, que yo vengo del mundo civilizado. Yo soy normal y no me merezco estar aquí, así que dame el coche rápido, por favor, que quiero irme a mi casa. Este lugar es muy extraño.

Y nos dieron el coche, pusimos la matrícula en el camino cochambroso con cuidado de que los camiones no se nos llevaran por delante y emprendimos la marcha hacia nuestra verdadera ciudad. Una ciudad en la que estas cosas de Las Barranquillas no pasan.

Mis amigas y el yonki-taxi.

El mal que pueden hacer los carteles en el bienestar social no está estimado por ningún indicador. Y es algo patente.

Tengo unas amigas que viven en la Glorieta de Embajadores y están hartas de la afluencia de toxicómanos a su calle, ya que se reúnen ahí para coger los yonki-taxis a Las Barranquillas. También pululan por ahí y se pinchan en los portales porque no tienen casas donde hacerlo. Los portales están a la vista de todo el mundo, y como mis amigas son mundo, pues los ven y tienen miedo. Yo las entiendo porque pese a que piensas que los pobres con esos brazos y esas piernas no tienen fuerza para nada, ellos cuentan con el arma de la impresión que te da, que anula por completo tu baza del ratio músculo-suyo/músculo-tuyo.

Pero ya he descubierto el misterio, porque he bajado a las catacumbas de Madrid. Y es que desde Las Barranquillas, los únicos carteles que te indican, dicen “c/ Embajadores”. No hay más que seguir las indicaciones. Y si las sigues, pues llegas a la casa de mis amigas y les das una alegría si eres tú o les das un susto si estás puesto de todo.

jueves, 14 de septiembre de 2006

Frío, resfriado y ganas de ná!

Estoy leyendo la Ciudad de los Prodigios de Eduardo Mendoza y me deprime me deprime me deprime y ya está.

Ya sabía yo que este mundo era un asquito, pero tener 475 paginas de un tío sin escrúpulos como protagonista y espiar sus acciones noche tras noche me pone triste y me cabrea. Para ver lo descarnado que es el mundo me basta leer el periódico (si quiero que además de parecerme descarnado me de nauseas me basta con leer dos periódicos). En fin, ya me queda poco, sólo 50 páginas de sufrimiento más y cuando acabe quiero lanzarme en los brazos cálidos de un libro positivo y optimista. Lo tengo un poco chungo, claro, porque los libros que me esperan en la mesilla de noche no tienen pinta de ser la alegría de la huerta precisamente: El extranjero, de Camus, A sangre fría, de Capote... Quiero más libros de la familia Malausenne (de Daniel Pennac) o más Historia del amor, Morena, socorro!!!

martes, 12 de septiembre de 2006

Oficina para todos

He realizado una encuesta sobre mi estado de ánimo actual. Os animo a contestarla (en algunas se puede pedir una multirespuesta):

1. ¿Te aburres en la oficina?
a. sí
b. soy una pelota y no me aburro nunca
c. no tengo vida y mis amigos de la ofi son mi familia

2. Crees que las vacaciones han sido pocas porque...:
a. no me ha dado tiempo a tostarme
b. soy maravillosa y me merezco mucho más
c. tengo mala memoria y ya se ma han olvidado

3. Tu sensación en la oficina es:
a. esto no va conmigo
b. al estrés, fuera bicho, fuera.
c. estoy como pez en el agua

4. Tu forma de evadirte es:
a. pienso que internet me llevará a la salvación en este trimestre
b. pienso que este invierno renuevo mi vestuario de oficina
c. pienso que mientras estoy aquí no como y reduzco celuloide

5. Nada más llegar siempre piensas en:
a. cuando suene la señal quedarán 7 horas y 29 minutos para la salida
b. ¡a por las tareas pendientes!
c. las vacaciones de navidad están a la vuelta

viernes, 1 de septiembre de 2006

Sueño a secas


Hoy la cota del sueño súbito ha descendido considerablemente, con lo que los trabajadores del mundo pueden llegar a alcanzarla con facilidad y sin esfuerzos. Los síntomas pueden ser: decaimiento, pesadez, párpados como plomos, acortamiento de la visión, disfuncionalidad en las tareas básicas (tragar saliva, cerrar la boca, abrir los ojos…), comprensión verbal procedente del exterior mermada.