miércoles, 25 de abril de 2007

Hace mucho que no escribo, imbuida como estoy en mil movidas administrativas para variar, pero no he podido evitar sonreir ante esta noticia, y dieron ganas de compartirla:
Monthy Python formó una orquesta cocotera en Trafalgar Square

miércoles, 28 de marzo de 2007

En italiano...

... pero muy interesante, este videoblog de unos amigos sobre la propiedad intelectual que puede seguirse a través de Arcoiris.tv
Echadle un ojo!¨

viernes, 23 de marzo de 2007

Bienvenidos a Manchester, tierra de polillas seleccionadas y de los Joy Division

En fin, ayer aterrice en esta ciudad que puedo decir, sin miedo a equivocarme, que es una de las mas feas donde nunca he estado. Cielo gris y casas bajas de ladrillo rojo oscuro lo llenan todo con un estilo "revolución industrial" que oprime el pecho.
Aquí huele en todas partes a comida rápida, concretamente a patatas fritas de burger y la gente tiene un aire muy mal alimentado en general. Yo no podría ser feliz aquí, ellos, aparentemente tampoco.
Lo se, jolin, un poco de respeto, esta es una de las cunas de la revolución industrial, parte de la historia de la humanidad y, lo se también, aquí es donde se hizo una de las comprobaciones famosas de la acción de la selección natural, con aquellas polillas que eran muchas blancas y pocas negras antes de que se ensuciara el aire y los arboles, pero que después pasaron a ser muchas negras y pocas blancas cuando los pájaros las veían mejor.
Pero son eventos que me recuerdan un poco la crueldad de la vida en general y de la humana en particular y que me deprimen un poco...
En un sitio asi yo creo que intentaría tocar en un grupo, intentando escapar un poco mas del mundo, lo que explica que esta sea una ciudad de mucha música, de la que han salido por ejemplo los Joy Division... y es que a veces, de las ganas de escapar, salen cosas muy chulas...

martes, 20 de marzo de 2007

Próxima estación: esperanza

Siempre que oigo eso con amigos en la canción de Manu Chao digo muy orgullosa: “eso es del metro de Madrid.” Y me quedo como muy ancha.

¿Cuál es mi próxima estación? La candidata más seria por ahora es Ljubljana, la capital de Eslovenia. Es una ciudad pequeñita pero muy chula, con un río que la cruza, unas montañas que la rodean, un castillo en lo alto de una colina y el mar a una hora de coche (claro, un mar muy estrechito de 40 km., pero mar al fin y al cabo). Allí la gente te mira a la cara por la calle, te dice “salud” si estornudas y las cervezas, por defecto, son de medio litro.

Creo que voy allí en mi afán secreto por aprender idiomas cada vez más minoritarios, hasta que acabe yo inventándome uno propio, porque después de intentar aprender finés, que tiene unos cinco millones de hablantes creí que no iría más lejos, y heme aquí con un curso de “Colloquial Slovene” y un diccionario y todo, dispuesta a hincarle el diente a una lengua eslava con dos millones de hablantes y unos nueve dialectos.

Pero será un buen cambio, tengo mucha esperanza en ello. Al menos la gente parece tener más ganas de vivir que la de aquí y tienen curiosidad por ti y eso es agradable, para variar un poco de la actitud extremamente correcta ginebrina. Desde luego ya iré contando como va todo. Pero aún falta, aún la malvada agencia inmobiliaria tiene que liberarme de mis obligaciones para con ellos... ¿qué pasará?... chan chan...

lunes, 19 de marzo de 2007

Personajes de Ginebra

En breve me iré de esta ciudad y eso me hace mirarla con otros ojos de vez en cuando. La semana pasada me planteé el proyecto de describir en este blog una serie de personajes que yo considero típicos de esta ciudad. A ver si lo consigo porque yo y la constancia... en fin... bueno, lo importante es participar.

El primer personaje que se me ocurrió describir fue un gestor de fortunas. Y fue más o menos así: el otro día caminaba yo por el puente del mont-blanc y veo delante de mí, marchando con un aire de tiburón, un tipo al principio de la cuarentena (la de la edad, no la de la enfermedad, auque nunca se sabe) con un traje que, más que hecho a medida parecía haberle crecido del cuerpo, tanto era preciso. Zapatos lustrados. Andar seguro. Balanceo de cabeza al andar similar al de una estrella de cine. Móvil ultra moderno-fashion-caro-de-diseño en la mano y en la oreja: “Te aconsejo una inversión de tipo bla bla” decía, como quien sabe muy bien lo que dice o como quien sabe fingir muy bien que sabe lo que dice.

Bancos privados que parecen hoteles de lujo, gestores de fortunas sueltos por la calle, forman parte del ecosistema ginebrino. Personajes que son avistables sobre todo a la hora de comer cuando les abren las puertas de los bancos y superoficinas y pueden dispersarse por el centro para comer una ensalada de nouvelle cuisine. Algunos cambian el megatraje por ropa de deporte carísima y salen a correr aprovechando la pausa de la comida. Estos suelen ser los gestores de fortunas y empleados de banca que, bien entrada la treintena, optan por una vida más “sana”, en la que siguen trabajando demasiado y siempre a ritmo vertiginoso pero lo combinan con la sofrología y el zen, una alimentación equilibrada, una afición creativa y de moda pero no demasiado exigente, una pareja del banco de al lado y un poco de ejercicio físico...

viernes, 9 de marzo de 2007

Voy a ir a una boda suiza

Las bodas suizas son, por lo general, en dos tiempos. Y no porque duren tres días como una fiesta como dios manda, sino porque se dividen en dos fases:

- ceremonia y aperitivo

- cena

A la ceremonia y al aperitivo uno invita a “n’importe qui”, que en francés quiere decir “hasta-al-gato”: compañeros de trabajo, próximos pero no demasiado, etc. A la cena uno invita a la familia y a los amigos de toda la vida, esos con los que los suizos han compartido fondues, apasionantes tardes de curling y paseos por las montañas.

Como se trata de la boda de una compañera de trabajo yo formo parte de los gatos esta vez. Ella, en las pausas café habla y habla de como su boda tiene que ser perfecta. Todo está ya perfectamente planificado. Falta un mes y ya nos han mandado un plano de dónde aparcar los coches cerca del registro civil, nos han advertido que el camino que lleva al edificio desde el parking está empedrado y por tanto damas, abstenerse de los favorecedores-pero-propicios-a-los-accidentes zapatos de tacón, sabemos que no quieren bromas pesadas en ningún momento y nada de salvajismos hispanos en la despedida de soltera. Yo me estoy aburriendo ya de antemano un poco, aunque hay que mantener el espíritu neutral, que es una boda suiza, leñe.

jueves, 8 de marzo de 2007

Esto es mucho mas pequeño que en casa de mis padres...

Eso me dijo ayer una individua, que de aquí en adelante llamaremos “la entupida” para mantener su anonimato, al venir a ver mi apartamento.

“La estúpida” me llamó tres veces por teléfono antes de venir porque:

- no podía venir el martes (día que he fijado para las visitas para no tener siempre la casa llena de gente que camina y opina sobre cada detalle)

- no sabia dónde estaba la calle (ni aparentemente cómo mirar un mapa o qué era un mapa)

- había llegado demasiado pronto y en mi casa no había nadie

“La estúpida” no se disculpó por las numerosas molestias que me causó, quizá porque en casa de sus padres hay telefonista o algo...

Aparentemente la casa de los padres de “la estúpida” mide más de 28 metros cuadrados y a ella, su armario enorme y su cama con dosel no iban a caberle en mi cuarto. Y en fin, sí, mi casa es pequeña, incluso microminúscula lo admito, pero jolines, una tiene su orgullo, y ante el quinto “pero esto es pequeñíííísimo, es imposible vivir aquí” mi cerebro entendió: “la gente como tú conseguirá vivir aquí, pero la gente como yo, desde luego que nooo” y mis cotas de amabilidad cayeron en picado y prácticamente la puse de patitas en la calle con un: “en casa de los padres siempre se tiene más espacio, pero cuando uno tiene que pagarse el alquiler una misma la cosa cambia...” y casi en el acto me sentí terriblemente mayor y aleccionadora...

En fin, en el fondo es una pena que a “la estúpida” no le gustase el piso, creo que se llevaría estupendamente con mi vecina la-que-me-golpea-la-pared-cuando-me-cepillo-los-dientes.

miércoles, 28 de febrero de 2007

Del morro de las agencias inmobiliarias en Ginebra

Dejo mi piso a finales de mayo. La agencia que lo gestiona ya ha puesto un anuncio en su página web, así que la gente ya les llama para interesarse por el apartamento. La cosa en Ginebra funciona así:

- La gente llama a la agencia.

- La agencia les da mi número de móvil.

- La gente me llama a mí.

- Yo quedo con ellos y les enseño el piso.

Vamos, que me convierto yo en una especie de agencia inmobiliaria que se pasa el día cogiendo el teléfono y dando cita a desconocidos para que vengan a ver mi casa en toda la extensión de sus menos de 30 metros cuadrados todos cubiertos de ropa sucia. Yo intento restringir las visitas a un día y no respondo al teléfono cuando no me da la gana, pero vamos, que me parece un abuso.

Ayer vinieron dos grupos personas. Un par de señoras de algún lugar de centroamérica que parecían muuuuy desorientadas, las pobres, me dio la impresión de que pensaban que era yo la que decidía si les daba el piso o no... y dos señores con una fragancia a jumilla que pude disfrutar en toda su extensión cuando subimos juntos en el ascensor... Los pobres también intentaron ser hipersimpáticos conmigo, que ni pincho ni corto en la decisión final.

Y es que la situación inmobiliaria en Ginebra es desesperante, pero desesperante de verdad.

Esto promete ser una experiencia de esas que luego dan para rodar un corto, creo que veré una gran diversidad de gente entrar en mi casa en los próximos meses, ya os iré contando...

martes, 20 de febrero de 2007

Una guisante sola ante cuatro croatas

Hoy, por esos avatares del destino, me he encontrado comiendo en un restaurante con cuatro croatas. Y con una muestra pequeña, lo se, pero muy homogénea, puedo decir que los croatas casi solo hablan de mujeres. Mujeres mujeres mujeres, tetas, culos, pedazos de mujeres, mujeres enteras, mujeres en general. El carnaval da mucho de si, a nuestro alrededor por las calles chicas disfrazadas por todas partes. Parcialmente en la realidad y mucho en sus mentes chicas disfrazadas de enfermeras, de colegialas, de gatitas o conejitas... Y a mí, cuando me veo envuelta en estas conversaciones, siempre se me ocurren dos cosas. Una es, ¿será esta una conversación real de los hombres? quiero decir ¿si no hubiese una chica entre ellos, hablarían tanto de mujeres, o es una especie de táctica (extraña) para impresionar? y la otra es una idea un tanto asustadora... quizá no han notado que tras este cuerpo redondo, verde y por supuesto pensante, se esconde un alma sensible femenina y se sienten en confianza como para dar rienda suelta a su torrente testosterónico. El caso es que ha sido divertido después de todo. Los croatas que he conocido hoy, pero quizá todos, tienen un sentido del humor (negro) bastante particular, qué remedio, imagino. Las alusiones a la guerra son inevitables, y las bromas con fondo de tristeza también. Quizá por eso es mejor hablar de mujeres, hablar de mujeres y olvidar todo el resto, y hay tantas mujeres, mujeres libertinas, mujeres católicas pero libertinas y mujeres católicas a secas, mujeres secas, mujeres maduras, mujeres tiernas, mujeres, mujeres, mujeres.

jueves, 1 de febrero de 2007

Tantas ratas como ginebrinos

En Ginebra los periódicos están en la calle en cajas, como en las pelis americanas, y uno mete una moneda (o no), abre la tapa y saca el periódico. Para anunciar los titulares más importantes hay carteles que cuelgan de las cajas donde pueden leerse cosas como esta que se leía hoy: “tantas ratas como ginebrinos” o “circulación: grandes multas para grandes gorros” (aunque después he sabido que “grandes gorros” o “gros bonnets” es una manera de referirse a los personajes importantes). En mi cocina tengo pegados dos, uno que dice “Desnudo como un gusano saquea una iglesia” y otro que dice “Peligro: el Nordic Walking pone nerviosas a las vacas”.
Se me escaparon algunos geniales como aquel que decía “Cada vez más perros italianos en Ginebra” o “abierto el primer centro de bienestar para vacas”... y es que los titulares que escogen los periódicos son la mayor parte de las veces psicodelia pura...

miércoles, 24 de enero de 2007

¡Y me da un síndrome y no es el pre-menstrual!

Yo pensaba que eso del síndrome del restaurante chino era algo que no existía en realidad, un mito, como eso de que te sirven gato, o que en las hamburgueserías se hacen hamburguesas con lombrices o que la carne del pollo frito son masas de pollo mutantes que hacen crecer en obscuros laboratorios al son de música lounge y risas diabólicas..., pero no, señoras y señores.

Hete aquí que el sábado pasado voy con un amigo a comer a un restaurante asiático y decidimos regalarnos con el estupendo menú tailandés que incluye muchas cosas ricas:
Llega la sopa, con sus gambas y su leche de coco y todo ¡viva! Con el hambre que teníamos, tras horas de inanición en la biblioteca buscando tebeos ¡qué rica! Nos la comimos super rápido.
Llegan los pinchos de pollo con su salsa picante con cacahuetes ¡viva! Y come que te come.
Llega la ternera con brotes de soja y oh, oh...

–oye, tu te sientes bien?-

-pues no mucho, la verdad...-

Yo sentía como si el increíble Hulk me estuviese masajeando las sienes. ¡Qué presión en la cabeza! Y como si me fuese a caer redonda si me ponía de pié, pero en vez de estar blanca estaba toda roja... A mi amigo, Hulk se le había sentado en el pecho y también le masajeaba la cabeza... ¡buf! Nos faltaba el aire.

El agobio nos duró muy poquito, unos 10 ó 15 minutos, tras los cuales (incluso durante, debo decir con cierto sonrojo) continuamos comiendo.

Como vino se fue. Y el síndrome del restaurante chino, que aparentemente es una reacción alérgica al glutamato monosódico, pero que no tiene un origen completamente claro, y que parece que no le pasa nunca a los chinos, me permitió explorar una vez más eso que tanto me gusta: las diferencias entre personas optimistas y pesimistas:

Yo, pesimista, pensaba: -¡no, enferma ahora no, que mi seguro de salud tiene una franquicia de 1000 euros!
Yo, pesimista y además peliculera, pensaba además: -¡hay que tomar muestras de la comida, quizá seamos alérgicos a una especia tailandesa que causa una muerte fulminante y horrible y es necesario que los médicos tengan una muestra para poder encontrar un antídoto rápidamente!-. Vamos, como si me hubiese mordido una serpiente en el desierto australiano.

Mi amigo, optimista, pensaba: -¡qué bien, tenemos el hospital central al lado!- y otras cosas tranquilizadoras como –no será nada, debe de ser una ligera alergia alimentaria...-

¿Y qué podemos aprender de todo esto?: que no se puede uno atiborrar de comida tailandesa con el estómago demasiado vacío y que los pesimistas tienen siempre una imaginación mucho más salvaje y entretenida.

jueves, 14 de diciembre de 2006

Descubrimiento asombroso del día

La melodía de la cancioncilla esa de “viva nuestro conductor, conductor, conductor” que cantaban los Simpson en el autobús es parte del Allegro vivace du quatuor à cordes en sol majeur op.104 de Ignaz Lachner... que cosas...

miércoles, 13 de diciembre de 2006

Hoy parece un día normal. ¿Lo será?


Hola, mariposillas. Una vez más, me aburro soberanamente en la oficina y el reloj parece que va hacia atrás. Esto es, en vez de pasar el tiempo, pareciera que menguara y retrocediera de forma proporcional a mi aburrimiento. De esta manera, cuanto más me aburriere, más pareciere que faltare para salir, so pena de momentos puntuales de gracia con los que parece me otorgara el día.

Cuando me aburro pienso. Pero no en lineal, si no de forma concéntrica. Así, me da por deprimirme y es por ello por lo que hoy me encuentro en baja forma moral. Mis hormonas pueden influir en ello, quizás, por hallarse dispuestas a bombardearme en los próximos días con todo su regimiento de babas y supuraciones. No obstante, dados mis irregulares ciclos menstruales, todo ello se convierte en una incógnita que no puedo desvelar sin ayuda de superpoderes. Superpoderes que de más está decir que no poseo, pese a que puedo llegar a suplirlos con gracia y talento. No en días como hoy.

Esta tarde, además, la sola idea de tener que irme a chamuscar los pelos del chichi uno a uno con una máquina láser traída del mismísimo infierno, he de decir que no me reconforta. Menos mal que 15€ de crema anestésica prometen ser un buen billete hacia el país del "no-dolor", en el que yo pueda calmar mis nervios y no gritar a la dominatrix del puñetero láser improperios de cualquier orden y procedencia.

Mañana más.

jueves, 16 de noviembre de 2006

No me gusta Paris

He ido tres veces ya este año y no me gusta. No me dice nada. Es grande, hostil, ruidosa, desagradable y por hacer aquí acopio de todos los tópicos típicos, está llena de parisinos.

Yo soy como el ratón de campo, las ciudades grandes me aturullan.
Paso mal por el paso de cebra en verde por entre todos los coches que parados en medio se pitan entre ellos.
Me pilla la mochila la puerta del metro porque las señoras asquerosas del vagón no se apartan ni un milímetro para dejarme entrar pese a que llego tardísimo.
Todo el mundo tiene cara de comer mal, de estar estresado, de estar cabreado y estornuda o tose sin parar.
En el metro todos los anuncios anuncian agencias para ocuparse de la tercera edad o de los niños cuando salen del cole... probablemente los padres de esos niños solos tengan que trabajar demasiado, quién sabe si en empresas que se ocupan de los niños cuando salen del cole...
No me gusta hacer colas interminables para comprar el billete en una máquina que no devuelve el cambio.
No me gusta que me arrastren las mareas humanas en las calles del centro mientras mastico un sandwich yendo con prisa de un lado a otro.
No me gusta ver surgir la torre Eiffel por entre la nube de contaminación, me parece la puntita por la que agarrar la ciudad desde el cielo y tirarla a la basura...

viernes, 10 de noviembre de 2006

Post inéditos de un guisante en Corea I

Pues resulta que esta mañana, revisando entre mis papeles y cosas, me encuentro un cuadernillo con notas que tomé en mi viaje a Corea del Sur el año pasado, con la idea de escribirlas luego aquí, y se me olvidó. Así que ahora me dispongo a rescatar algunas de ellas.

El link a los post que sí puse está aquí.

ON-SU-RI

La estadía en el templo ha sido interesante, aunque fue algo aventuroso llegar. La parte del metro la hicimos bien, y también cogimos el bus correcto, pero ya en la recta final, con tantos logros a nuestras espaldas, nos pasamos la parada y acabamos no se muy bien donde.

El bus merece descripción a parte. En si era normal, tirando a viejo, así un poco tambaleante, sobre todo si se tiene en cuenta la velocidad brutal a la que conducen los coreanos. Nos sentamos en primera fila como buenos turistas pardillos y le dijimos varias veces al conductor “ON-SU-RI”, que era el nombre de nuestra parada, y él asentía con la cabeza como diciendo “que si, que ya lo he entendido” y nosotros: “ON-SU-RI, ON-SU-RI” y venga a sonreir...

El conductor arrancó el bus, y se agarró con determinación al volante gigante con unos guantes de algodón blanco. Del retrovisor colgaban muchas guirnaldas y muñequitos y eso y en un semáforo, para darle ambiente a la cosa, mete una cinta de Neil Sedaka en el radiocasette y se pone a cantar en inglés de la misma manera en que yo adolescente cantaba cosas como “guorrrrrrddss don camisi tu mi...”.

Antes de cada parada, con sus guantes blancos, cogía el micrófono y decía el nombre de la parada. “Esto es pan comido” pensé yo, pero por si acaso me acerqué a él y le repetí “ON-SU-RI” y él me miró con desconfianza.

De pronto, en un pueblo cualquiera para, se baja todo el mundo menos nosotros, y sigue conduciendo hasta el deposito de autobuses... oh oh...

Entonces yo, inasequible al desaliento, le pregunto: “ON-SU-RI?” y él abre unos ojos muy grandes y gesticula y me dice en perfecto coreano algo como que era la parada anterior, que hay que bajarse, que está muy lejos como para ir a pie, que qué vamos a hacer ahora...

“Taxi?” pues qué remedio...

Justo cerca hay una especie de estación de taxis, una oficinita en la que nos sentamos y esperamos. La oficina era un cuartito con sofás, mesa, teléfono, televisión, ventilador y pescado puesto a secar colgando de un fluorescente...

Y yo necesito un café... me acucia de pronto toda mi occidentalidad de golpe, ¡basta de té! ¡café, café! En la puerta de la estación de taxis hay una máquina que parece de café, pero ¿como saber qué botón apretar? Todos tienen etiquetas que acaban en una palabra que se transcribe KOPI, café (los coreanos no consiguen pronunciar la F y la pronuncian P). Kopi esto, kopi lo otro... no entiendo, pulso un botón al azar y es un kopi horrible sin azúcar... me está bien empleado, por ponerme tan terrenal antes de ir a un templo budista.

Y allí seguimos un rato, espera que te espera, nosotros y el pescado seco, a la luz de un fluorescente de estos que parpadea.

Finalmente el taxista llega y yo me abro paso guía en ristre para decirle, con la ayuda de la sección de frases, que queríamos ir al templo de meditación del loto. Él, con una sola mirada me deja claro que mi frase se parecía como un huevo a una castaña a lo que yo quería decir en realidad. Se lo enseño por escrito y nos lleva ¡Genial!

martes, 7 de noviembre de 2006

Un despertador de verdad

Hoy ha sonado mi despertador, lo he apagado de manera totalmente inconsciente y he seguido durmiendo... esto sucede demasiado a menudo y ahora que parece que han terminado de dar golpes en la obra del piso de abajo, golpes que comenzaban a las 8 de la mañana impidiéndome seguir en los brazos de morfeo, puedo dormir tranquilamente hasta bien entrada la mañana, con lo que luego me toca quedarme en el instituto hasta las tantas...

¿Y la culpa de todo esto de quién es? Pues está claro, del despertador.

Mi despertador es inocente, se deja engañar fácilmente. Tiene dos botones, uno para que siga sonando cada 7 minutos y otro para que deje de sonar del todo. Y está claro que yo no debería darle al botón del silencio permanente si no tengo la intención real de levantarme, pero estamos hablando de alguien en proceso de despertarse, alguien que es capaz de todo por 5 minutos más...

Por ello quiero un despertador que no se deje engañar fácilmente. Señores ingenieros de despertadores, pónganse manos a la obra. El despertador debería permanecer siempre en el modo en el que toca la alarma cada 7 minutos, y resultar irritante de manera creciente: titi titi titi titi titi titi ... Para parar la tortura uno tendría que responder a un set de preguntas de dificultad creciente hasta demostrar que esta despierto de verdad de la buena. Algunas preguntas podrían ser:

¿Qué día es hoy?

¿Cuánto son 27 más 45?

¿La “N” va antes o después de la “L” en el abecedario?

¿Entre qué meses va “Marzo” en el calendario?

¿Dónde está tu pasaporte?

¿Dónde está la factura de la luz que hay que pagar mañana?

lunes, 6 de noviembre de 2006

Ha vuelto el frío y hay que abrigarse, yo propongo una prenda de vestir para cada animal

Calzoncillos con bolsillos para los topillos

Calcetines de colorines para los delfines

Leotardos para los leopardos

Pantalones para los muflones

Camisetas para las mofetas

Gorros para los zorros

Y guantes menguantes para los elefantes

viernes, 3 de noviembre de 2006

Una palabra que me gusta hoy (quizá porque sopla viento)

Vibrisas

I think i’m paranoid...

El otro día fui a la OMS y en un momento dado tuve que ir al baño. Salgo yo de hacer pis y me encuentro que junto al lavabo hay un cartel con pinta oficial que dice “¿Te has lavado las manos?” y todo un bla bla de explicación sobre todas las enfermedades que pueden transmitirse por no lavarse las manos, que si salmonelosis, que si esto que si lo otro etc., etc. Y yo, fríamente pensé: he venido limpia de casa, no he tocado nada sucio, he hecho pis, me he limpiado sin mayores embadurnamientos y he salido... ¿debo de verdad lavarme las manos? Y no es por ser cochina, pero es que yo, como toda chica moderna que intente mantenerse hidratada, bebo mucha agua y haré pis unas 12 veces al día. Si me lavase siempre las manos sencillamente ya no tendría manos... y es que estamos exagerando, los chicos que se tocan su pancho para hacer pis, vale, pero las chicas... Si tengo que escoger, prefiero un problema gastrointestinal transitorio que un trastorno obsesivo compulsivo permanente... estos chicos de la OMS los pobres están bajo demasiada presión y comienzan a rayarse...